Esa noche, la tormenta llegó antes de lo esperado. El viento soplaba fuerte entre los árboles y la lluvia dificultaba mucho el camino hacia la cabaña. Marta e Iván avanzaron con dos linternas pequeñas, sintiendo miedo real por primera vez. En un momento, Iván se paró de golpe porque vio algo brillante entre las hojas mojadas del suelo.
Era su pulsera perdida, la del río, ahora manchada de barro. Aquello no tenía ninguna explicación lógica para él. Siguieron caminando hacia la cabaña con el corazón acelerado.