Cerca de su casa había un circo y en el circo vivía un elefante muy tranquilo. Mía, sin pensarlo demasiado, pensó: voy a meter este elefante en el agujero. El elefante es inmenso. Así, habrá todavía más peso dentro y el agujero por fin se llenará.
Con un esfuerzo increíble y completamente absurdo, metió el elefante dentro del agujero. El elefante cayó dentro del agujero y desapareció, exactamente igual que todo lo demás. Mía miró el agujero muy sorprendida y vio que el agujero seguía exactamente igual que antes, vacío y oscuro, sin ningún elefante dentro. Mía pensó: «Qué agujero tan raro.
Todo, absolutamente todo lo que meto desaparece aquí y nunca se llena».