Las hipótesis de Krashen cambiaron la conversación sobre cómo se aprenden las lenguas. Krashen reunió sus ideas en cinco hipótesis relacionadas. Algunas son difíciles de comprobar tal como fueron formuladas y han recibido críticas importantes, pero aun así explican por qué tantos docentes empezaron a mirar menos las secuencias de ejercicios y más la cantidad de mensajes que sus alumnos podían comprender. La primera distinción ya ha aparecido.
Por un lado, el desarrollo implícito, la adquisición, y por otro, el conocimiento consciente, el aprendizaje. Krashen sostuvo que el aprendizaje no se convierte en adquisición. Otros modelos aceptan relaciones entre ambos. Lo que está claro es que explicar una regla y usarla espontáneamente no tienen nada que ver.
Otra de las hipótesis de Krashen es la de "el monitor". Es decir, el conocimiento consciente actuaría como un monitor que revisa lo que decimos. Para utilizarlo, necesitamos conocer la regla, pensar en la forma y disponer de tiempo. Las tres condiciones se dan con facilidad al corregir un texto, pero durante una conversación rápida, vigilar cada frase ralentiza la respuesta y puede hacer que hablemos menos.
El monitor es una metáfora útil, no una pieza localizada del cerebro. Describe la diferencia entre producir y revisar. También ayuda a entender por qué una persona puede escribir con mucha precisión y cometer más errores cuando improvisa.
Otra de las hipótesis de Krashen es el orden natural.
Krashen propuso que algunas formas se adquieren siguiendo secuencias que no coinciden con el orden del manual o del libro de texto. La investigación posterior sí ha encontrado etapas y restricciones de desarrollo, aunque no existe una lista simple que funcione igual para todas las lenguas y personas. Enseñar una estructura no obliga al sistema a utilizarla de inmediato. El alumno puede entender la explicación y resolver ejercicios, pero seguir evitando esa forma al hablar.
A veces necesita construir conocimientos previos o verla en más contextos