Luis y la pizza. Luis adoraba la pizza. De hecho, si alguien le preguntaba cuál era su comida favorita, respondía tan rápido que parecía tener la respuesta preparada desde hacía años. La pizza, sin ninguna duda.
Un viernes por la mañana, después de una semana difícil en la escuela, Luis estaba cansado. Había tenido varios exámenes y muchos deberes. Cuando llegó a casa, se dejó caer en el sofá. Su padre lo observó y sonrió.
Parece que necesitas algo para animarte. Luis asintió. Entonces, su padre tuvo una idea. ¿Qué te parece si vamos a cenar fuera?
Luis se incorporó inmediatamente. ¿A una pizzería? Claro. Media hora después estaban sentados en un restaurante italiano.
Mientras esperaban, Luis observó cómo los cocineros preparaban las pizzas, estiraban la masa, añadían los ingredientes y las metían en un gran horno. Todo parecía muy fácil. Yo también podría hacer una pizza, dijo Luis. Su padre se rió.
No parece tan fácil como crees. Cuando llegó la comida, Luis empezó a comer con entusiasmo. La pizza estaba deliciosa. Sin embargo, mientras cenaban, vio que una familia celebraba un cumpleaños en una mesa cercana.
Todos reían, cantaban y parecían divertirse mucho. Luis pensó que los mejores momentos no eran solo la comida o los regalos. Lo mejor era compartir tiempo con las personas que quería. Cuando volvió a casa, estaba satisfecho.
Había disfrutado de una gran pizza, pero también de una buena conversación con su padre.