Sin Diego al frente de las decisiones técnicas, la gestión de la bodega se volvió mucho más difícil de lo esperado. Clara cometió pequeños errores en el proceso de fermentación que, meses atrás, Diego habría corregido enseguida. El banco, al revisar los números del trimestre, envió una nueva carta advirtiendo que el plazo final para regularizar la deuda se acercaba peligrosamente. Clara pensó que no podía seguir así, así de sola con todo esto, pero tampoco podía pedirle a Diego que volviera solo para salvar su negocio, no después de lo que habían descubierto sobre su familia.
Aquella noche, Clara tomó una decisión que llevaba días rondándole la cabeza. Necesitaba conocer personalmente a Ricardo Salazar, no por Diego, sino por ella misma.