Esa noche, Diego se quedó despierto en la pequeña habitación que la bodega le había asignado, pensando en el nombre de su padre escrito en aquel viejo registro. Por un lado, sentía una rabia antigua, heredada de las historias que su padre le había contado durante años sobre un despido injusto y nunca explicado. Por otro lado, empezaba a sentir un respeto sincero hacia Clara, que no parecía tener ninguna culpa directa en lo que fuera que hubiera pasado hacía tantos años. "Hmm.
DIEGO (pensando): Vine aquí para entender qué le pasó a mi padre, pero esta mujer está a punto de perderlo todo y de verdad quiero ayudarla a salvar esta cosecha."
Diego decidió esa misma noche que iba a hacer bien su trabajo, sin dejar de buscar la verdad sobre el pasado, aunque todavía no sabía cómo iba a manejar ambas cosas al mismo tiempo cuando llegara el momento de la verdad.