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El hilo, La eterna espera en la frontera (1)

La eterna espera en la frontera (1)

Moisés: Para los jóvenes, en una zona roja significa muerte o prisión. Andás en la calle y los policías no son profesionales. Piensan que… Tú ya vives en un barrio de zona roja y ya piensan que tú eres pandillero.

Silvia Viñas: Él es Moisés, un joven hondureño de veinte años. Salió de su país con su pareja, Meya, y su hija Gimena en marzo del 2019, escapando de la falta de oportunidades, la violencia de las pandillas y el acoso de la policía.

Moisés: Muchos amigos míos están en prisión por nada y arruinaron sus vidas. Ahora son y pertenecen a estructuras, ¿me entendés? Entonces ese era mi miedo.

Eliezer: El plan de Moisés y Meya era llegar a la frontera de México con Estados Unidos y pedir asilo. Pero chocaron con el muro de políticas antiinmigrantes construido por el Gobierno de Donald Trump.

Silvia: En su primer día en la Casa Blanca, el presidente Joe Biden suspendió la política conocida como “Permanecer en México”, que había forzado a decenas de miles de solicitantes de asilo a quedarse en ese país mientras esperaban audiencias en tribunales de Estados Unidos.

Eliezer: Hoy, la historia de Moisés y Meya, y ¿qué pueden esperar los inmigrantes como ellos de este nuevo Gobierno?

Es 5 de febrero de 2021.

Tomás: Moisés es increíblemente carismático. Rápido a la hora de sus ocurrencias, su sentido de humor, su perspectiva. No se le escapa nada. Valora lo que tiene y lo que tiene bastante él es familia y amor hacia su familia.

Silvia: Él es Tomás Ayuso, un fotoperiodista hondureño. Tomás conoció a Moisés en el 2017, mientras trabajaba en un proyecto sobre el desplazamiento forzoso en Honduras.

Tomás: Desarrollamos rápidamente una amistad muy bonita. Una conexión de esas que a veces pasan.

Silvia: Cuando lo conoció, Moisés ya estaba saliendo con Meya.

Tomás: Yo diría que Meya específicamente tiene un corazón muy grande y una devoción, digamos, a sus amigos y específicamente a su mamá. Es hija de madre soltera.

Silvia: Moisés y Meya crecieron en un sector de San Pedro Sula que se llama Rivera Hernández. Ellos son de la colonia Cerrito Lindo, donde hay poco acceso a educación, a servicios de salud, y no cuentan con algunos servicios básicos.

Tomás: Hay muchos recortes de luz, hay problemas con agua, con desagües. Cuando llueve siempre se inundan, cosas de ese tipo.

Silvia: Y es una de las zonas más castigadas por la violencia. Esta es Meya:

Meya: Hay mucha extorsión, hay muchos problemas entre pandillas, con los policías. Es un lugar inseguro, pues. No puede uno salir adelante.

Silvia: Tomás me explicó que Cerrito Lindo es una colonia bastante representativa de muchas de las zonas semi-urbanizadas alrededor de San Pedro Sula.

Tomás: Son las partes que son focos rojos, son áreas disputadas entre los grupos criminales. Tanto las pandillas tradicionales digamos y grupos nuevos que son híbridos, que son mezcla de elementos más típicos con crimen organizado mexicano y cosas con silueta más propiamente hondureña.

Silvia: Y ¿qué te contaron ellos sobre cómo es crecer en este lugar y con esa violencia?

Tomás: Reconocen, que no es algo normal y que no es algo bueno. O sea, no se ha normalizado… el horror y las atrocidades los afectan.

Moisés: Y yo cuando ya iba creciendo y ya iba viendo cosas que… de miedo, ¿me entendés?

Tomás: Ellos crecen traumatizados.

Moisés: Y sabía el peligro de camino a la escuela, los enfrentamientos, balaceras ¿Me entendés? Y hay niños heridos, hasta muertos.

Tomás: Han visto muchos actos violentos. Han sido víctimas ellos de parientes o seres queridos que han sido arrebatados, ya sea por bala perdida o por un acto violento directo.

