Después de esa conversación, Oliver empezó a hablar más con Eva cada vez que iba al museo. Le contaba de dónde era y qué tipo de dibujos hacía. Un viernes, la miró con un poco de nervios.
- ¿Quieres tomar un café conmigo cuando termines de trabajar?
- Vale, ¿por qué no?
Eva contestó sin pensarlo demasiado, aunque por dentro sentía curiosidad y también un poco de nervios.