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Los Desposeidos (The Dispossessed) Ursula K Le Guin, Los desposeídos (1)

Los desposeídos (1)

Ursula K. Le Guin

Los desposeídos

1974

Recuperado el 17 de enero de 2014 desde juventudrevolucionaria.org

Capítulo 1

Había un muro. No parecía importante. Era un muro de piedras sin pulir, unidas por una tosca argamasa. Un adulto podía mirar por encima de él, y hasta un niño podía escalarlo. Allí donde atravesaba la carretera, en lugar de tener un portón degeneraba en mera geometría, una línea, una idea de frontera. Pero la idea era real. Era importante. A lo largo de siete generaciones no había habido en el mundo nada más importante que aquel muro.

Al igual que todos los muros era ambiguo, bifacético, Lo que había dentro, o fuera de él, dependía del lado en que uno se encontraba.

Visto desde uno de los lados, el muro cercaba un campo baldío de sesenta acres llamado el Puerto de Anarres. En el campo había un par de grandes grúas de puente, una pista para cohetes, tres almacenes, un cobertizo para camiones y un dormitorio: un edificio de aspecto sólido, sucio de hollín y sombrío; no tenía jardines ni niños. Bastaba mirarlo para saber que allí no vivía nadie, y que no estaba previsto que alguien se quedara allí mucho tiempo: en realidad era un sitio de cuarentena. El muro encerraba no sólo el campo de aterrizaje sino también las naves que descendían del espacio, y los hombres que llegaban a bordo de las naves, y los mundos de los que provenían, y el resto del universo. Encerraba el universo, dejando fuera a Anarres, libre.

Si se lo miraba desde el otro lado, el muro contenía a Anarres: el planeta entero estaba encerrado en él, un vasto campo-prisión, aislado de los otros mundos y los otros hombres, en cuarentena.

Un gentío se acercaba por el camino al campo de aterrizaje, y a la altura en que la carretera cruzaba al otro lado del muro se desbandaba en grupos de merodeadores.

La gente solía ir allí desde la cercana ciudad de Abbenay con la esperanza de ver una nave del espacio, o sólo el muro. Al fin y al cabo, aquél era el único muro-frontera en el mundo conocido. En ningún otro sitio podrían ver un letrero que dijese Entrada Prohibida. Los adolescentes, en particular, se sentían atraídos por él. Se encaramaban, se sentaban en lo alto del muro. Acaso hubiera una cuadrilla descargando cajas de los vagones, frente a los depósitos. Hasta podía haber un carguero en la pista. Los cargueros descendían sólo ocho veces al año, sin avisar a nadie excepto a los síndicos que trabajaban en el Puerto, y entonces, si los espectadores tenían la suerte de ver uno, al principio se alborotaban. Pero ellos estaban aquí, de este lado, y allá, lejos, en el otro extremo del campo, se posaba la nave: una torre negra y rechoncha en medio de un confuso ir y venir de grúas móviles. De pronto, una mujer se separaba de una de las cuadrillas que trabajaban junto a los almacenes y decía:

—Vamos a cerrar por hoy, hermanos.

Llevaba el brazal de Defensa, algo que se veía tan pocas veces como una nave del espacio, y esto causaba no poca conmoción. Pero el tono, aunque benévolo, parecía terminante. La mujer era la capataz de la cuadrilla, y si intentaran provocarla, los síndicos la respaldarían. De todos modos, no había nada digno de verse. Los extraños, los hombres de otro mundo, permanecían ocultos en la nave. No había espectáculo.

También para la cuadrilla de Defensa solía ser monótono el espectáculo. A veces la capataz deseaba que alguien intentase siquiera cruzar al otro lado del muro, que un tripulante extraño saltase de improviso de la nave, que algún chiquillo de Abbenay se escurriese a hurtadillas para examinar más de cerca el carguero. Pero eso no ocurría nunca. Nunca ocurría nada. Y cuando algo ocurrió la tomó desprevenida.

El capitán del carguero Alerta le dijo:

—¿Anda detrás de mi nave esa gentuza?

La capataz miró y vio que en efecto había un verdadero gentío alrededor del portón, cien personas o más: merodeando en pequeños grupos, como en las estaciones de los trenes de víveres durante la hambruna. La capataz se sobresaltó.

