Rafael decidió hablar con la profesora Ana y con el director del colegio sobre lo que había descubierto en la biblioteca. Juntos decidieron llamar a los padres de Mateo para contarles lo sucedido. Su madre se quedó muy preocupada al escuchar que su hijo llevaba semanas comiendo páginas de libros a escondidas. No entendía cómo no se había dado cuenta antes de que algo iba mal.