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NPR Radio Ambulante, Juntos a la distancia (1)

Juntos a la distancia (1)

JORGE CARABALLO: ¡Hola, gracias por escuchar Radio Ambulante! Nos gustaría entender mejor quiénes nos escuchan y cómo usan los podcasts. Por favor ayúdennos llenando una encuesta corta y anónima en npr.org/podcastsurvey (escrito como una sola palabra). Es en inglés. Toma menos de 10 minutos y ayudarán muchísimo al programa. Repito: npr.org/podcastsurvey. ¡Mil gracias!

DANIEL ALARCÓN, HOST:

Bienvenidos a Radio Ambulante, desde NPR. Soy Daniel Alarcón.

OK. Entonces antes de comenzar el episodio de hoy —el último de la temporada— quería decirles algo. Como muchos de ustedes, el equipo de Radio Ambulante está pasando cuarentena en nuestras respectivas casas. Somos más de quince periodistas, editores, productores, diseñadores de sonido, emprendedores, en casi diez países. La cuarentena para cada uno de nosotros es diferente, con diferentes retos, pero para ninguno ha sido fácil. Lo que viven ustedes —la ansiedad, el temor, el aburrimiento, el desespero— pues, nosotros también.

Lo que nos ha llenado de energía y de motivación en estos días es contar historias y saber que al otro lado están ustedes, la audiencia de Radio Ambulante. Toda la temporada han estado con nosotros, comentando, discutiendo, promoviendo, compartiendo nuestros episodios. Y lo apreciamos.

Recuerden que parte del equipo seguirá sacando episodios cada viernes, cubriendo temas de actualidad con nuestro nuevo podcast noticioso, El hilo. No hacemos exactamente lo mismo que Radio Ambulante, pero igual siento que en un momento como este, tratar de entender y explicar las noticias de la región tiene un gran valor.

Quiero invitarlos a que se sumen a nuestro programa de membresías. Su apoyo va a ser clave para volver en septiembre con una nueva temporada, la décima de Radio Ambulante, y que sea la mejor que hayamos hecho, la más ambiciosa. Háganse miembros en radioambulante.org/donar.

Por ahora, quédense en casa y disfruten el último episodio.

OK, entonces, para cerrar la temporada, llamamos a una vieja amiga de Radio Ambulante...

GABRIELA WIENER: Hola, chicos.

CAMILA SEGURA: Hola.

ALARCÓN: ¡Hey!

WIENER: ¿Me escuchan bien?

ALARCÓN: Te escuchamos, te escuchamos.

Gabriela Wiener. Si nos oyen desde hace rato, probablemente ya la conocen. Es peruana. Escritora. Vive en Madrid. Camila Segura, la directora editorial de Radio Ambulante, y yo hablamos con ella en la última semana de marzo. Un mes infame para ella.

WIENER: ¿Qué tal guapos?

ALARCÓN: Bien.

SEGURA: ¿Cómo estás? Agh…

WIENER: Podridas, podridas.

ALARCÓN: “Podridas”, dice Gaby. Quizá ya se imaginan por qué. El día que hablamos, el 27 de marzo, en España ya había más de 64 mil contagiados, casi cinco mil muertos y un sistema hospitalario colapsado.

(SOUNDBITE DE NOTICIAS)

PRESENTADOR: Ese país europeo superó a China en el número de muertos. Madrid y Cataluña son las regiones más afectadas.

PERIODISTA: Con los hospitales colapsados los expertos en salud pública mantienen la esperanza de que el pico llegue en los próximos días.

ALARCÓN: OK, un detalle de la vida personal de Gaby que deben saber para entender esta historia es que vive en trio. Su marido Jaime es peruano y llevan más de 15 años casados. Hace seis años, ambos, Jaime y Gaby, se juntaron con Rosi, que es española. Los tres viven en una casa antigua y amplia con su hije Coco y su hijo Amaru en un barrio popular de Madrid.

Pero antes de contar cómo fue ese mes infame de marzo, hay que retroceder un poco en el tiempo. No tanto, la verdad, porque una de las cosas que caracteriza esta pandemia es lo rápido que ha sucedido todo. ¿No lo sienten así? En un abrir y cerrar de ojos, el mundo cambió. Seguramente los médicos y especialistas lo ven diferente, pero para muchos de nosotros, digamos que fue relámpago.

Entonces devolvámonos a finales de febrero...