—No. Ellos, ah, protestan —dijo en su iótico lento y limitado—. Protestan, usted sabe... ¿Pasajero?

—¿Quiere decir que andan detrás del bastardo que se supone tenemos que llevar? ¿Es a él a quien tratan de impedirle la salida, o a nosotros?

La palabra «bastardo», intraducible a la lengua de la capataz, carecía de significado para ella, era uno entre otros términos extraños, pero no le gustaba nada como sonaba, ni la voz del capitán, ni el capitán.

—¿Puede en verdad arreglárselas sin mí?— le preguntó, cortante.

—Sí, qué demonios. Usted ocúpese de que baje el resto de la carga, de prisa. Y haga subir a bordo a ese pasajero bastardo. Ninguna chusma de odolunáticos nos va a crear problemas a nosotros. —Palmeó el objeto de metal que llevaba en el cinto, y que parecía un pene deformado, y miró con aire de superioridad ala mujer inerme.

La capataz echó una ojeada fría al objeto fálico; sabía que era un arma.

—La nave estará cargada a las catorce. Mantenga la tripulación segura a bordo. Despegue a las catorce y cuarenta. Si necesita ayuda, deje un mensaje grabado en el Control de Tierra.

Y echó a andar a grandes zancadas antes que el capitán tuviese tiempo de llamarla al orden. La cólera le daba fuerzas para exhortar con más energía a la cuadrilla y a la multitud.

—¡A ver, vosotros, si despejáis el camino! —dijo en tono perentorio cuando llegaba al muro—. Pronto pasarán los camiones, y habrá heridos. ¡Apartaos!

Los hombres y mujeres del gentío discutían con ella y entre ellos. Seguían atravesándose en el camino, y algunos pasaban al otro lado del muro. Aun así, el camino había quedado relativamente despejado. Si ella no sabía dominar un tumulto, ellos tampoco sabían cómo desencadenarlo. Eran miembros de una comunidad, no los elementos de una colectividad: no los movía un sentimiento de masas, y había allí tantas emociones como individuos. Incapaces de suponer que las órdenes pudieran ser arbitrarias, no tenían la práctica de la desobediencia. La inexperiencia de todos salvó la vida del pasajero.

Algunos habían ido a matar a un traidor. Otros a impedirle que partiese, o a gritarle insultos, o a verlo, pura y simplemente; y todos estos otros obstruyeron el corto trayecto de los asesinos. Ninguno tenía armas de fuego, aunque dos de ellos llevaban cuchillos. Para esta gente atacar significaba asalto cuerpo a cuerpo; querían apoderarse del traidor con sus propias manos. Suponían que llegaría custodiado, en un vehículo. Mientras trataban de inspeccionar un camión de mercancías y discutían con el enfurecido conductor, el hombre que buscaban llegó por la carretera, solo y a pie. Cuando lo reconocieron, ya estaba a mitad de camino, seguido por cinco síndicos de Defensa. Los que pretendían matarlo intentaron perseguirlo, demasiado tarde, y apedrearlo, no del todo demasiado tarde. Apenas consiguieron magullarle un hombro al traidor que buscaban, pero un pedrusco de dos libras de peso golpeó en la sien a un hombre de la cuadrilla de Defensa, matándolo en el acto.

Las escotillas de la nave se cerraron. Los hombres de Defensa regresaron llevándose con ellos al compañero muerto; no trataron de detener a los cabecillas del tumulto que se precipitaban hacia la nave, pero la capataz, blanca de furia y horror, los insultó y los maldijo cuando pasaron junto a ella a todo correr, procurando esquivarla. Una vez al pie de la nave, la vanguardia del tumulto se dispersó y se detuvo, irresoluta. El silencio de la nave, los movimientos espasmódicos de las grúas enormes y esqueléticas, el raro aspecto calcinado del suelo... Nada había allí que pareciera humano; todo los desconcertaba. Una ráfaga efe vapor o de gas que parecía provenir de algo conectado con la nave sobresaltó a algunos de los hombres; levantando las cabezas, observaron con inquietud allá arriba los túneles negros de los cohetes. Lejos, a través del campo, aulló la alarma de una sirena. Primero uno, luego otro, todos emprendieron el regreso hacia el portón. Nadie los detuvo. Al cabo de diez minutos el sendero había quedado despejado, la muchedumbre se había dispersado a lo largo del camino de Abbenay. Como si, en definitiva, no hubiese ocurrido nada.

