A partir de aquel momento, Elena empezó a usar su cuaderno secreto para casi todo lo que escribía: felicitaciones de cumpleaños, cartas para sus amigas e incluso pequeños mensajes que dejaba a su familia. Cada vez que necesitaba decir algo bonito, en lugar de buscar sus propias palabras, recurría siempre a las frases guardadas, adaptándolas ligeramente según la ocasión. Sus compañeras empezaron a comentar que Elena tenía un talento especial para expresarse, sin saber que, en realidad, apenas ninguna de aquellas palabras había salido originalmente de su propia cabeza.