¿Por qué hay algo y no más bien nada? - Capítulo 1 - Primera temporada
Este es un programa de filosofía por televisión.
¿Ustedes se preguntaron por qué estamos aquí?
Yo existo porque pienso.
El hombre piensa.
Es el lugar en el cual todos los saberes son pensados.
Descartes es un héroe del pensamiento.
Es difícil enfrentar las grandes cuestiones.
Es un libro de Jean Paul Sartre, "Crítica de la razón dialéctica".
Esta es la historia de la filosofía de Hegel.
La filosofía es la totalidad de lo real porque piensa la totalidad de lo real.
¿Por qué hay algo y no más bien nada?
¿Por qué un curso de filosofía?
¿Por qué "filosofía aquí y ahora"?
¿Cuáles son las preguntas de la filosofía?
¿Qué hacemos con lo que hicieron de nosotros?
Créase o no, este es un programa de filosofía por televisión.
Este programa tiene un nombre: "Filosofía aquí y ahora".
¿Por qué "aquí y ahora"?
Bueno, en principio, digamos, es aquí, es decir, es en la televisión argentina.
Esto implica un grado de novedad muy grande.
La novedad es lo que surge, inesperado.
La novedad es lo que nadie espera.
Y, quizás, lo que nadie esperaba es que se hiciera filosofía por televisión.
Estamos aquí para responder preguntas fundamentales.
Las preguntas de la filosofía tienen ese carácter, es decir, son fundamentales
porque remiten a las cuestiones esenciales de la condición humana.
La primera pregunta que nosotros vamos a... a formularnos
es una pregunta que se formula un filósofo alemán, de nombre Martin Heidegger, en un libro de 1935.
La pregunta que hace, que es como para quitarle el sueño a cualquiera--
Espero que no se lo quite a ustedes, pero, si se lo quita, mejor
porque van a sentir en carne viva qué es la filosofía.
Digamos, la filosofía es una disciplina que incomoda, que acorrala, que sofoca, que da enormes satisfacciones, pero que requiere también un trabajo intenso.
La pregunta que hace Heidegger es: "¿Por qué hay algo y no más bien nada? ".
Es una pregunta central, absoluta, definitiva; es la pregunta de las preguntas
porque, en realidad, todos nosotros estamos acá, todos nosotros andamos en este mundo, yo estoy aquí, usted está ahí, pero ¿por qué nos preguntamos esto?
¿Por qué hay algo y no más bien nada?
Porque bien pudo haber ocurrido que no hubiera nada, cosa que nosotros no podemos ni siquiera imaginar porque no podemos concebir la nada absoluta.
Lo que sabemos es que hay algo, está todo esto, está la Tierra, está el cielo, miramos, están las estrellas...
y de ahí surgen las preguntas definitivas.
¿Saben por qué las preguntas son definitivas?
Porque el ser humano... el ser humano es el único que se hace estas preguntas.
El ser humano, que es un ser imperfecto en medio de un mundo y un universo perfectos;
que es un ser finito en medio de la temporalidad infinita del universo;
que es un ser carenciado en medio de la abundancia que lo rodea,
se siente, a veces, muy pequeño ante tanta grandeza.
Al sentirse así--Quizás afrontar ese sentimiento es la muestra más grande de su grandeza
porque, es cierto, Hegel lo decía, la Tierra es un cascote que meramente gira alrededor del sol
y eso le quita o le entrega su pequeñez ante la inmensidad del universo.
"Pero dice Hegel en este cascote, que es la Tierra;
en este cascote, que meramente gira alrededor del sol,
hay un ser metafísico que se pregunta por el sentido del universo".
Es decir, ese ser metafísico es el hombre.
El hombre está en un cascote, el hombre es un ser pequeño, finito, mortal, lleno de angustia, lleno de miedo, destructivo, autodestructivo, pero tiene la grandeza de saber que muere y de seguir viviendo.
Tiene la grandeza, además, de preguntarse por todo esto, por la totalidad.
La totalidad es todo lo que hay y a la pregunta por todo lo que hay la formula aquí el hombre, el ser humano.
Se pregunta por qué hay algo y no más bien nada.
Esa pregunta hace su grandeza y esa pregunta también lo llena angustia porque esa pregunta, en efecto, quizás no tenga respuesta.
Este ser metafísico que se pregunta por el sentido del universo quizás no llegue nunca a obtener esa respuesta.
No sé si ustedes recuerdan la escena de una película de Woody Allen en la que Woody Allen chiquitito no quería seguir yendo al colegio porque más o menos decía que nunca iban a poder enseñarle todo lo que él necesitaba saber porque el universo estaba en expansión.
