A partir de aquel descubrimiento, la familia empezó a fijarse de otra manera en los lugares donde la casa aparecía cada mañana. Notaron que, poco a poco, el paisaje se iba pareciendo cada vez más a las descripciones del diario del abuelo. Primero, una fuente de piedra parecida a la que él mencionaba. Después, unas montañas con la misma forma extraña que él había dibujado en un margen del diario.
Empezaron a sospechar que la casa no se movía sin ningún sentido, sino que estaba buscando, con mucha paciencia, un lugar muy concreto del pasado familiar