Marina encontró aquella nota una tarde lluviosa, exactamente el tipo de tarde que Álvaro había descrito en sus mensajes anteriores. Leyó la pregunta varias veces, sentada en un banco cerca del armario de libros, mientras la lluvia caía suavemente a su alrededor. Por primera vez, sintió que aquel intercambio de notas se había convertido en algo más importante que un simple pasatiempo curioso. Contestó con la voz interior algo temblorosa, aunque nadie pudiera escucharla: «Sí, ahora mismo contigo, aunque no sepa ni tu nombre completo ni tu cara».