WIENER: Como en febrero, como que la… la gente periodista, tuitera, etcétera, estábamos todos creyéndonos superinteligentes y tomando distancia, ¿no?, de, digamos, el pánico que se estaba generando en algunos lugares, ¿no?

ALARCÓN: El virus ya estaba matando gente en Italia pero muchos minimizaban lo que podía pasar…

WIENER: Recuerdo mucho algún periodista español corresponsal, además que... que, bueno, fue como súper celebrado, ¿no?, porque él estaba transmitiendo desde Milán y diciendo que esto era como un resfrío común.

(SOUNDBITE DE ARCHIVO)

PERIODISTA: No podemos hablar de, qué sé yo, de virus terroríficos como pueda ser el ébola. No. Estamos hablando de un tipo de gripe del que se curan la gran mayoría de las personas que se han infectado.

WIENER: Y que de verdad que si... si seguíamos creando pánico iba a ser peor, ¿no?

ALARCÓN: Para que se entienda: el 26 de febrero había menos de 20 contagios confirmados a nivel nacional. El director del centro de emergencias sanitarias aseguraba que...

(SOUNDBITE DE ARCHIVO)

FERNANDO SIMÓN: Ahora mismo no hay información que nos indique que tengamos que suspender ningún evento. Ahora mismo no estamos en esa situación.

ALARCÓN: Y la prensa española decía más o menos lo mismo.

(SOUNDBITE DE ARCHIVO)

PERIODISTA: Las personas que no tengan síntomas, aunque hayan viajado a una zona de riesgo, pueden hacer una vida completamente normal. No tienen que tomar ninguna medida excepcional, simplemente observarse.

WIENER: Estaba yo en esa fase bastante de escepticismo, ¿no? de guardar la calma, de “al final esto mata menos que tantas cosas”.

ALARCÓN: Jaime también.

JAIME: Aunque me cueste, tengo que admitir que yo era de las personas que pensaba, cuando la cosa apenas empezaba a llegar a… a Italia, pensaba que, efectivamente, las estadísticas decían que la gripe mataba a muchísimas más personas de las que estaba matando el coronavirus y que probablemente esto pasaría.

ALARCÓN: Yo creo que muchos, de alguna manera u otra, nos entregamos a la ilusión de que esto pasaría.

Pero mientras muchos se convencían de que el verdadero enemigo era el pánico, el virus ya se estaba propagando en España. Gaby recuerda haber hablado con un amigo editor por esos días para negociar un pago o algo así, y cuando el tipo le mencionó el coronavirus y que estaba algo preocupado, a Gaby le pareció una exageración.

WIENER: Y estábamos solamente a una semana o un poquito más de la cuarentena, y todavía estábamos absolutamente pensando: “Ay qué... ¿de qué me está hablando este tipo? O sea, que se tranquilice, ¿no?”.

ALARCÓN: Ya para ese momento se acercaba el 8 de marzo, el Día Internacional de la Mujer, una fecha muy importante para Gaby y su familia. A la marcha fueron Gaby, Rosi, Coco y Amaru. Y terminó siendo, como de costumbre, algo masivo.

(SOUNDBITE DE ARCHIVO)

MUJERES: ¡Lo llaman igualdad y no lo es! ¡Lo llaman igualdad y no lo es!

WIENER: La cosa es que eso: el 8 de marzo o esos días, aquí en España y aquí en Madrid estábamos haciendo una vida completamente normal.

ALARCÓN: Los cafés y restaurantes llenos, discotecas y estadios de fútbol, iglesias, en fin, lo que ya sabemos.

Pero todo estaba a punto de cambiar.

WIENER: El domingo salimos a marchar. El lunes, martes… el martes ya anuncian que a lo mejor se cierran los colegios y el miércoles ya no van.

JAIME: Las medidas del gobierno español hicieron que todos nos diéramos cuenta de… de lo grave de la situación.

ALARCÓN: Un país no cierra todos los colegios así nomás.

WIENER: Realmente una medida tan, tan potente como el cierre de los colegios, ¿no?, o sea, te hace pensar en que esto tiene que ser de envergadura, ¿no? Totalmente.

JAIME: Evidentemente, como cualquier persona más o menos racional, conforme fui conociendo de la gravedad del asunto y que efectivamente no era como una gripe y… y el contagio era exponencial y rapidísimo, mi opinión cambió y… y empezamos a estar en estado de alerta total.

