El señor White sonríe, un poco avergonzado. Coge la pata de mono con la mano derecha.
—Quiero doscientas libras —dice el señor White, en voz alta.
En ese momento, ¡boom! Un ruido fuerte viene del piano. El señor White grita.
—¡La pata se movió! —dice el señor White—. ¡Se movió en mi mano, como una serpiente!
—No es verdad, querido. Fue tu imaginación —dice la señora White.
Más tarde, todos van a dormir. Solo Herbert se queda un momento, mirando el fuego. En el fuego, ve caras extrañas. Una cara es horrible, como la cara de un mono.
Herbert tiene miedo. Toca la pata de mono sin querer, y siente frío. Después, sube a dormir también.