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¿Qué quiere JOE BIDEN de LATINOAMÉRICA? - VisualPolitik

No vengáis, no vengáis.

Queridos amigos, amigas, las relaciones entre Estados Unidos y Latinoamérica nunca fueron

fáciles, no siempre han sido cordiales y no está del todo claro cuál de las dos partes

ha tenido habitualmente menos ilusión por ir de la mano con la otra.

Dicho de otra forma, esta relación ha sido siempre menos romántica que una película

de Sylvester Stallone.

Desde principios del siglo XX el único interés que Washington ha tenido en sus vecinos del

sur ha sido casi en exclusiva el de alinearlos a sus propios intereses geopolíticos e ideológicos.

Algo que se vio reforzado a partir de los años sesenta con la llegada del comunismo

a Cuba en plena Guerra Fría.

Desde entonces, Washington no dudó en apoyar a cuantos dictadores, grupos paramilitares

o malhechores estuvieran dispuestos a cuadrarse ante el tío Sam.

Fuera como fuese , lo cierto es que el papel o la injerencia de Estados Unidos ha pasado

por diferentes etapas.

La última la del expresidente Donald Trump fue quizás una de las más distantes de todas.

Y eso que dejó declaraciones como esta:

("Cuando Venezuela sea libre, y Cuba sea libre, y Nicaragua sea libre, este se convertirá

en el primer hemisferio libre en toda la historia de la humanidad.

Ha llegado la última hora del socialismo en nuestro hemisferio [...] Los días del

socialismo están contados.

No solo en Venezuela sino en Nicaragua y en Cuba”.

Donald Trump)

Sin embargo, llegada la hora de la verdad… Cómo expresarlo.

Digamos que Trump nunca llegó a manifestar mucho interés por Latinoamérica.

Al menos no un interés mayor que el que tiene un vegano por un chuletón de kilo y medio.

Pero, un momento, porque ahora las cosas han cambiado: hay un nuevo inquilino en la Casa

Blanca.

Un presidente con ideas y experiencias muy distintas y del que se espera intente jugar

de nuevo las cartas de la disputada competición latinoamericana.

Por eso, en VisualPolitik nos hemos hecho unas cuantas preguntas:

¿Qué cambios puede traer consigo la nueva Administración?

¿Más allá de la cuestión mexicana que tiene un rol propio, cuáles son los temas

clave que están sobre la mesa?

Y quizás la pregunta más importante de todas: ¿Qué pasa con China?

¿Volverá Latinoamérica a convertirse en el campo de juego de una nueva contienda global?

Atentos.

(Por cierto, si queréis saber más sobre Latinoamérica no os perdáis Latampolitik,

nuestra newsletter dedicada exclusivamente a esta región.

Os dejo toda la información en la descripción.)

(MOCHILA AL HOMBRO)

Amigos, durante las últimas elecciones presidenciales de los Estados Unidos, dos de cada tres latinos

votaron por Joe Biden.

Sin embargo, no, esa no es ni mucho menos la principal razón por la que se espera que

Latinoamérica adquiera más peso en la política exterior norteamericana.

Lo cierto es que Joe Biden es el inquilino del Despacho Oval que más conocimiento tiene

sobre la región.

Para que os hagáis una idea, tan sólo durante su etapa como Vicepresidente de Barack Obama,

Biden visitó la región ni más ni menos que en 16 ocasiones.

Nunca antes un presidente o un vicepresidente había visitado tantas veces América Latina.

Y...

Lógicamente eso no es algo anecdótico.

Si Donald Trump consideraba a la región como algo insignificante, por así decirlo, una

especie de pozo que solo le daba quebraderos de cabeza, para Biden es un escenario en juego

que además conoce de primera mano.

Y para bien o para mal eso es algo que se ha manifestado desde el primer momento.

Por ejemplo, ha nombrado Juan Sebastían Gonzalez, un tipo nacido en Colombia, como el nuevo

Director de Asuntos Hemisféricos en el Consejo de Seguridad Nacional, esto es, el hombre

fuerte del Presidente para los asuntos de Latinoamérica.

Pero, por supuesto, los cambios no se limitaron a un nombramiento.