ALARCÓN: La cuarentena en Madrid se anunció el 14 de marzo.

JAIME: Para ese momento yo ya empezaba a tener los primeros síntomas.

ALARCÓN: Empezó a sentirse mal alrededor del 10 de marzo. No enfermo exactamente, más bien sentía malestar general. Le dolía un poco el cuerpo.

WIENER: Tenía una tos, bueno, normal de un resfrío, y tenía un dolor de cuerpo tan normal como el que puede ser un resfrío.

ALARCÓN: Pero tres días después le empezó una fiebre…

JAIME: Es uno de los síntomas más claros de… del coronavirus, la fiebre leve. En mi caso era entre 37 y medio, y 38 y medio.

ALARCÓN: Ahí mismo, sin saber si era o no coronavirus, tomaron la decisión de aislarlo dentro de la misma casa.

JAIME: Empecé a tener distancias de un metro con... con mi familia. Y me recluí en... en un lado de la casa, en una habitación, para evitar cualquier contagio en caso de que fuera coronavirus.

ALARCÓN: La casa donde viven ahora la alquilaron hace poco. En realidad son como dos espacios divididos por un patio. A un lado hay como una zona grande, tipo loft que es donde duermen y trabajan los tres adultos. Al otro, están las dos habitaciones de los niños, un salón, la cocina y el baño.

Jaime se aisló en una parte del loft. A los tres días, Coco, que tiene 13 años, empezó a tener fiebre y también se aisló.

La idea era esperar a ver cómo seguían, porque además el mensaje de las autoridades y de los medios era claro:

WIENER: Si eres joven lo que va a parecer es que tienes un resfriado un poco fuerte, ¿no? Y si no tienes problemas respiratorios, es decir, si no estás ahogándote, quédate tranquilo en tu casa. Trátate los síntomas y ya está. Solo llama la ambulancia, solo llama al hospital, solo acércate a un… a urgencias de un hospital si no te está entrando el aire bien.

ROSI: La cosa es que nosotros íbamos progresivamente oyendo toser más, más a Jaime y progresivamente verle peor.

ALARCÓN: Por si acaso, esa es Rosi.

ROSI: Y mucho más tirado en la cama, que no se podía mover, hasta que un día ya se pasó... lo pasó todo durmiendo, ¿ya? Y a la vez todo el puto día escuchando la radio donde ibas viendo, como dice la ostia, que esto es verdad. Y aquí esto cada día flipando más.

ALARCÓN: Esto es importante, creo. Esa sensación de agobio que sentían todos. De que cada día sucedía algo que el día anterior era impensable. La sensación de haberse despertado en un mundo inverosímil. Madrid, como todas las ciudades de España, como tantas en Europa, cerraba sus puertas. La vida pública se acababa. Llegaban noticias de enfermos, gente cada vez más cercana. Se escuchaba noticias de los hospitales al borde del colapso. Se escuchaban sirenas día y noche. Y en la casa, una cuarentena improvisada para Jaime, que, entre todo eso, seguía empeorando.

JAIME: De modo que al día siete de... de tener los síntomas ya no podía hablar, ni siquiera normalmente, porque la tos me… no me dejaba... no me dejaba hablar.

ALARCÓN: Se le acaba el aire al hablar. Así que decidieron que ya era hora de que alguien lo viera. Jaime se acercó al centro médico del barrio, para que midieran la saturación de oxígeno en la sangre.

JAIME: Y vieron que la tenía en 90, que es muy, muy baja para una persona de mi edad. Y entonces ya me recomendaron que podían llamar a la ambulancia ahí mismo o podía volver a casa y esperar 24 horas.

ALARCÓN: Y a pesar de lo mal que se sentía decidió esperar. Su razonamiento era claro:

JAIME: Que eran siempre: “No, hay personas que lo necesitan más”.

ALARCÓN: No quería contribuir al colapso del sistema hospitalario.

JAIME: Y este tipo de pensamiento “responsable”, entre comillas, pero también un poco negacionista, ¿no?, de mis propios síntomas. Decidí no aceptar la ambulancia en ese momento y volver a casa. Y fue caminando las cinco calles que separan ese centro médico ambulatorio hasta mi casa que me di cuenta de que algo estaba realmente mal.

ALARCÓN: Se tardó el doble en llegar a la casa y se sentía sin aliento. Gaby y Rosi lo vieron tan mal que decidieron llamar a la ambulancia de inmediato.

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