En el interior del Alerta estaban ocurriendo muchas cosas. Puesto que el Control de Tierra había adelantado la hora del lanzamiento, era necesario acelerar las operaciones de rutina. El capitán había dado orden de que sujetaran con correas al pasajero, y lo encerraran en la cabina de la tripulación junto con el médico, para que no entorpecieran las maniobras. Allí, en la cabina, había una pantalla, y si así lo deseaban podían observar el despegue.

El pasajero miró. Vio el campo, y el muro alrededor del campo, y a lo lejos más allá del muro las laderas distantes del Ne Theras salpicadas de matorrales holum y de unas pocas y plateadas zarzalunas.

Las imágenes resplandecieron precipitándose pantalla abajo. El pasajero sintió que le empujaban el cráneo contra el cabezal almohadillado. Era como si lo estuvieran sometiendo a un examen odontológico, la cabeza apretada contra el sillón, la mandíbula abierta a la fuerza. No podía respirar, parecía enfermo y sentía que el miedo le aflojaba los intestinos. Todo su cuerpo gritaba a las fuerzas enormes que se habían apoderado de él: ¡Ahora no, todavía no, esperad!

Los ojos lo salvaron. Las cosas que ellos seguían viendo y transmitiendo lo arrancaron del autismo del terror. Porque en la pantalla apareció ahora una imagen extraña, una llanura pálida de piedra. Era el desierto visto desde las montañas por encima de Valle Grande. ¿Cómo había vuelto a Valle Grande? Trató de decirse que estaba en una aeronave. No, una astronave. El borde de la llanura relucía con el brillo de la luz en el agua, la luz sobre un mar distante. En aquellos desiertos no había agua. ¿Qué era, entonces, lo que estaba viendo? Ahora la llanura de piedra ya no era plana sino hueca, una enorme concavidad colmada de luz solar. Mientras la observaba, perplejo, la concavidad se hizo menos profunda, derramando luz. De pronto, una línea la cruzó, abstracta, geométrica, el perfecto sector de un círculo. Más allá de aquel arco todo era negrura. La negrura invertía el cuadro entero, lo hacía negativo. Lo real, la parte de piedra, ya no era cóncava, ya no estaba llena de luz: ahora era convexa, refractante, rechazaba la luz. No era una planicie ni una concavidad, sino una esfera, una bola de piedra, blanca, que caía, se desplomaba en las sombras: su propio mundo.

—No entiendo —dijo en voz alta.

Alguien le contestó. Por un momento no se dio cuenta de que la persona que estaba allí en pie junto al sillón le estaba hablando a él, contestándole, pues ya no entendía qué cosa era una respuesta. Sólo de algo tenía conciencia clara, de su propio y total aislamiento. El mundo acababa de hundirse, y él se había quedado solo.

Siempre había temido esto, más que a la muerte. Morir es perder la identidad y unirse al resto. Él había conservado la identidad y había perdido el resto.

Pudo por fin mirar al hombre que estaba junto a él. Por supuesto, era un extraño. De ahora en adelante sólo habría extraños. Le estaba hablando en una lengua extranjera: iótico. Las palabras tenían algún sentido. Todas las cosas pequeñas tenían sentido; sólo la totalidad no lo tenía. El hombre le estaba diciendo algo de las correas que lo sujetaban a la silla. Las palpó. La silla se enderezó de golpe, y él perdió el equilibrio, aturdido como estaba, y casi cayó fuera de la silla. El hombre seguía preguntando si habían herido a alguien. ¿De quién estaba hablando?

—¿Está seguro él de que no lo han herido?

En iótico la fórmula de cortesía para hablarle a alguien utilizaba la tercera persona.


Los desposeídos (1) The dispossessed (1)

Ursula K. Le Guin

Los desposeídos

1974

Recuperado el 17 de enero de 2014 desde juventudrevolucionaria.org

Capítulo 1

Había un muro. No parecía importante. Era un muro de piedras sin pulir, unidas por una tosca argamasa. Un adulto podía mirar por encima de él, y hasta un niño podía escalarlo. An adult could look over it, and even a child could climb it. Allí donde atravesaba la carretera, en lugar de tener un portón degeneraba en mera geometría, una línea, una idea de frontera. Where the road crossed, instead of having a gate, it degenerated into mere geometry, a line, an idea of a border. Pero la idea era real. Era importante. A lo largo de siete generaciones no había habido en el mundo nada más importante que aquel muro. For seven generations there had been nothing in the world more important than that wall.

