Mateo se puso muy nervioso y no supo qué contestar al principio. Intentó explicar que solo estaba jugando, pero Rafael no le creyó. Rafael ya había visto la boca de Mateo llena de restos de papel. Le preguntó si llevaba tiempo haciendo eso.
Mateo, avergonzado, admitió que sí. Sin embargo, no contó toda la verdad sobre el extraño libro mágico que había encontrado semanas atrás.