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Radio Ambulante, Tunéame la nave (1)

Tunéame la nave (1)

Daniel Alarcón: A principios de este mes, una tuitera, @susisusan, escribió “Después de haber oído en múltiples podcasts la recomendación de que bajara la app de NPR One, finalmente lo hice. Y quiero decir gracias, gracias, gracias. #Vergüenza”. No esperes como lo hizo Susi. NPR es perfecto para oír mientras manejas, limpias la casa o para pasar el tiempo en tus vacaciones. Encuentra NPR One (O-N-E) en tu tienda de apps.

Hola, soy Daniel Alarcón, el productor ejecutivo de Radio Ambulante. Antes de comenzar quiero pedirles un pequeño favor: ya llevamos tres meses como parte de NPR y queremos saber más sobre ustedes, nuestros oyentes. No importa si nos escuchas desde hace años o si es la primera vez que te topas con este episodio. Igual te queremos conocer. Por favor, ve a nuestra página radioambulante.org/encuesta y responde unas preguntitas. No te demorarás más de cinco minutos y nos ayudarás bastante. Eso. Gracias.

Aquí, dentro del equipo de Radio Ambulante, hemos estado hablando mucho sobre la inmigración, sobre los refugiados, sobre cómo contar historias humanas más allá de la retórica política. Así que seguramente escucharán los resultados de estas conversaciones en los meses que vienen. Pero por ahora nos parece un momento apropiado para volver a nuestros archivos con una de nuestras historias favoritas. Hoy traemos una historia que investigó Levi Bridges.

Y empieza con Mauricio Hernández, un mexicano de cuarenta y pico años.

Mauricio Hernández: Yo soñaba con estar en la televisión, ese era mi sueño.

Daniel: Mauricio creció en el D.F., en una familia de clase media. Cuando tenía 15 años, decidió -como tantos otros- cruzar la frontera de Estados Unidos para ver si lograba su sueño de hacerse famoso.

Mauricio: La primera vez la cruzamos, eh, como todos, corriendo, porque todavía no estaba la valla, todavía no estaba la reja, de hecho la estaban haciendo. Y yo recuerdo que fallamos dos veces, dos veces nos agarraron.

Daniel: A Mauricio y a su hermano los deportaron ambas veces, pero finalmente lo lograron al tercer intento. La historia de Mauricio es como la de muchos mexicanos que cruzan al norte buscando el sueño americano. No todos logran el sueño, claro. Mauricio sí. Pero lo hizo del lado de la frontera menos esperado.

— Daniel: Mauricio y su hermano llegaron en 1991 a Los Ángeles, California. En plena adolescencia y sin haber salido de México nunca, todo le impresionó muchísimo.

Mauricio: Siempre fueron nuevas cosas, nuevas culturas, nuevas actitudes…

Nuevo lenguaje, nuevas tiendas, nuevos productos, nueva comida. Como volver a nacer.

Daniel: Una de las cosas que más le llamó la atención fue la cultura popular. Era la época de los raperos, como Snoop Dogg, Dr. Dre, y de los carros Lowrider: eran cadillacs con una suspensión hidráulica que los hace brincar. A los jóvenes les encantaba ver estos lowriders en los vídeos musicales de los raperos que salían en MTV. Y Mauricio no era la excepción.

Mauricio estudió dos años en la preparatoria pero nunca se graduó. Tuvo varios trabajos: en un hospital, en una repostería… y a los 17 años se enamoró de una mexicana indocumentada como él, que llevaba tres años en Los Ángeles. Se fueron a vivir juntos.

Y tuvieron tres hijos.

Los Ángeles era el sitio ideal para alguien que soñaba salir en televisión. Pero este sueño se alejaba cada vez más. Mauricio tenía que trabajar para sostener a su familia.

Empezó a trabajar como mecánico en un taller de carros cuando ya tenía sus dos primeros hijos y vivía con su novia. Ganaba más dinero en el taller que en sus trabajos anteriores y lo disfrutaba bastante. Pero como era inmigrante, usualmente le tocaban las peores tareas, las que no tenían nada que ver con los carros. Lo primero que le pusieron a hacer fue barrer.

Mauricio: Pues fui como que el patito feo de taller. No, siempre el que barre es no la peor persona, pero pues el que más todos le hacen bullying, ¿no? O sea el barrendero, el limpia cacas, “haz esto, limpia el baño, recoge la basura”.

