Sentado junto a la cama del hospital, Iván finalmente pronunció la promesa que tanto había temido hacer. Prometió solemnemente a su hermana que cuidaría de su hijo pase lo que pase, sin condiciones ni reservas de ningún tipo. En el instante exacto en que pronunció aquellas palabras, sintió como el anillo se ajustaba una vez más en su dedo. Esta vez, con una intensidad mucho mayor que en las ocasiones anteriores, confirmando que había activado finalmente la tercera y última de las promesas vinculantes que aquel misterioso objeto era capaz de conceder a quien lo llevara puesto.