En el colegio, algunas compañeras que antes le pedían ayuda para escribir sus cartas o redacciones empezaron a evitarla, incómodas ante la idea de haber confiado en alguien que, en el fondo, apenas escribía nada con sus propias palabras. Marta, por su parte, seguía sin querer hablar con ella y Elena sentía que había perdido, casi al mismo tiempo, tanto la admiración de sus compañeros como la amistad más sincera que tenía