033 - La taza de té
La taza de té - Un cuento japonés
El profesor daba clases
en una prestigiosa universidad.
Era respetado y temido por sus alumnos
debido a su gran dominio de los más diversos temas…
PROFESOR
Como bien decía Aristóteles,
la sustancia está compuesta de potencia y acto.
Ahora bien, el movimiento,
como tránsito de la potencia al acto,
tiene cuatro posibles causas…
ALUMNO
¡Profesor!...
PROFESOR
La causa formal, la causa material…
ALUMNO
¡Profesor, una pregunta!
PROFESOR
No me interrumpan.
Si atendieran bien la explicación,
no necesitarían hacer ninguna pregunta.
Como íbamos diciendo,
la causa formal, la causa material…
NARRADORA
El profesor fue invitado a Japón,
a entrevistarse con un sabio
que vivía retirado en una modesta casa de campo,
dedicado al estudio y la escritura…
SABIO
¡Bienvenido, profesor!...
¡Mi casa es suya
y mis conocimientos están a su disposición!
PROFESOR
Gracias…
¿Cómo me dijo que se llamaba usted?
SABIO
Siéntese, profesor,
y conversemos mientras tomamos el té.
PROFESOR
Pues, como le iba diciendo,
tomando en cuenta
la etimología de la palabra
y la grafología de las letras,
puedo concluir
que las explicaciones que se vienen dando…
SABIO
Pero, siéntese…
Póngase cómodo…
NARRADORA
Ya instalado en la casa del sabio,
aquel profesor arrogante
empezó a hablar de un tema y de otro.
Citaba frases de famosos personajes,
se refería a los innumerables libros leídos
y a las muchas conferencias dictadas en tantos países…
PROFESOR
Aunque David Hume dijo
que no se podía demostrar,
se supone que en la naturaleza
los efectos proceden de causas anteriores.
Pero en el mundo psicológico
a menudo sucede lo contrario:
las causas son posteriores a los efectos.
SABIO
Profesor, ¿le sirvo una taza de té?...
Profesor…
PROFESOR
Ah, sí, claro…
NARRADORA
El sabio aprovechó una pausa
en aquel monólogo del profesor
para brindarle una taza de té.
PROFESOR
... Y esto lo confirma Platón,
así que podemos estar seguros
de que si miramos atentamente
encontraremos una causa
para cualquier efecto presente,
y también para su contrario.
De esta manera…
NARRADORA
Mientras el profesor hablaba,
el sabio se dedicó a llenarle su taza.
Comenzó echando el té poco a poco…
Primero hasta la mitad
y luego hasta el borde de la taza…
Pero al llegar ahí no se detuvo,
sino que siguió echando té y más té,
con toda la naturalidad del mundo,
hasta que el líquido desbordó también el plato
y comenzó a manchar el mantel.
PROFESOR
El caso más extremo de divorcio entre teoría y práctica
es tal vez el de Schopenhauer,
quién decía que
nadie tiene por qué aplicarse sus propias ideas.
Se podría decir en su defensa
que la reflexión teórica puede llegar a conclusiones
que después no es tan fácil llevar a la práctica…
NARRADORA
El sabio seguía derramando el té,
sonriendo y escuchando al profesor,
como si no pasara nada.
PROFESOR
… Esto supuesto,
en el terreno ideal de los conceptos…
Pero… oiga… ¿qué es esto?...
¡Pare, pare, la taza ya está llena!...
¡Ya no cabe más!...
¡Todo se ha derramado!...
SABIO
Lo mismo te pasa a ti.
PROFESOR
¿Cómo dice?
SABIO
Tú también estás lleno de tu erudición,
de tus citas, de tus libros,
de tus ideas acerca de todo…
No te cabe más…
¿Cómo vas a poder escucharme
o aprender algo de mí si antes no vacías tu taza?
PROFESOR
Bueno, yo… es decir, yo… es que yo…
SABIO
Vacía tu taza —tu yo— primero.
NARRADORA
Protégeme, Señor, de la sabiduría que no llora.
De la filosofía que no ríe.
Y de la grandeza que no se inclina ante los pequeños.
Khalil Gibrán.