Lucas tiene 24 años y lleva dos años viviendo en Salamanca. Antes de mudarse, vivía con sus padres en un pueblo cerca de Madrid. Pero llegó un momento en que necesitaba su propio espacio. Necesitaba silencio para escribir, y en casa de sus padres, el silencio era difícil de encontrar.
Salamanca le pareció perfecta desde el primer día. No es tan grande como Madrid, pero tiene una energía especial que Lucas no sabe explicar con exactitud. Solo sabe que cuando camina por sus calles, se siente en el lugar adecuado.