Meses después, el colegio organizó otra fiesta en la plaza del pueblo y Hugo volvió a apuntarse para leer un poema. Esta vez subió al escenario sin ningún amuleto ni ningún objeto mágico. Tenía el corazón acelerado y estaba nervioso, pero estaba también decidido a intentarlo. Leyó el poema entero con la voz un poco temblorosa al principio, pero al final todo el público aplaudió con fuerza.
Su abuelo, entre la gente del público, sonrió con mucho orgullo