Prácticamente nada más aterrizar en la Casa Blanca el nuevo equipo anunció cambios importantes:

(En primer lugar la Administración Biden abandona la política planteada por Trump

de un segundo eje del mal integrado por Venezuela, Cuba y Nicaragua.

Lo que, según parece, significa que la cuestión venezolana o cubana ya no serán la única

preocupación de Washington.

Es decir, para entendernos, que formar parte del frente común contra este eje del mal

ya no eximirá de las posibles críticas del gigante norteamericano.

Eso es por ejemplo lo que ocurrió nada más llegar al poder el nuevo equipo de la Secretaría

de Estado cuando hizo público que seguía de cerca el intento del Congreso de Guatemala

de colocar en la Corte Constitucional a un juez acusado de obstrucción a la justicia;

o también cuándo han manifestado su inquietud por la violencia contra activistas por los

derechos humanos en Colombia.)

En segundo lugar, se anunció que Cuba será excluida de la lista de estados patrocinadores

del terrorismo.

Luego veremos la cuestión con más detalle.

Y la tercera decisión que rápidamente tomó el nuevo equipo de gobierno fue acordar la

concesión del Estatus de protección temporal a más 300 mil venezolanos exiliados.

Es decir, en otras palabras, que todo apunta a que veremos una Administración mucho más

activa, exigente e intrusiva en los asuntos locales.

Pero, por supuesto, los dos primeros temas, los dos temas estrella en la agenda latinoamericana

de absolutamente todos los presidentes de Estados Unidos desde hace ya varias décadas

no son otros que la inmigración y la lucha contra el narcotráfico.

Así que la primera pregunta que nos podemos hacer es, ¿Exactamente, cuál es la posición

de la Administración Biden respecto a la inmigración y el narcotráfico?

Pues… Atentos.

(INMIGRACIÓN Y NARCOS AL CUADRADO)

Donald Trump fue uno de los presidentes de Estados Unidos más hostiles a la inmigración

de las últimas décadas.

Y eso es algo que Joe Biden ha dicho por activa y por pasiva se va a terminar.

Claro que la consecuencia de lanzar ese tipo de mensajes puede ser exactamente la que no

quieres:

(22 de marzo: La frontera sur saturada: así se llegó a la primera crisis migratoria de

la era Biden.

El País)

Amigos, el impacto de la pandemia en países ya de por sí muy pobres junto a la nueva

posición de la Administración Biden sobre la inmigración y algunas medidas que han

tomado como por ejemplo la suspensión de la política “quedate en México”, que

obligaba a los solicitantes de asilo en Estados Unidos a permanecer en el país mexicano hasta

regularizar su situación han provocado una nueva ola migratoria.

(17 de marzo del 2021: “Estamos en vías de registrar más personas en la frontera

sur que en los últimos 20 años”.

Alejandro Mayorkas, jefe del Departamento de Seguridad Interior.)

(“Lo ven como el presidente de los migrantes, y por eso muchos sienten que van a llegar

a Estados Unidos”.

Andrés Manuel López Obrador, Presidente de México)

Por ejemplo, la decisión de no deportar a los menores no acompañados, pues, ha provocado

que estos lleguen en masa.

(“La cifra de menores no acompañados que llegan a EE.

UU. marca récords.

Cerca de 19.000 niños migrantes sin acompañantes llegaron a Estados Unidos tras cruzar la frontera

con México, durante marzo.

Se trata de la mayor cifra mensual que jamás se haya registrado en el país”.

France24)

Y claro, es entonces cuando de repente nos encontramos con mensajes como estos:

("No vengan", pide Joe Biden a migrantes.

El presidente estadounidense instó a los indocumentados que protagonizan la última

oleada migratoria que se queden en sus países.DW) Pero, la

pregunta es, ¿Qué planes concretos tiene en mente el nuevo gobierno para enfrentarse

a este problema?

Y otra cuestión importante: ¿Por qué demonios hablamos de inmigración si este es un vídeo

sobre Biden y Latinoamérica?

Pues queridos amigos la razón tiene que ver con la nueva estrategia de la Casa Blanca.

