Al día siguiente, en la escuela, Alba se atrevió a contar la historia de Bruno durante el recreo. Lo hizo con los mismos gestos y la misma gracia que él. Sus compañeros se rieron mucho, sorprendidos de ver a la tímida Alba haciendo bromas por primera vez. Ella se sintió feliz y un poco mareada de la emoción.
Esa misma tarde decidió volver al jardín a buscar más tarros de cristal vacíos para guardar más risas.