Al igual que todos los muros era ambiguo, bifacético, Lo que había dentro, o fuera de él, dependía del lado en que uno se encontraba. Like all walls, it was ambiguous, two-sided. What was inside, or outside, depended on which side you were on.

Visto desde uno de los lados, el muro cercaba un campo baldío de sesenta acres llamado el Puerto de Anarres. Viewed from one side, the wall enclosed a sixty-acre vacant field called the Port of Anarres. En el campo había un par de grandes grúas de puente, una pista para cohetes, tres almacenes, un cobertizo para camiones y un dormitorio: un edificio de aspecto sólido, sucio de hollín y sombrío; no tenía jardines ni niños. In the field there were a couple of big bridge cranes, a rocket pad, three warehouses, a truck shed, and a dormitory: a solid-looking building, sooty and gloomy; it had no gardens or children. Bastaba mirarlo para saber que allí no vivía nadie, y que no estaba previsto que alguien se quedara allí mucho tiempo: en realidad era un sitio de cuarentena. One only had to look at it to know that no one lived there, and that no one was expected to stay there long: it was actually a quarantine site. El muro encerraba no sólo el campo de aterrizaje sino también las naves que descendían del espacio, y los hombres que llegaban a bordo de las naves, y los mundos de los que provenían, y el resto del universo. The wall enclosed not only the landing field but also the ships that descended from space, and the men that arrived aboard the ships, and the worlds they came from, and the rest of the universe. Encerraba el universo, dejando fuera a Anarres, libre. It enclosed the universe, leaving Anarres outside, free.

Si se lo miraba desde el otro lado, el muro contenía a Anarres: el planeta entero estaba encerrado en él, un vasto campo-prisión, aislado de los otros mundos y los otros hombres, en cuarentena. Seen from the other side, the wall contained Anarres: the entire planet was locked within it, a vast prison-camp, cut off from other worlds and other men, quarantined.

Un gentío se acercaba por el camino al campo de aterrizaje, y a la altura en que la carretera cruzaba al otro lado del muro se desbandaba en grupos de merodeadores. A crowd was coming up the path to the landing field, and by the time the road crossed to the other side of the wall, they were breaking up into groups of marauders.

La gente solía ir allí desde la cercana ciudad de Abbenay con la esperanza de ver una nave del espacio, o sólo el muro. People used to go there from the nearby town of Abbenay hoping to see a space ship, or just the wall. Al fin y al cabo, aquél era el único muro-frontera en el mundo conocido. After all, this was the only border wall in the known world. En ningún otro sitio podrían ver un letrero que dijese Entrada Prohibida. Nowhere else could they see a sign saying No Entry. Los adolescentes, en particular, se sentían atraídos por él. Teenagers, in particular, were attracted to him. Se encaramaban, se sentaban en lo alto del muro. They climbed, they sat on top of the wall. Acaso hubiera una cuadrilla descargando cajas de los vagones, frente a los depósitos. Perhaps there was a gang unloading boxes from the cars, in front of the warehouses. Hasta podía haber un carguero en la pista. There might even be a freighter on the runway. Los cargueros descendían sólo ocho veces al año, sin avisar a nadie excepto a los síndicos que trabajaban en el Puerto, y entonces, si los espectadores tenían la suerte de ver uno, al principio se alborotaban. Freighters came down only eight times a year, without telling anyone except the trustees who worked the Port, and so if the spectators were lucky enough to see one, they got rowdy at first. Pero ellos estaban aquí, de este lado, y allá, lejos, en el otro extremo del campo, se posaba la nave: una torre negra y rechoncha en medio de un confuso ir y venir de grúas móviles. But they were here, on this side, and there, far away, at the other end of the field, the ship sat: a squat black tower in the midst of a confused coming and going of mobile cranes. De pronto, una mujer se separaba de una de las cuadrillas que trabajaban junto a los almacenes y decía: Suddenly, a woman separated from one of the crews that worked next to the warehouses and said:

—Vamos a cerrar por hoy, hermanos. "Let's close for today, brothers."

