Durante los días siguientes, el abuelo de Hugo empezó a fijarse más en su comportamiento. Habló con los padres de Hugo sobre lo ocurrido en la excursión y todos coincidieron en que el niño se había vuelto muy seguro de sí mismo, quizás demasiado. Nadie quería quitarle esa nueva confianza, pero empezaban a notar que algo no encajaba del todo bien