Meya: Ahí mataron a mi hermana, una menor de quince años, tenía toda una vida por vivir, se la arrebataron la vida.

Moisés: Ya en lo que iba creciendo como que me iba acostumbrando y aprendí a controlar el miedo, los nervios. Tantas cosas que miraba.

Meya: Y pues por un poquito, gracias a Dios, pues, que no me metí a ninguna pandilla ni nada.

Moisés: Y así fue mi niñez.

Silvia: Cuando tú los conociste ¿en qué momento de su vida estaban?

Tomás: Cuando yo conocí a Moisés, él estaba entre irse y no irse, porque la presión en ese momento estaba particularmente tenaz.

Silvia: Unos años antes, en el 2013, se había lanzado una estrategia de seguridad con un grupo de la policía que se llama la Policía Militar.

Audio de archivo, periodista: Una de sus cualidades eran los allanamientos y detenciones de personas consideradas peligrosas para la seguridad pública, en un país que reporta mayor cantidad de muertes que una nación en guerra.

Tomás: Entran a estas colonias como una fuerza de ocupación y toman control. Y establecen como una base de operaciones y empiezan a hostigar a cada… cada joven que ven. Y Moisés fue víctima de eso.

Moisés: Había un policía llamado Prado, asignado a la posta policial de la colonia. Me lo encontraba y muchas veces me paraba y me registraba.

Silvia: Moisés cuenta que una noche, por ejemplo, este policía lo paró, lo agarró del cuello, le pegó y le dijo que no lo quería volver a ver.

Moisés: Y que si me volvía a ver me podía matar o me podía poner droga o extorsión para que yo fuera a prisión porque ya no me quería ver.

Tomás: Lo atormentaban, atormentaban, atormentaban, acusándolo básicamente de que era, de que pertenecía a un grupo. Y eso, pues, lo tenía harto.

Moisés: Las veces que la policía me agarró y nunca me encontró nada y sólo me metían veinticuatro horas en una bartolina. Un policía me puso vendedor de droga y me manchó los antecedentes penales.

Tomás: El miedo era de que tarde o temprano iban a haber consecuencias con él, a pesar de que era, iba a ser víctima, iba a ser inocente. Pero en este país gente inocente muerta sobra.

Tomás: Entonces él estaba en una encrucijada de que estoy harto, estoy enojado. Me están acusando de algo de que no soy –pandillero– y ¿qué hago?

Silvia: Moisés al comienzo no quería migrar, porque no quería dejar solo a su familia.

Tomás: Hasta que un día viene Meya viene y le dice a Moisés que está embarazada. Ahí es el momento que las cosas cambian.

Silvia: A comienzos del 2018, por este hostigamiento de la policía, la violencia, la falta de oportunidades y ahora esta nueva responsabilidad, Moisés decidió irse a Estados Unidos. Pero solo.

Tomás: Es en el momento que decide que ya no es un chavo cualquiera, ya no como decimos acá, ya no es un güiro, ya es un hombre, es un padre de familia y con esa presión, la presión de no querer dejar huérfana a su niña, Moisés decide: “me voy a ir para salvar mi vida y a la vez poder proveer por mi nueva familia”.

Silvia: Pero Moisés no lo logró. Llegó a Estados Unidos, sí, pero lo deportaron.

Por un tiempo, Moisés, Meya y Gimena vivieron en familia en Cerrito Lindo. Pero nada había cambiado. Moisés había regresado a la misma violencia, el mismo hostigamiento de la policía. La misma falta de oportunidades…

Moisés: Y no había trabajo. Entonces pues mi otra opción era venirme otra vez, pero no dejar la fami botada.

Silvia: A comienzos del 2019 empezaron a hablar sobre irse juntos…

Moises: Sólo le dije a Meya: ¿nos vamos?

Meya: Pues me sentí nerviosa y también un poco contenta, sí.

Moisés: Y ella me dijo: “Sí, de acuerdo”. Más bien ella anteriormente ya se había querido venir conmigo, pero yo no la quería traer.

Meya: No lo pensé tanto y me decidí venirme con él. Me sentía un poco segura, pues, porque él ya había viajado y ya sabía cómo era. Pero sí, sentí nervios por la niña, más todo por la niña, que la niña estaba chiquita.