Llevaba el brazal de Defensa, algo que se veía tan pocas veces como una nave del espacio, y esto causaba no poca conmoción. He wore the armband of Defense, something as rarely seen as a spaceship, and this caused no small stir. Pero el tono, aunque benévolo, parecía terminante. But the tone, though benevolent, seemed final. La mujer era la capataz de la cuadrilla, y si intentaran provocarla, los síndicos la respaldarían. The woman was the foreman of the gang, and if they tried to provoke her, the Syndics would back her up. De todos modos, no había nada digno de verse. Anyway, there was nothing worth seeing. Los extraños, los hombres de otro mundo, permanecían ocultos en la nave. The strangers, the men from another world, remained hidden in the ship. No había espectáculo. There was no show.

También para la cuadrilla de Defensa solía ser monótono el espectáculo. Also for the Defense gang the show used to be monotonous. A veces la capataz deseaba que alguien intentase siquiera cruzar al otro lado del muro, que un tripulante extraño saltase de improviso de la nave, que algún chiquillo de Abbenay se escurriese a hurtadillas para examinar más de cerca el carguero. Sometimes the foreman wished that someone would even try to cross to the other side of the wall, that a strange crewman would jump out of the ship unexpectedly, that some Abbenay childer would sneak away to take a closer look at the freighter. Pero eso no ocurría nunca. But that never happened. Nunca ocurría nada. Y cuando algo ocurrió la tomó desprevenida.

El capitán del carguero Alerta le dijo:

—¿Anda detrás de mi nave esa gentuza? "Is that rabble after my ship?"

La capataz miró y vio que en efecto había un verdadero gentío alrededor del portón, cien personas o más: merodeando en pequeños grupos, como en las estaciones de los trenes de víveres durante la hambruna. The forewoman looked and saw that there was indeed a real crowd around the gate, a hundred people or more: loitering in little groups, like at food train stations during a famine. La capataz se sobresaltó. The forewoman was startled.

—No. Ellos, ah, protestan —dijo en su iótico lento y limitado—. They, ah, protest,” he said in his slow, limited iotic. Protestan, usted sabe... ¿Pasajero? They protest, you know... Passenger?

—¿Quiere decir que andan detrás del bastardo que se supone tenemos que llevar? "You mean they're after the bastard we're supposed to take?" ¿Es a él a quien tratan de impedirle la salida, o a nosotros? Is it him they're trying to stop from leaving, or us?

La palabra «bastardo», intraducible a la lengua de la capataz, carecía de significado para ella, era uno entre otros términos extraños, pero no le gustaba nada como sonaba, ni la voz del capitán, ni el capitán. The word "bastard," untranslatable into the foreman's language, had no meaning for her, it was one of several strange terms, but she didn't like the sound of it at all, not the captain's voice, not the captain.

—¿Puede en verdad arreglárselas sin mí?— le preguntó, cortante.

—Sí, qué demonios. “Yeah, what the hell. Usted ocúpese de que baje el resto de la carga, de prisa. You see to it that I get the rest of the load down, quickly. Y haga subir a bordo a ese pasajero bastardo. Ninguna chusma de odolunáticos nos va a crear problemas a nosotros. No rabble of odolunatics is going to create problems for us. —Palmeó el objeto de metal que llevaba en el cinto, y que parecía un pene deformado, y miró con aire de superioridad ala mujer inerme. He patted the metal object on his belt, which looked like a deformed penis, and glared at the unarmed woman.

La capataz echó una ojeada fría al objeto fálico; sabía que era un arma.

—La nave estará cargada a las catorce. 'The ship will be loaded at fourteen. Mantenga la tripulación segura a bordo. Despegue a las catorce y cuarenta. Si necesita ayuda, deje un mensaje grabado en el Control de Tierra. If you need help, please leave a recorded message with Ground Control.

Y echó a andar a grandes zancadas antes que el capitán tuviese tiempo de llamarla al orden. And she began to walk with great strides before the captain had time to call her to order. La cólera le daba fuerzas para exhortar con más energía a la cuadrilla y a la multitud. His anger gave him the strength to exhort the gang and the crowd more energetically.