Y, claro, si el universo está en constante expansión, nunca vamos a poder saber todo lo que tenemos que saber porque nunca vamos a poder alcanzar la expansión del universo.
Woody Allen, en este sentido, es un filósofo.
Hace filosofía a su modo, hace filosofía desde las películas, desde el espectáculo.
Hay una frase que dice Einstein, muy famosa, que dice así:
"Dios no juega a los dados con el universo".
Y Woody Allen dice: "Sí, Dios no juega a los dados, juega a las escondidas".
Es decir, la frase tiene una dramaticidad muy grande, que el cinematógrafo sueco que acaba de morir, Ingmar Bergman, interpretó como el silencio de Dios.
Cuando Woody Allen dice: "Dios no juega a los dados con el universo, juega a las escondidas", lo que está diciendo es que Dios está pavorosamente ausente en los terribles dolores que aquejan a los hombres.
Yo les voy a decir por qué hay filosofía, por qué hay todo lo que hay, por qué hay filosofía, por qué hay arte, por qué hay música, por qué hay pintura, por qué hay todas las expresiones a través de las cuales el hombre intenta inmortalizarse, trascenderse a sí mismo.
Todos esos intentos existen porque el hombre es un ser finito, porque el hombre muere.
Cuando digo "el hombre", digo "la mujer" también, lo que pasa es que no hemos encontrado otra manera, tendríamos que hacer una revolución y, en lugar de "hombre", decir "mujer", pero estaríamos más o menos en lo mismo.
El hombre es un ser finito. Sus días están contados y él tiene, sin embargo, hambre de inmortalidad, nadie quiere morir.
Digamos, Shakespeare hubiera entregado "Hamlet", "Macbeth", "Otelo" si le hubieran garantizado dos años más de vida.
El hombre tiene pavor a la muerte y, sin embargo, sabiendo que es un ser finito, se pregunta por la finitud, la afronta, no la niega.
Muchos la niegan.
La droga, el sexismo son montones de ceremonias para ocultar el hecho de saber que morimos.
En cambio, la filosofía pone este hecho por delante.
Bueno, el hombre es un ser finito. El hombre es un ser que es finito y, porque es finito, es un ser que se angustia.
Como el hombre se angustia, se angustia porque muere.
Cuando la angustia le revela al hombre que su destino es la nada, le aparece la idea de la nada y la idea de la nada lo lleva a la idea de que él va a ser nada durante mucho mucho tiempo.
Cuando yo digo que la grandeza del hombre reside en que sabe que muere y, sin embargo, sigue viviendo--
Esto está en la filosofía, pero también está en otras expresiones.
No solamente la filosofía plantea estas cosas.
Las plantean las novelas, las plantea la pintura, las plantea la música--
Toda partitura termina y, cuando termina, sentimos la angustia de aquello que termina.
Y hay libros... Hay libros, por supuesto, hay montones de libros escritos sobre esto.
Los libros de filosofía se escriben para responder a cuestiones, a veces, muy estrictamente filosóficas, pero, en el fondo de todos ellos, está el intento del hombre por pensar su situación en este mundo.
Por eso, esto se llama "Filosofía aquí y ahora".
Aquí es donde hacemos filosofía; no estamos en la Sorbona, no estamos en Friburgo, no estamos en la Academia Norteamericana, estamos en la Argentina, hacemos filosofía aquí.
Vamos a hacer filosofía como argentinos inevitablemente porque estamos situados.
Nuestro pensamiento es un pensamiento situado.
Y "ahora" es porque o la hacemos ahora o no sabemos si la vamos a hacer más adelante
porque el hombre es un ser abierto a miles de posibilidades, pero, en todas esas posibilidades, está la posibilidad de que muera.
En consecuencia, sin urgencia, sin desesperación, pero tenemos que considerar que cada minuto es absolutamente precioso; que el ahora tiene una densidad ontológica, es decir, una densidad de ser, en la cual tenemos que participar, en la cual tenemos que comprometernos; que filosofar aquí, en la Argentina, y ahora es necesario porque este país necesita pensar, este país necesita salir de todo aquello que distrae a sus ciudadanos en medio de la pavada y de la estupidez.
A ver si soy claro en esto, quisiera decirlo claramente.
En la televisión se trabaja para estupidizar a las personas, en general, en los medios de comunicación, y esto no pasa en la Argentina, pasa en todo el mundo.
El poder, a través de los medios de comunicación, intenta colonizar la subjetividad de los sujetos, o sea, sujetar a los sujetos.
