Durante las semanas siguientes, se vieron varias veces con excusas cada vez menos creíbles: revisar más fotos, tomar un café rápido que terminaba durando horas. Una noche, mientras paseaban cerca del río, Sara le contó que la fecha de la audición ya estaba fijada.
- Es dentro de un mes.
- Si me va bien, me tendría que mudar poco después.
- ¿Y qué sientes ahora, con la fecha ya puesta?
Sara se quedó callada un momento, mirando el agua.
- Que ya no solo pienso en la danza cuando pienso en irme.