—¡A ver, vosotros, si despejáis el camino! —dijo en tono perentorio cuando llegaba al muro—. Pronto pasarán los camiones, y habrá heridos. ¡Apartaos!

Los hombres y mujeres del gentío discutían con ella y entre ellos. Seguían atravesándose en el camino, y algunos pasaban al otro lado del muro. Aun así, el camino había quedado relativamente despejado. Si ella no sabía dominar un tumulto, ellos tampoco sabían cómo desencadenarlo. If she didn't know how to control a riot, they didn't know how to start it either. Eran miembros de una comunidad, no los elementos de una colectividad: no los movía un sentimiento de masas, y había allí tantas emociones como individuos. They were members of a community, not elements of a collectivity: they were not moved by mass sentiment, and there were as many emotions there as there were individuals. Incapaces de suponer que las órdenes pudieran ser arbitrarias, no tenían la práctica de la desobediencia. La inexperiencia de todos salvó la vida del pasajero.

Algunos habían ido a matar a un traidor. Otros a impedirle que partiese, o a gritarle insultos, o a verlo, pura y simplemente; y todos estos otros obstruyeron el corto trayecto de los asesinos. Ninguno tenía armas de fuego, aunque dos de ellos llevaban cuchillos. Para esta gente atacar significaba asalto cuerpo a cuerpo; querían apoderarse del traidor con sus propias manos. Suponían que llegaría custodiado, en un vehículo. Mientras trataban de inspeccionar un camión de mercancías y discutían con el enfurecido conductor, el hombre que buscaban llegó por la carretera, solo y a pie. Cuando lo reconocieron, ya estaba a mitad de camino, seguido por cinco síndicos de Defensa. Los que pretendían matarlo intentaron perseguirlo, demasiado tarde, y apedrearlo, no del todo demasiado tarde. Those who intended to kill him tried to chase him, too late, and stone him, not quite too late. Apenas consiguieron magullarle un hombro al traidor que buscaban, pero un pedrusco de dos libras de peso golpeó en la sien a un hombre de la cuadrilla de Defensa, matándolo en el acto. They barely managed to bruise the traitor they sought in the shoulder, but a two-pound boulder struck a man from the Defense squad in the temple, killing him instantly.

Las escotillas de la nave se cerraron. The ship's hatches closed. Los hombres de Defensa regresaron llevándose con ellos al compañero muerto; no trataron de detener a los cabecillas del tumulto que se precipitaban hacia la nave, pero la capataz, blanca de furia y horror, los insultó y los maldijo cuando pasaron junto a ella a todo correr, procurando esquivarla. Una vez al pie de la nave, la vanguardia del tumulto se dispersó y se detuvo, irresoluta. El silencio de la nave, los movimientos espasmódicos de las grúas enormes y esqueléticas, el raro aspecto calcinado del suelo... Nada había allí que pareciera humano; todo los desconcertaba. Una ráfaga efe vapor o de gas que parecía provenir de algo conectado con la nave sobresaltó a algunos de los hombres; levantando las cabezas, observaron con inquietud allá arriba los túneles negros de los cohetes. A burst of steam or gas that seemed to come from something connected with the ship startled some of the men; raising their heads, they gazed uneasily up there at the black tunnels of the rockets. Lejos, a través del campo, aulló la alarma de una sirena. Primero uno, luego otro, todos emprendieron el regreso hacia el portón. Nadie los detuvo. Al cabo de diez minutos el sendero había quedado despejado, la muchedumbre se había dispersado a lo largo del camino de Abbenay. Como si, en definitiva, no hubiese ocurrido nada.

En el interior del Alerta estaban ocurriendo muchas cosas. Puesto que el Control de Tierra había adelantado la hora del lanzamiento, era necesario acelerar las operaciones de rutina. Since Ground Control had moved up the launch time, it was necessary to speed up routine operations. El capitán había dado orden de que sujetaran con correas al pasajero, y lo encerraran en la cabina de la tripulación junto con el médico, para que no entorpecieran las maniobras. The captain had ordered the passenger to be strapped down and locked in the crew cabin along with the doctor, so they wouldn't interfere with maneuvers. Allí, en la cabina, había una pantalla, y si así lo deseaban podían observar el despegue.

