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NPR Radio Ambulante, Perdido en San José (1) – Text to read

NPR Radio Ambulante, Perdido en San José (1)

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Perdido en San José (1)

DANIEL ALARCÓN, HOST:

Bienvenidos a Radio Ambulante, desde NPR. Soy Daniel Alarcón.

Las direcciones en Costa Rica son un enigma.

SERGIO: De la casa de Pollo Macho, la esquina que va a dar a la iglesia de La Agonía, subiendo como 300 hacia el estadio.

ANDREA: Cien metros oeste y 200 norte del restaurante Jarra Garibaldi.

CAMILO: De la iglesia de Sabanilla, un kilómetro al este, 100 sur, 25 este. Es la cuarta casa a mano izquierda, verjas café, casa amarilla, ¿verdad?

ANA: De la iglesia católica del Porvenir 50 metros norte, 250 metros este, casa a mano derecha de dos pisos.

GUSTAVO: Del palo de mango, siga directo hasta topar con malla, gire a la derecha y a la par del abastecedor del chino.

DANIELA: Usted va carretera hacia Guanacaste, entonces... ¿conoce el restaurante Caballo Blanco? OK, abajo hay otro restaurante chiquitito. Ahí dobla a la derecha y sigue como por tres kilómetros y ya llega a mi casa. Y yo, como: “Mmm, OK. Súper fácil”.

ALARCÓN: Súper fácil. Los mismos ticos lo admiten: la forma de dar las direcciones es...

MUJER 1: Pésima.

HOMBRE 1: Muy mal.

HOMBRE 2: Súper complicado.

HOMBRE 3: Híjole (risa).

HOMBRE 4: No lo hacemos formalmente.

MUJER 2: Es difícil. Las personas cuesta mucho que conozcan los puntos cardinales y demás.

MUJER 3: Uno da como direcciones, como por un punto de referencia.

HOMBRE 5: El sistema de dar direcciones es a la tica, nada más, a la tica. No es lo normal.

ALARCÓN: No se usa un sistema de rótulos de avenidas y calles en la mayor parte del país. Lo que se usa son puntos de referencia como parques, restaurantes, iglesias, bares —muchos bares. A veces, incluso son lugares que ya no existen.

Pero es más que eso. Cuando hay suerte, las direcciones incluyen norte, sur, este y oeste, pero la mayoría de veces solo hay arriba y abajo, subiendo y bajando, adelante o atrás, derecha o izquierda. Todos relativos a la persona que esté hablando y a la que esté escuchando.

Aquí en Radio Ambulante vivimos fascinados con cómo hacen los ticos para llegar a los lugares. Parece una tarea imposible y aún así, casi siempre lo logran. Tal vez después de unas cuantas llamadas telefónicas a la persona que les dio la dirección.

La pregunta es: ¿por qué? ¿Por qué los ticos nunca adoptaron un sistema formal de direcciones? Nuestro editor Luis Fernando Vargas nació y creció en medio de este laberinto. Entonces le pedimos que nos lo explicara.

Aquí Luis Fernando.

LUIS FERNANDO VARGAS: Hablemos de un trabajo muy difícil en Costa Rica: ser cartero.

No solo tienes que lidiar con el tráfico terrible de la ciudad y la posibilidad de que te roben, sino también con direcciones como las que oímos antes. Debo aclarar que sí existen calles y avenidas con nombres y números. En teoría, pero en la práctica, nada que ver. Nunca se usan.

JONATHAN ARAYA: Que le dicen del balcón verde, kilómetro y medio al oeste y nada más ponen “casa rosada”.

ROOSEVELT ROJAS: Del estadio Ricardo Saprissa, 1000 al este y 50 este. Casa amarilla.

ARAYA: Del Tennis Club, en Sabana, tres cuadras largas, hacia donde se oculta el sol (risas).

ROJAS: Barrio Virginia, un kilómetro por la ruta 32. Y no era un kilómetro, eran diez kilómetros.

VARGAS: Ellos son Jonathan Araya y Roosevelt Rojas. Dos carteros de la empresa Correos de Costa Rica. Todos los días lidian con esos enredos mentales que se hacen los ticos. Está clarísimo: alguien sin experiencia quizá lograría entregar una carta al día. No más. Es que cada carta, cada paquete que tienen que entregar es como descifrar el mapa de un tesoro. Solo que la recompensa al final, es la siguiente entrega, para seguir con otro dolor de cabeza.

