- Disculpe, disculpe, señorita. Son las 12 de la noche. Lleva aquí ocho horas y media y solo ha consumido dos vasos de agua fría, dos tapas de olivas gratis y ha puesto una reseña en Google. Si no quiere nada más, ¿le importaría marcharse ya del restaurante, por favor?
- Tiene razón. Es que lo he visto tan ocupado que no lo quería molestar. Pero ahora que está usted aquí, ¿me podría, por favor, traer otro vasito de agua que tengo sed?
- Vale, pero con la condición de que si le traigo el vaso de agua, se lo bebe rápido y se va para que podamos cerrar el restaurante, que estoy muy cansado.
- Claro, a ver si todavía me tocara barrer. Usted tráigame el agua y yo me voy.
- Pues aquí tiene su vaso de agua con muchos cubitos de hielo.
- Es muy amable. ¿Me lo puede poner para llevar?
- No, señorita, para llevar no. Bébaselo ahora rápido, por favor.
- Es que está muy fría y me duelen los dientes. Me tendré que esperar un poquito.