Digamos que el nuevo planteamiento del gobierno de Estados Unidos es que tanto la inmigración

como en buena medida la proliferación del narcotráfico tiene que ver esencialmente

con la situación local de procedencia.

Esto es, con la falta de oportunidades, la ausencia de seguridad y la poca fortaleza

de las instituciones locales para hacer frente a los problemas.

Y entienden que es exactamente en estos puntos dónde tienen que trabajar.

Por ejemplo, cuando hablamos de inmigración, además de México, hablamos necesariamente

de lo que Estados Unidos denomina “el triángulo norte”: Guatemala, El Salvador y Honduras.

Son 3 de los países más pobres de Latinoamérica.

Países con problemas muy pero que muy serios: altísimas tasas de violencia, pandillas,

corrupción masiva e incluso políticos con lazos directos con el narcotráfico.

Ahí está, por ejemplo, el caso del mismísimo presidente de Honduras, Juan Orlando Hernández,

del que ya os hemos hablado en varias ocasiones en VisualPolitik.

(De esta forma el planteamiento de Washington es que si las condiciones de vida mejoran

en estos países, entonces, habrá menos inmigración irregular y también será más fácil controlar

el narcotráfico.

Por eso Biden apuesta por retomar la estrategia que Barack Obama puso en marcha en 2016: la

conocida como Alianza para la Prosperidad del Triángulo Norte.

Un programa que recibió 750 millones de dólares en 2016 pero que luego bajo la Administración

Trump se fue reduciendo año tras año.

En total el presupuesto asignado superó los 2.000 millones de dólares entre 2016 y 2020.

Un dinero que supuestamente se utilizó para financiar proyectos para impulsar el desarrollo

y mejorar las condiciones de vida locales.)

Pues bien, ahora Joe Biden ha presentado un plan para impulsar de nuevo esta política

con 4.000 millones de dólares durante cuatro años.

1.000 millones por año.

Un plan al frente del cual ha situado a la vicepresidenta Kamal Harris, que es exactamente

lo que Obama hizo con el propio Biden.

(“Cuando fui vicepresidente, me centré en proporcionar la ayuda necesaria para abordar

estas causas fundamentales de la migración.

Ayudó a mantener a la gente en sus propios países en lugar de obligarla a marcharse.

Nuestro plan funcionó”.

Joe Biden.)

El problema, amigos, es que no está claro que el programa realmente funcionara.

La idea tenía sentido pero lo cierto es que los resultados fueron muy pobres.

Durante 2019 y 2020 las inmigración a Estados Unidos se ha disparado de nuevo y, por ejemplo,

en Guatemala, un país que ha recibido más de 1.600 millones de dólares en ayuda de

Estados Unidos durante los últimos 10 años, los índices de pobreza han aumentado, la

desnutrición es un problema real y la corrupción campa a sus anchas.

Quizás el problema es que el plan estuviera mal planteado.

Por ejemplo, se calcula que las empresas que lo pilotaban se quedaban con cerca del 50%

del presupuesto en conceptos como salarios y gastos burocráticos.

(“Es un negocio.

Los mismos ejecutores ganan los contratos una y otra vez, a pesar de haber sido malos

ejecutores en el pasado, sin mostrar ningún nivel de impacto y sin cambiar nada”.

Carlos Ponce, Profesor de Gestión Empresarial en la Universidad de Columbia)

Pero de todo esto hablaremos largo y tendido en un próximo vídeo que ya estamos preparando

y que estamos convencidos no te dejará indiferentes, así que, ya sabes, no olvides suscribirte

a VisualPolitik si aún no lo has hecho.

Luego, en Colombia, el epicentro junto a México del problema de los narcóticos, Biden ha

pedido al Congreso elevar hasta los 453 millones de dólares anuales la ayuda anual para luchar

contra el narcotráfico.

Una cantidad sustancialmente superior a la media de 330 millones destinada por Trump

durante sus últimos 3 presupuestos.

Una política de dotación de fondos que encaja con esa visión más intervencionista que

parece defender la nueva Casa Blanca en su continente hermano.

Pero, por supuesto, aquí no queda todo.

(SUEÑOS DE CARACAS Y LA HABANA)

La política hacia Cuba es siempre una de las más controvertidas y con más coste político

de toda la diplomacia norteamericana.