Entonces, a ese señor que llega cansado a su casa, que trabajó todo el día y llega y enciende la televisión, la televisión lo atrapa.
Lo atrapa, digamos, con el espectáculo infinito de la pavada.
La pavada le impide pensar en su situación, le impide pensar que quizás el trabajo que está haciendo no le gusta, que quizás debería cambiar de trabajo, que quizás debería irse de su casa o debería estar más en su casa, que debería amar más a su mujer o amarla menos, o a sus hijos, que debería irse, yo qué sé, al Congo belga, adonde sea, y escapar de todo, pero--
O debería, quizás, darse cuenta de que ese aparato que está ahí, idiotizándolo, está para eso, para idiotizarlo.
Entonces, el día que toma conciencia crítica de esto, hace algo muy sencillo: lo apaga.
Cuando un tipo apaga el televisor porque sabe que, desde ahí, le están quitando la libertad subjetiva que él merece tener, ahí comienza su libertad.
Tenemos que preguntarnos por las preguntas de la filosofía.
La filosofía hace preguntas que no todos quieren preguntarse porque hace preguntas que, en realidad, toda la existencia humana--el entero planeta en el que habitamos está organizado para que el hombre no se haga esas preguntas.
Por ejemplo, hay preguntas como
"¿Por qué es tan injusto el universo en el que vivimos? ",
"¿Por qué hay hambre? ",
"¿Por qué hay gente que tiene tanto y gente que tiene tan poco? ".
Esas son determinadas preguntas, pero son preguntas filosóficas y son preguntas que han nacido de una determinada filosofía, por ejemplo, la filosofía del querido cabezón barbado, Karl Marx, que tenía una cabeza enorme y se le ocurrió preguntar un día:
"¿Por qué algunos tienen tanto y otros tan poco?" y escribió un enorme libro, "El Capital", que, bueno, ya entraremos en eso.
Ahora, las preguntas de la filosofía, las fundamentales, son del siguiente tipo--
Porque, digamos, la hicieron los griegos.
Los griegos... se asombraron de estar en medio de tanta maravilla y dijeron: "Todo esto que hay y que yo veo es algo, pero es un algo enorme. Y, si en lugar de todo esto, no hubiera nada, si, en lugar de esto, no hubiera nada--".
Entonces, esa pregunta surge del asombro, pero hay otra pregunta fundamental que inaugura la modernidad del capitalismo y es la que hace René Descartes en 1637 en uno de los textos más bellos de la historia de la filosofía,
"El discurso del método", que cualquiera lo puede comprar y lo puede leer en una hora o dos horas.
La pregunta de Descartes no surge del asombro, surge de la duda, y vamos a ver cuánto tiene que ver con nosotros.
Un día, este señor, Descartes, simplemente dijo: "Voy a dudar".
Bien. Eso fue revolucionario.
No hay nada más revolucionario que plantarse un día ante toda la realidad y decir: "Bueno, yo voy a dudar de todo. No me vendan más buzones, no quiero que me convenzan más, yo voy a dudar de todo". ¿De qué dudó Descartes?
Descartes dudó de toda la teología medioeval, dudó del aristotélico tomismo, del tomismo aristotélico, dudó de las verdades evangélicas, dudó de la Inquisición, dudó, en última instancia, de Dios.
¿Por qué dudó de Dios? Porque Descartes dijo: "Voy a dudar de todo", y, cuando alguien dice que va a dudar de todo, tiene que dudar de Dios.
Descartes estaba en 1637, lo habían quemado a Bruno... lo habían quemado a Giordano Bruno... La Inquisición ya había quemado a Giordano Bruno.
Descartes estaba preocupado por eso se fue a Holanda, que era un país en el que todavía se podía pensar con mayor libertad, donde vemos que el pensamiento requiere de la libertad para ejercerse.
En Holanda, Descartes dijo: "Voy a dudar de todo", y después dijo: "Pero de lo que no puedo dudar es de mi duda".
Después dijo: "Si yo dudo, es porque pienso, porque mi duda surge de una actitud del pensamiento".
Entonces, dijo: "¿De qué no puedo dudar? De mi pensamiento".
Y sacó la célebre fórmula: "Pienso, luego existo", pero me interesa más que nos mantengamos en la cuestión de la duda.
Cuando él dice: "Voy a dudar de todo", nosotros, hoy, deberíamos decir también: "Dudemos de todo".
¿Qué hizo Descartes?
Descartes apagó el televisor de la teología medioeval.
