Diego llegó a la bodega justo cuando Clara revisaba con desesperación creciente los números finales antes de la reunión definitiva con el banco. Al verlo entrar por la puerta, Clara no supo si sentir alivio, sorpresa o las dos cosas a la vez.
CLARA: Diego, no esperaba verte aquí.
DIEGO: Mi padre me contó lo que hiciste y vine a ayudarte con el banco. No solo porque quiera arreglar las cosas contigo, sino porque esta bodega merece salvarse.
CLARA: Necesito una solución real, Diego, no solo buenas intenciones. El plazo se acaba en dos semanas.
DIEGO: Vale, pues entonces trabajemos juntos, como hicimos con la sequía. Tengo una idea que creo que podría funcionar bien .