No olvidéis, sin ir más lejos, lo que ocurrió en las pasadas elecciones presidenciales del

2020, cuando la minoría cubana en Florida le dio la espalda al Presidente y se inclinó

mayoritariamente por Trump.

Y lo hizo porque Biden está dispuesto a retomar la política de distensión que en su día

ya puso en marcha Barack Obama y que fue conocida como la “diplomacia del Béisbol”.

Sin embargo, parece que Biden aprendió la lección cuándo Obama tendió la mano al

régimen castrista en busca de un cambio y este casi le muerde la mano.

De esta forma, parece que la posición será bastante pasiva: es decir, que muevan ficha

en la Habana y sean ellos quienes demuestren activamente que están dispuestos a iniciar

una cierta transición política y económica.

Aún así, lo que si quiere hacer la Casa Blanca es dejar la puerta abierta.

(El equipo de Biden tiene decidido revertir la inclusión de Cuba en la lista de países

patrcinadores del terrorismo que llevó a cabo en sus últimas días de mandato la Administración

Trump.

Asimismo también se da por hecho que frenará la puesta en marcha de la Ley Helms-Burton

cuyo título III permite que los ciudadanos norteamericanos demanden a las empresas internacionales

que utilicen o se beneficien de las propiedades confiscadas por el régimen de Fidel Castro.

Esta es una norma, que fue suspendida desde 1996, por todos los presidentes pero que Trump

decidió activar como medida en 2019,

Asimismo, ante la mala situación de la economía cubana y para impulsar la apertura, el equipo

de Biden pretende levantar los límites que existen a las remesas y los viajes a la isla.)

Y respecto a Venezuela, tres cuartas partes de lo mismo.

Que sean ellos quienes muevan ficha.

Pero dicho esto, más allá del cada vez más debilitado bloque cubano-venezolano y junto

a la política respecto a Centro América hay otra cuestión que preocupa y mucho en

Washington:

Ni más ni menos que el miedo a la influencia china.

(LA CONQUISTA DE ORIENTE)

Si hay un tema que últimamente hace saltar todas las alarmas en Washington ese es precisamente

el de la influencia china en el resto del mundo.

No importa si hablamos del Pacífico, de África, de Europa o de Latinoamérica.

Y lo cierto es que en los últimos años la influencia china en esta región no ha parado

de crecer.

China devora literalmente las materias primas de la región,ha invertido mucho en sectores

como la energía, las autopistas o los puertos.

Y eso parece ser lo que ahora Biden quiere contrarrestar.

(“La estrategia de Biden será ofrecer financiamiento alternativo para sectores críticos de infraestructura

que incluya aspectos claves como las telecomunicaciones”.

Benjamin Gedan, director del Programa Latinoamericano del Wilson Center)

Sin embargo, un momento, porque la jugada más importante para contrarrestar el creciente

peso de China en la región y al mismo tiempo apoyar a los países más próximos a Estados

Unidos no sería otro que regresar al TPP, ahora conocido como CPTPP.

El acuerdo de libre comercio transpacífico más avanzado al que por ejemplo, como ya

os contamos, incluso el Reino Unido ha pedido su adhesión.

Y eso es, exactamente, con lo que ahora se especula en Washington.

ntegrarse de nuevo en este acuerdo comercial tendría dos consecuencias directas: un espaldarazo

a la Alianza del Pacífico, cuyos integrantes forman parte de este acuerdo y estrechar los

lazos entre Estados Unidos y Latinoamérica.

Además supondría poner punto y final a una de las políticas más características de

la era Trump: la del proteccionismo comercial.

Queridos amigos, amigas, estos son los principales temas que están en la agenda latinoamericana

de Joe Biden.

Y llegados hasta aquí, pregunta para tí: ¿Qué crees que supondrá la Administración

Biden para Latinoamérica?

¿Cuál será su influencia?

Déjanos tu respuesta en los comentarios y ya sabes, si este vídeo te ha resultado interesante

no olvides darle a like y suscribirte a VisualPolitik.

Muchas gracias por estar ahí.

Un saludo y hasta la próxima

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