Aunque suene tonto, la manera en que damos las direcciones es un problema grave para la institución. El mismo gerente de operaciones, Geovanny Campos, lo dice:

GEOVANNY CAMPOS: Sin duda alguna, al menos desde mi punto de vista, la mayor limitante operativa que nosotros tenemos es el no contar con un sistema adecuado de direcciones que se vea reflejado en cada uno de los envíos, en cada uno de los paquetes, en cada una de las encomiendas que nosotros manejamos.

VARGAS: Hay un porcentaje altísimo de devolución de paquetes y cartas porque, a veces, simplemente las direcciones son imposibles de descifrar.

CAMPOS: Ronda entre el 18 y el 20 por ciento de… de envíos que no son entregables.

VARGAS: Pero Geovanny dice que esa cifra sería casi el doble si los carteros devolvieran todos los envíos que no tienen una dirección correcta o completa.

CAMPOS: Eso se debe a que el cartero, por el conocimiento que ya él va desarrollando con el paso de los meses, especialmente con el paso de los años, logra entregar los paquetes solamente con la referencia de la persona, con el nombre de la persona.

VARGAS: Bueno, el nombre de la persona y del barrio y del municipio, como mínimo. Tampoco es que sean adivinos. Costa Rica es un país de cinco millones de personas, imagínense cuántos Luis Vargas deben haber.

Pero Geovanny se refiere a que los carteros trabajan en zonas fijas. Y a veces recorren esos lugares durante años. Entonces no es raro que lleguen a conocer por nombre a los vecinos de los diferentes barrios en los que trabajan. Porque andar preguntándole a la gente por Juan Pérez o Benito Ventura se convierte en parte involuntaria de su trabajo. Es un mecanismo de supervivencia.

Otras veces, las cartas llegan por pura insistencia del cartero. Tomemos el caso de Jonathan Araya, a quien oímos hace unos momentos. La dirección que tenía que encontrar era esta:

ARAYA: De la Contraloría, 600 metros al sur y 400 metros al oeste.

VARGAS: Y hasta aquí suena medio normal, ¿no? O sea, el edificio de La Contraloría de la República es un lugar conocido, la dirección que le dieron tiene puntos cardinales y la distancia que tenía que recorrer. No es ideal, pero es manejable, buena para los estándares ticos. Hasta que le dieron un detalle más:

ARAYA: Y decía: “Casa que está al frente de la bolsa de basura”

VARGAS: No, pues, gran referencia. Esto funcionaría si es que existiera una sola bolsa de basura en el sector. Pero un día como lunes, donde todos sacan la basura, pues está bastante complicadito encontrar la casa, ¿no? Jonathan duró dos o tres días intentando dar con el lugar.

ARAYA: Entonces tenía que estar igual preguntando, preguntando, al salón comunal y todo. Un día me topé a un señor en la calle, le digo yo: “¿Es que usted no la conoce? Mira que….”. “Ay sí”, dice, “allá, donde está aquella bolsa de basura”. Digo yo: “Qué raro, ¿dónde será la bolsa de basura?”. Y era… (risas) una bolsa que estaba pegada en el portón, así como dibujada, decía: “Basura” (risas).

VARGAS: Un dibujo para indicarle a los vecinos que tenían que poner su basura ahí para que la recogieran. Clarísimo.

Generalmente Jonathan se toma bien estas cosas, hasta con risas. Aunque...

ARAYA: Uno como que se ofusca y dice: “Diay, cómo uno va a poder con esas direcciones, ¿verdad?”

VARGAS: Y con razón. Oigan este caso, de Roosevelt Rojas.

ROJAS: Yo tengo una dirección que todavía me llega, y me llega y la llevo porque la conozco, ¿verdad? Y le llegan envíos internacionales y de todo, ¿verdad? Cartas, de todo. Eh, “la casa de las mecedoras”, le ponen.

VARGAS: Pero no es un comercio que se llama así. Le están pidiendo que busque una casa donde hay unas mecedoras.

ROJAS: Ponen: “Del cementerio de Tibás, cogiendo para abajo, la casa de las mecedoras. Muro de ladrillo. Verjas rojas”. Y ya no tiene los ladrillos y ya las verjas son negras. Lo único que sigue existiendo ahí son las tres mecedoras.

