Elena dudó un momento. No quería leer una carta que no era suya, pero el sobre estaba abierto. La curiosidad pudo más que ella. La carta era corta, solo cuatro líneas.
Decía: Rosa, tengo algo importante para ti. Es urgente. Necesito verte antes de que sea tarde. Ven a casa cuando puedas.
Te espero. M. Elena la leyó dos veces. No sabía quién era Rosa ni quién era M.
Pero la frase «antes de que sea tarde» le dio mala espina.