El pasajero miró. Vio el campo, y el muro alrededor del campo, y a lo lejos más allá del muro las laderas distantes del Ne Theras salpicadas de matorrales holum y de unas pocas y plateadas zarzalunas.

Las imágenes resplandecieron precipitándose pantalla abajo. Images flashed down the screen. El pasajero sintió que le empujaban el cráneo contra el cabezal almohadillado. The passenger felt his skull pushed against the padded headrest. Era como si lo estuvieran sometiendo a un examen odontológico, la cabeza apretada contra el sillón, la mandíbula abierta a la fuerza. No podía respirar, parecía enfermo y sentía que el miedo le aflojaba los intestinos. He couldn't breathe, he looked sick and he felt his intestines loosen with fear. Todo su cuerpo gritaba a las fuerzas enormes que se habían apoderado de él: ¡Ahora no, todavía no, esperad! His whole body screamed at the enormous forces that had taken hold of him: Not now, not yet, wait!

Los ojos lo salvaron. The eyes saved him. Las cosas que ellos seguían viendo y transmitiendo lo arrancaron del autismo del terror. The things that they continued to see and broadcast ripped him out of the autism of terror. Porque en la pantalla apareció ahora una imagen extraña, una llanura pálida de piedra. Era el desierto visto desde las montañas por encima de Valle Grande. It was the desert seen from the mountains above Valle Grande. ¿Cómo había vuelto a Valle Grande? How had he returned to Valle Grande? Trató de decirse que estaba en una aeronave. He tried to tell himself that he was in an aircraft. No, una astronave. El borde de la llanura relucía con el brillo de la luz en el agua, la luz sobre un mar distante. En aquellos desiertos no había agua. ¿Qué era, entonces, lo que estaba viendo? What was it, then, that he was seeing? Ahora la llanura de piedra ya no era plana sino hueca, una enorme concavidad colmada de luz solar. Now the stone plain was no longer flat but hollow, a huge concavity filled with sunlight. Mientras la observaba, perplejo, la concavidad se hizo menos profunda, derramando luz. De pronto, una línea la cruzó, abstracta, geométrica, el perfecto sector de un círculo. Más allá de aquel arco todo era negrura. La negrura invertía el cuadro entero, lo hacía negativo. The blackness inverted the entire picture, made it negative. Lo real, la parte de piedra, ya no era cóncava, ya no estaba llena de luz: ahora era convexa, refractante, rechazaba la luz. No era una planicie ni una concavidad, sino una esfera, una bola de piedra, blanca, que caía, se desplomaba en las sombras: su propio mundo. It was not a plain or a concavity, but a sphere, a ball of stone, white, falling, collapsing in the shadows: his own world.

—No entiendo —dijo en voz alta. "I don't understand," he said out loud.

Alguien le contestó. Por un momento no se dio cuenta de que la persona que estaba allí en pie junto al sillón le estaba hablando a él, contestándole, pues ya no entendía qué cosa era una respuesta. For a moment he didn't realize that the person standing there by the chair was talking to him, answering him, for he no longer understood what an answer was. Sólo de algo tenía conciencia clara, de su propio y total aislamiento. There was only one thing he was clearly aware of, his own total isolation. El mundo acababa de hundirse, y él se había quedado solo.

Siempre había temido esto, más que a la muerte. Morir es perder la identidad y unirse al resto. Él había conservado la identidad y había perdido el resto.

Pudo por fin mirar al hombre que estaba junto a él. Por supuesto, era un extraño. De ahora en adelante sólo habría extraños. Le estaba hablando en una lengua extranjera: iótico. Las palabras tenían algún sentido. Todas las cosas pequeñas tenían sentido; sólo la totalidad no lo tenía. El hombre le estaba diciendo algo de las correas que lo sujetaban a la silla. Las palpó. La silla se enderezó de golpe, y él perdió el equilibrio, aturdido como estaba, y casi cayó fuera de la silla. El hombre seguía preguntando si habían herido a alguien. The man kept asking if anyone had been hurt. ¿De quién estaba hablando? Who was he talking about?

—¿Está seguro él de que no lo han herido? "Is he sure he hasn't been hurt?"

En iótico la fórmula de cortesía para hablarle a alguien utilizaba la tercera persona.