Al día siguiente, la madre de Mateo habló con Rafael y con la profesora Ana en el colegio. Los tres decidieron que lo mejor era guardar el libro extraño en un lugar seguro. No dejarían que Mateo comiera ni una página más. Rafael se llevó el libro a la biblioteca y lo cerró con llave en un armario especial.
Mientras tanto, Mateo protestaba desde casa, sin poder hacer nada para impedirlo.