Daniel: Pero Mauricio no se desanimaba. Trabajaba jornadas muy largas y pasó por varios talleres…y de cada uno salía con nuevas habilidades:

Mauricio: Lavar autos autos, pulir autos, lijar autos, preparar autos. Y después aprendí a hojalatearlos, empastarlos, armarlos y desarmarlos…

Daniel: Hasta ese momento, Mauricio era un mecánico como cualquier otro. Pero en el 2004, llegó al taller de Ryan Friedlinghaus, el dueño a nivel internacional de la marca West Coast Customs.

Más que una marca, West Coast Customs es uno de los talleres más famosos del mundo. Hoy en día tiene franquicias en países como Rusia, Alemania, y Japón, entre otros. Ryan le dio trabajo a Mauricio y lo puso a pulir y lijar carros.

Mauricio trabajaba tantas horas que a menudo pasaba la noche solo en el taller. En esa época, Ryan estaba a punto de divorciarse. Cuando discutía con su esposa, Ryan llegaba al taller para refugiarse de sus problemas, y a Mauricio le tocaba consolarlo.

Mauricio: Me tocó ver a Ryan llorar, abrazarlo cuando tenía momentos muy difíciles…

Daniel: Mauricio y Ryan se hicieron amigos. Ryan puso a Mauricio a entregarle las llaves a los clientes cuando sus carros estuvieran listos. Pero es que no eran clientes comunes y corrientes. Para finales de los 90, West Coast Customs estaba tan de moda en Los Ángeles que la gran mayoría de sus clientes eran actores, cantantes y deportistas famosos.

Mauricio: Snoop Dogg, Paris Hilton, Shaquille O'Neal, Kobe Bryant, Sylvester Stalone.

Daniel: Mauricio se convirtió en el hojalatero de estos famosos, y, de paso, también se convirtió en una figura importante dentro del taller.

Mauricio: Yo llegué a ser casi su mano derecha de Ryan. A mí Ryan me llegó a dejar las llaves del taller en Corona, California, así, tal cual, con los ojos cerrados.

Daniel: Le iba muy bien como mecánico, pero jamás se imaginó que ese trabajo lo iba a llevar a la televisión.

Daniel: A principios del 2004, justo cuando comenzaba a trabajar en el taller, el canal MTV seleccionó a West Coast Customs como escenario de un nuevo reality. Se iba a llamar “Pimp My Ride,” y sería uno de los primeros reality shows de Estados Unidos.

El formato del programa era sencillo: cada semana elegían a alguien que manejaba una porquería de carro y el equipo de West Coast lo arreglaba. No solo le ponían nuevos rines, tapicería excéntrica, y sistemas de sonido. No. También le añadían cosas nuevas, tan fantásticas como absurdas: una televisión en el asiento de atrás. Eran los 90s, y eso no era nada común- o una pecera gigante que llenaba todo el baúl. Y uno de los que hacía todas estas modificaciones era Mauricio.

Pero casi nunca salía en televisión.

Mauricio: Pero siempre estuve behind the scene, atrás de cámaras. Nunca estuve en frente, siempre fui el hojalatero. Siempre fui el preparador. Nunca fui la estrella del show.

Daniel: A pesar de esto, el trabajo que hacía era fundamental para el programa y él se sentía orgulloso de hacerlo. Cada lunes llegaba otro carro destartalado, y Mauricio tenía hasta el viernes para modificarlo completamente y dejarlo listo para la grabación.

Mauricio: Pues tal vez trabajábamos diarias unas 10, 12 horas. Siempre, siempre trabajamos.

Daniel: Y Mauricio tuvo que hacer sacrificios muy grandes.

Mauricio: Yo perdí la verdad muchas cosas de mis hijos porque estaba yo trabajando. La infancia de ellos, verlos crecer, la escuela.

Daniel: Solo pasaba los domingos con sus hijos. Pero veía la vida cómoda que les podía dar y sentía satisfacción. Un departamento de lujo, dos autos, viajes a Disney, todo gracias a su trabajo en West Coast. Pero para su pareja, esto no era suficiente.

Mauricio: Mi pareja me dijo que escogiera. O West Coast o mi familia y escogí West Coast. Quise seguir trabajando. Porque había cumplido un sueño que era estar en la televisión, aunque no estaba yo de protagonista pero estaba haciendo lo que me gustaba que eran los carros.