Silvia: Gimena tenía un año y medio. Era una oportunidad para darle algo que Meya siempre quiso, pero que por sus circunstancias nunca pudo tener: una buena educación.

Tomás estuvo con ellos ahí, en marzo de 2019, cuando estaban empacando las latas de leche en polvo y los pañales para Gimena… cuando se despidieron de su familia y comenzaron su viaje. Los acompañó en bus hasta Ciudad de Guatemala y allí Moisés, Meya y Gimena abordaron un bus hacia la frontera con México.

Tomás: En todo momento ellos trataron de que la niña estuviera como si nada estuviera pasando.

Meya: Todo lo que hicimos es mantenerla contenta: llevar medicina darle comida llevar su mamila para que no se sintiera ella mal, darle calor y que fuera jugando, que fuera distraída.

Silvia: Cantaban, le mostraban fotos de la familia, de sus abuelos, sus tías. Iban siguiendo la ruta que Moisés escogió, la que él conocía.

Moisés: Es complicado venir con familia. Hay que saber dónde se va a parar uno, ¿me entendés? No pararse en lugares oscuros, no meterse calles oscuras o montarrales.

Tomás: Moisés siempre estaba alerta, viendo hacia adelante, planeando cómo hacer todo, cómo moverse, predecir cuál posible problema podía existir en los próximos cinco minutos.

Silvia: Algo que fue especialmente importante una vez que llegaron a México…

Moisés: No acercarse a donde hay mucha gente siempre algo retirado. Despistando que uno va cruzando México o va subir el tren.

Tomás: Él sabía cómo maniobrar estas áreas de la ruta migratoria. Moverse en los pueblos para que no se aprovechen de ellos.

Moisés: Porque hay mucho secuestrador y ladrón.

Silvia: No fue fácil viajar con Gimena tan chiquita. Como miles de migrantes que cruzan México, tenían que tomar el tren…. La bestia.

Moises: Yo sabía el riesgo que es agarrar el tren, ¿me entendés?, con familia.

Meya: Yo soy muy nerviosa. Yo cada vez que miraba el tren me pegaba un dolor de estómago, un dolor de cabeza cuando la escuchaba pitar.

Silvia: Pero Moisés tenía una estrategia:

Tomás: Él se montaba y después con la niña y después ayudaba a Meya a subirse.

Meya: Tuve que subirme a fuerza como pude. No sé, sacar fuerza de todos lados porque uno no está ágil para eso, pues, no, no es ágil para subirse a eso y todo. Y sentí mucho miedo. Yo sentí que, ay, que me iba a quitar un pie, pues, que me iba a morir o que me iba a quedar botada porque miraba que me llevaban la niña y digo yo “ tengo que subir porque si yo me quedo aquí, la niña me la llevan y yo me quedo aquí sola.”

Silvia: Cuando era posible, trataban de tomar el tren en estaciones, o Moisés hablaba con los guardias que cuidaban el tren…

Moisés: Y pues ellos al verme así con familia y niños pequeños ¿me entendés? Ellos me decían, sí está bien. Me dejaban pasar y yo tomaba el tren parado.

Silvia: Recibieron bastante ayuda en el camino.

Tomás: Hay un dicho que se dice dentro en la comunidad migratoria, digamos, es de que “paisano ayuda a paisano; migrante ayuda a migrante”. Entonces a la niña le daban comida, le daban puestos privilegiados. Sí había un hombre sentado sobre una sección del tren que era más seguro o donde tenía más de agarrarse, se lo cedían a Meya y a la niña.

Silvia: Después de casi tres meses, en mayo de 2019, llegaron a la frontera de México con Estados Unidos. Tomás se juntó con ellos en Tijuana un día que tuvieron que ir a hacer un trámite de asilo.

Tomás: Y ellos están muy flacos, su piel muy quemada, había sido afectada por el viento de viajar sobre el tren. Piel muy seca. Estaban llenos de mordidas de insectos. Pero la niña no, porque la tapaban, la guardaban. La niña estaba más gordita.

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