La fuente de piedra (parte 1) Pretérito imperfecto Cuando era un niño solía ir a pasear por la montaña.
Me gustaba caminar entre los árboles, oler la hierba y escuchar los sonidos del bosque. Uno de mis lugares favoritos era la fuente de piedra. Estaba al final de un sendero de tierra que salía del camino principal. Era un sendero estrecho y abrupto, que transcurría unos 200 metros y terminaba en un pequeño claro rodeado de encinas y robles. En un rincón había una pared de piedra, y de un pequeño agujero cerca del suelo salía un chorro de agua fresca y cristalina. Solía quedarme un rato sentado sobre una piedra. Si me había acordado de coger un libro, leía un rato bajo los árboles. Luego volvía por el sendero hasta el camino principal y seguía subiendo un rato más por el monte. Cuando ya no podía más, daba la vuelta y deshacía el camino hasta llegar a casa. Esos paseos me relajaban mucho, por lo que solía darlos a menudo.
No siempre tenía tiempo, pero intentaba ir a la fuente de piedra como mínimo una vez a la semana.