Sofía y la flor. Sofía siempre prestaba atención a los pequeños detalles. Mientras otras personas caminaban de prisa por el parque, ella observaba los árboles, las nubes y las flores. Una mañana de primavera, fue a pasear con su abuela.
Mientras caminaban por un sendero, Sofía vio una flor amarilla especialmente bonita. No era la más grande ni la más llamativa, pero tenía algo especial. Se acercó para observarla mejor. La flor crecía sola junto a un árbol antiguo.
Sofía pensó que parecía un pequeño tesoro escondido. Su primera idea fue arrancarla para llevársela a casa. Sin embargo, su abuela le hizo una pregunta. Si te llevas la flor, ¿quién podrá verla mañana?
Sofía se quedó pensando. Tenía razón. Si arrancaba la flor, otras personas no podrían disfrutarla. Entonces decidió hacer una fotografía.
Así conservaría el recuerdo sin dañar la planta. Más tarde enseñó la fotografía a toda su familia. Todos coincidieron en que era una flor preciosa.