Ese era un televisor tremendo, además, si uno no veía esos programas, la Inquisición lo quemaba; si uno no creía en lo que decía ese televisor, la Inquisición lo quemaba, todo lo quemaba, le golpeaban la puerta a uno y a la hoguera.
Entonces, Descartes tuvo el enorme coraje de afirmar su propia subjetividad.
"Voy a juzgar a partir de mí".
Esto es revolucionario en filosofía, esto es lo que la filosofía tiene de contestatario, de revolucionario, de nuevo, esto es lo que le puede cambiar la vida a usted.
Descartes dijo: "Yo voy a dudar de todo, no les voy a creer más a todos aquellos que me dicen que tengo que creer en la verdad revelada de Dios, que la Iglesia es la encargada de bajarla a la Tierra y de aplicarla a través de sus grandes inquisidores".
Descartes dijo: "No, voy a dudar" y, al hacerlo, apagó entonces ese televisor de la teología medioeval.
¿Qué tal si nosotros... qué tal si nosotros un día de estos, un día de estos, digamos, estamos en casa... estamos en casa como estamos habitualmente, sentados ahí, "chuc, chuc, chuc", dale, dale con el zapping, de una cosa a la otra y no nos importa nada?
¿Qué vemos? Vemos una catástrofe, vemos el hambre, vemos la tortura, vemos la guerra, vemos a las modelos, vemos todos los traseritos, por decirlo así.
En un programa de televisión de filosofía, uno dice "trasero" en lugar de "culo".
Pero los vemos así, abusivamente, nos tiran con todo eso, pasan de una cosa-- Y quedamos así, idiotizados, hasta que nos dormimos.
Bueno, lo que hace Descartes es decir: "Bueno, basta con esto".
Tiro el control remoto al diablo, agarro el otro aparatito, apago el televisor y empiezo a pensar.
Estoy dudando de eso, yo estoy dudando de eso porque, en realidad, todo ese vértigo creo que me lo están tratando de meter a mí, en mi conciencia, y yo no quiero que mi conciencia sea el vértigo que me están vendiendo, quiero que mi conciencia sea libre y piense en mis problemas.
Entonces, comienzo a dudar, yo voy a dudar de eso.
Cuando comienzo a dudar, comienzo a ser libre.
Libre porque solo una conciencia crítica es libre.
No hay libertad si no está alimentada por la crítica, y la crítica solo puede ser ejercida a partir de la autenticidad del sujeto crítico.
Y la grandeza del hombre reside en muchas cosas.
Reside en que, como dije y tenemos que repasar, es finito en un mundo infinito, es imperfecto en un mundo perfecto, lo angustia su pequeñez, lo angustia la idea de la nada, lo angustia la idea del dolor, de la injusticia y, también, la grandeza del hombre todavía, todavía
todavía porque puede ser que esto no sea para siempre, todavía puede radicar en que se rebele contra lo que intentan hacer de él.
Quiero decir y, con esto rendir homenaje a un gran filósofo, Jean Paul Sartre, que tenía un ojo que se le iba para un lado, pero la inteligencia la tenía clara.
Sartre tiene una frase que dice: "Cada hombre es lo que hace con lo que hicieron de él".
Esta, para mí, es una de las frases fundamentales de toda la historia de la humanidad porque, evidentemente, desde que nacemos, hacen de nosotros algo.
Nosotros nacemos y nos hablan, nos meten una lengua si nos hablan y nos hablan, recibimos como una esponja palabras, palabras, palabras...
Cuando empezamos a hablar, ¿qué decimos?
Decimos las palabras que nos dijeron, es decir, no tenemos un lenguaje propio.
Creemos que dominamos una lengua y esa lengua nos domina a nosotros.
Pero alguna vez vamos a tener que decir una palabra nueva, alguna vez vamos a tener que decir una palabra que sea nuestra.
Esa va a ser nuestra libertad.
Entonces, es cierto, está el lenguaje que nos condiciona, el entorno sociopolítico que nos condiciona, está el inconsciente que nos condiciona, es verdad, todo eso, todo lo que quieran, pero, en algún momento, a partir de algún momento, tenemos que ser responsables de nosotros mismos porque somos lo que elegimos ser.
Entonces, bienvenida la frase del maestro Jean Paul que dice: "Cada hombre es lo que hace con lo que hicieron de él".
Bien, esta es la grandeza de la filosofía.
La grandeza de la filosofía es entender estas cosas, entender estas problemáticas, entender que esto--
En realidad, esto requiere coraje, digamos, porque la vida que alguien lleva es una vida que puede parecerle injusta, pero es mansa... es mansa porque se deja llevar.