Daniel: Por eso siguió arreglando carros para “Pimp My Ride”, a pesar de que todavía no tenía permiso para estar ni trabajar en Estados Unidos. Pero no era el único. Había alrededor de 10 mecánicos sin papeles. Mauricio dice que a nadie de MTV parecía importarle que fueran indocumentados, porque oficialmente eran empleados de Ryan.

Mauricio: A nosotros nos pagaba Ryan, no nos pagaba MTV, y Ryan nos pagaba cash. Nunca recibimos beneficios, ni… de nada, ni médico, ni social security, nada.

Daniel: Por eso no le daba miedo trabajar en un programa de MTV, uno de los canales más conocidos de Estados Unidos. Al contrario. Los compañeros americanos del taller bromeaban con todos los indocumentados.

Mauricio: Nos decían que ya viene la migra y nos gritaban porque éramos puro ilegal trabajando en televisión. Era chistoso

Daniel: Un día, alguien mucho más importante que la migra llegó al taller.

Arnold Schwarzenegger: Hi, this is governor Arnold Schwarzenegger of the great state of California…

Daniel: Schwarzenegger salió en la sexta temporada de Pimp My Ride, en el 2007. Cuando era gobernador, había vetado una ley que habría permitido que los indocumentados de California sacaran una licencia de conducir. Y un año después de salir en el show, Schwarzenegger regresó a West Coast para que modificaran su carro personal.

Mauricio: Y lo mas chistoso fue cuando llegó Arnold Schwarzenegger y me toco manejar su carro y entregárselo yo manejando. Eso me dio gusto. Dije, mira, tú que andas haciendo que nadie maneja carros sin licencia ni papeles, y yo no tengo papeles ni licencia y maneje tu carro. Y yo te lo di.

Daniel: Cuatro años después del primer episodio de Pimp My Ride, Ryan creó un reality show sobre la vida cotidiana de los trabajadores de West Coast, incluyendo a Mauricio, claro. El programa se llamó Street Customs, y salió a nivel nacional por los canales TLC y Discovery Channel.

Mauricio rápidamente pasó a ser uno de los personajes más importantes de Street Customs, sobre todo por su apariencia. Siempre llevaba una pantaloneta larga y playeras que le quedaban grandes, que era la moda del momento en Los Ángeles. También llevaba el pelo largo, al estilo rasta, con dreads que le llegaban a la cintura. Su buena onda, y su imagen lo hacían ver como un personaje simpático, divertido, chistoso.

Mientras los jóvenes que lo veían en la televisión querían ser sus amigos e invitarlo a sus fiestas, muchos políticos -gente como Schwarzenegger- trataban a los latinos como intrusos. Pero a través de este programa Mauricio creó un personaje que funcionó como puente entre la comunidad gringa y la latina.

En el 2009 un inversionista mexicano llegó a West Coast. Como hablaba español, los otros trabajadores mandaron a Mauricio a preguntarle:

Mauricio: ¿Tú qué quieres, no?

Daniel: El mexicano quería abrir una franquicia de West Coast en su país. Tardaron seis meses en llegar a un acuerdo, con Mauricio sirviendo de traductor y pieza clave durante toda la negociación. No sabemos la cifra exacta que acordaron, pero según Mauricio, fue alta.

Mauricio: Yo estuve al pie del cañón tratando de vender porque yo pensé que me iba a tocar algo.

Daniel: Ryan aceptó la oferta, pero Mauricio no recibió ni un peso de comisión, que era lo que esperaba. Aun así, tampoco se fue con las manos vacías.

Mauricio: Querían que alguien viniera a México a montar el taller y a decirles cómo hacer el programa de televisión.

Daniel: Y Mauricio era la persona ideal. Conocía México. Hablaba español. Y había estado en cuatro temporadas de Pimp My Ride. Por eso le propusieron que se fuera para México para crear la versión en español que se llamaría Tunéame la nave.

Mauricio: Y al principio no quería…

Daniel: Tenía miedo de que el programa en México fracasara. Aún peor, pensaba que si salía de Estados Unidos, nunca podría regresar. Pero después de pensarlo mejor le pareció una buena oportunidad. Hizo un trato con Ryan, y puso sus propias condiciones.

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