VARGAS: Tres viejas mecedoras que ya ni sirven.

ROJAS: Diay, la primera vez que fui a buscar esa dirección, diay anduve casi que por todas Las Rosas en Tibás. Y eso, o sea, es inmenso. Y buscándolo, ah, porque esos son envíos internacionales. O sea, tienen que llegar.

VARGAS: Ejemplos absurdos hay demasiados. Geovanny Campos, que también fue cartero hace años, recuerda unos.

CAMPOS: Del frente de la playa, dos kilómetros y medio sobre la ruta. Casa con tapia con llantas pintadas de azul.

VARGAS: Como si Costa Rica no tuviera cientos de kilómetros de playa. Pero, además, ¿sobre cuál ruta? ¿Empezando dónde exactamente? O también está esta.

CAMPOS: Empresa X, del periódico La República, 12 kilómetros al norte.

VARGAS: OK, supongamos que se pueden contar 12 kilómetros, cuesta pero se puede. ¿Pero por cuál calle? Al norte hay varias, ¿saben? El país no tiene solo una carretera. Es chiquito, pero no tanto.

Mi dirección es: La Uruca, San José, del kínder Campanita 50 metros norte y 500 metros al este. O si quiero complicarme la vida, puedo decir de la antigua Canada Dry —una fábrica que cerró antes de que yo naciera—300 metros norte, 100 este, 50 norte y 500 este. Y hasta podría dar otras direcciones si quisiera.

Gaby Brenes, una compañera aquí en Radio Ambulante que también es tica, tiene una dirección igual de extraña.

GABY BRENES: San Antonio de Desamparados, 100 metros sur del pollo Granjero o 100 metros sur del muñeco de San Antonio de Desamparados.

VARGAS: El muñeco al que se refiere Gaby es... A ver, vamos a poner una imagen en la página web, para que lo vean, pero les cuento. No llega a la categoría de estatua, parece como esas figuras de Ronald McDonald más o menos, pero no es un payaso, sino un supuesto herrero con un delantal. Dicen en el barrio que tenía dos herramientas en la mano —un martillo y una pinza— pero ya no están, porque se las robaron. Hay que ver una imagen para entender lo absurdo que es.

Pero sigamos.

Gaby se acuerda que cuando estaba pequeña y sus papás le organizaban una fiesta de cumpleaños, la invitación que le daban a cada niño venía con un mapa.

BRENES: Mi papá hacía un croquis a mano. Entonces, iba dibujando calle por calle, hasta los semáforos, los cruces y lo que hacía uno es que en la casa escaneabas ese croquis, le sacabas copia y pegabas en cada invitación ese croquis en pequeñito, cortadito a mano y todo, pegado con goma.

VARGAS: Porque si no se entregaba el croquis, claro, ninguno de los invitados llegaba. Hay que aclarar que Gaby no vive en una zona rural, donde quizá un mapita de estos sería más normal, sino en plena capital, en un barrio residencial.

Para muchos de ustedes sonará complicado, pero para nosotros es natural. Vivimos no en un lugares específicos, sino en unos que dependen de la referencia a otros lugares. Los que sean necesarios para que la persona entienda y llegue a nuestra casa. Es tener miles de direcciones, como si fuera una ciudad movediza, de arena, un mapa siempre cambiante. No algo estático.

Mencioné al comienzo que sí existen calles con nombre o número. Se les asigna cuando se construyen y quedan registrados en documentos del Ministerio de Obras Públicas y Transportes. Podés verlos en Google Maps o cualquier sistema de GPS.

Pero de ahí no pasan. En el día a día, los ticos vivimos sin esta información. Es más, ni siquiera sabemos que existe. Nos acostumbramos a vivir sin rótulos para guiarnos, perdiéndonos, llegando tarde a todo lado porque no sabemos exactamente hacia dónde vamos.

La ciudad duró décadas sin rótulos de avenidas y calles, y sin números de casa. Estuvieron alguna vez, pero desaparecieron. Es más, a veces encontrás una placa pegada en una casa vieja, con algún número que sobrevivió a los años. Son reliquias, recuerdos de otra época a los que nadie les presta atención.

El porqué desaparecieron estos rótulos es complicado de saber con certeza. Fui a la Municipalidad de San José a preguntar y me dijeron que no sabían. También pregunté en el Catastro Nacional para ver si tenían alguna idea y tampoco. Nada.

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