Bueno, usted va al trabajo, usted a la mañana se afeita, desayuna, va al trabajo, el jefe lo trata mal, pero no lo escupe por lo menos;
sigue, almuerza al mediodía en algún lugar, corta y choca porque son esos lugares donde uno come y choca con los codos;
come mala comida, pero después se toma un digestivo; después sale y hay problemas con el tránsito;
llega a su casa agotado, pero, bueno, nada grave lo acosó durante el día;
saluda a su mujer, si tiene, y se va a dormir usted, se va a dormir tranquilo y dice: "Bueno, pasó otro día de mi vida".
Sí, pasó, pero no pasó.
No pasó nada en su vida, ese día no pasó nada en su vida.
O sea, usted la pasó bien, usted no se amargó, usted no se asustó, usted no se angustió, se deslizó a lo largo de ese día como, bueno, como una especie de... de hoja en la tormenta del capitalismo del siglo XXI, que es el único sistema que está vigente.
Pero sería más interesante si, en ese día, de pronto, usted se para y dice: "Pero caramba, qué vida de porquería estoy llevando. No puedo seguir viviendo así. Este empleo que tengo es terrible, mi jefe me trata mal, a mi mujer no me la banco más. A mis hijos los quiero, pero me voy a separar y me los voy a llevar, o, si no, se los dejo, pero, bueno, yo qué sé, la verdad es que no los quiero tanto o me resultan imbancables. Qué porquería es la televisión que veo, es pura chatarra, pura basura, además esas cosas redondas que muestran las mujeres todo el tiempo, ya estoy harto. ¿No tienen cara las mujeres? ".
¿Qué pasó? ¿Se les fue la cara a las mujeres?
Antes las mujeres tenían labios, tenían ojos, ojos hermosísimos, tenían, yo qué sé--
Por ejemplo, Greta Garbo, Hedy Lamarr, Michelle Pfeiffer, que tiene unos ojos maravillosos...
No, olvídese, no hay más.
Las mujeres ahora tienen una sola cosa, culo, y usted tiene que ver eso porque eso le están dando.
Entonces, hay un momento en el que usted dice: "Bueno, esto no va más", pero, a partir de ese momento, ojo, usted está solo.
Usted está solo.
Y eso se lo tiene que bancar.
Se lo tiene que bancar y esa es una actitud filosófica, pero es muy difícil porque usted, a partir de ahí, dejó de pertenecer a la manada y comienza a pertenecer a usted mismo.
Y, cuando usted comienza a pertenecer a usted mismo, ya no tiene justificaciones, ya no puede distraerse, tiene que elegir y usted va a ser el responsable de cada una de sus elecciones.
Aunque muchas de las cosas que dije están extraídas del pensamiento de grandes filósofos, de todos modos, en nuestras próximas entregas, en nuestros próximos encuentros, si es que usted sintoniza el próximo programa porque, por ahí, se asustó tanto que dice:
"No, este tipo me quiere despertar, me quiere cambiar la vida. Yo estoy cómodo así, yo veo lo que hay que ver, hago lo que hay que hacer, como lo que hay que comer, me visto como hay que vestirse, yo estoy fenómeno, así que--".
Bueno, no, espere. Está bien, pero acá, eso no va. Acá eso, digamos, nosotros le vamos a plantear cuestiones peligrosas todo el tiempo.
La filosofía es así.
Vamos a empezar a ver determinados autores para aprender la filosofía de estos autores.
Vamos a partir de Descartes, de "El discurso del método" de 1637, después vamos a tomar a Kant, después vamos a tomar a Hegel, después vamos a tomar a Marx y vamos a tratarlos lo más seriamente que podamos.
Eh...Y ahora, eh...vamos a...vamos a irnos porque, como todo lo que llega, se va.
Es una ley de la vida y es una ley del desarrollo histórico y de la vida de cada uno de nosotros.
Llegar e irnos.
Bueno, hasta luego.
Cuando Woody Allen dice: "Dios no juega a los dados con el universo, juega a las escondidas", lo que está diciendo es que Dios está pavorosamente ausente en los terribles dolores que aquejan a los hombres.
El día que toma conciencia crítica de esto, hace algo muy sencillo: lo apaga.
Cuando un tipo apaga el televisor porque sabe que, desde ahí, le están quitando la libertad subjetiva que él merece tener, ahí comienza su libertad.
Cuando comienzo a dudar, comienzo a ser libre.
Libre porque solo una conciencia crítica es libre.
No hay libertad si no está alimentada por la crítica.