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NPR Radio Ambulante, Hasta encontrarlo (2)

Hasta encontrarlo (2)

VARGAS: Emma no recuerda exactamente cuándo fue, pero los militares le mostraron un expediente con su foto, su nombre verdadero y la dirección de la casa de su familia. El ejército tenía la información porque ella había sido arrestada cinco años atrás, en la repartidera de volantes a la que Emma había llevado un arma.

Aun así, Emma siguió con su historia de ser solo un correo, a pesar de ser sometida a tortura y a violaciones individuales y colectivas. Al pasar los días, empezó a sentir que no aguantaría mucho más.

EMMA MOLINA THEISSEN: Uno sabe que lo van a matar. Eso no es discutible. Lo que uno trata es de proteger a la organización lo más que pueda. Pensaba que en algún momento por la tortura yo iba a hablar y entonces yo lo que trataba era de mantener hasta donde pudiera.

VARGAS: Al quinto día le propusieron un trato para dejarla libre: que hiciera una declaración pública en contra del movimiento, para desanimar a otros militantes y desarmar aún más el partido. Pero había una condición. Le dijeron:

EMMA MOLINA THEISSEN: “Nos tiene que entregar a todas aquellas personas que la conocen a usted, porque si no esas personas van a tomar represalias contra usted. Entonces, lo que estamos haciendo es protegerla a usted, ¿verdad?". Y yo les dije que sí, que aceptaba. Porque yo pensé en ese momento: si me sacan a entregar gente, alguien me va a ver.

VARGAS: El plan de los militares era llevarla a dar vueltas por Quetzaltenango para que Emma reconociera a los miembros del partido que anduvieran en la calle y así capturarlos. A los dos días, los militares hicieron que Emma se bañara y se pusiera ropa limpia. Era la primera vez que salía de esa habitación en seis días.

EMMA MOLINA THEISSEN: Me esposan y me meten a un carro donde íbamos como, tal vez, seis u ocho tipos armados hasta los dientes, rodeándome, en un vehículo militar.

VARGAS: No le vendaron los ojos y ahí se dio cuenta de que estaba en la base militar de Quetzaltenango. Manejaron hasta el centro y empezaron a recorrer las calles de la ciudad en el carro.

EMMA MOLINA THEISSEN: En ese trayecto que hubo pasamos enfrente de una gasolinera donde estaba este compañero que era mi pareja y él me ve. Y luego me llevan a… a un lugar que está por el Centro Universitario y me ve otro compañero.

VARGAS: Emma trató de mantener una expresión neutra.

EMMA MOLINA THEISSEN: Yo lo que hice fue tratar de que mi cara no dijera nada, de que yo los veía sin verlos, porque yo necesitaba que me vieran, pero que nada en mi cara delatara que yo los conocía.

VARGAS: Y también para tratar de comunicarles a ellos que no los estaba delatando. A las horas regresaron a la base. Emma le dijo a los soldados que no reconoció a nadie.

EMMA MOLINA THEISSEN: “No, yo no vi nada. No vi a nadie”. Y los tipos estaban furiosos.

VARGAS: La llevaron de nuevo a la habitación y la encadenaron. Pero algo cambió.

EMMA MOLINA THEISSEN: Esa noche no llegaron. Esa noche no me interrogaron. No me torturaron. No me violaron.

VARGAS: Tras días de violaciones y torturas diarias, completo silencio. Y al día siguiente, tampoco. Nada.

EMMA MOLINA THEISSEN: Y a mí me... me… me empieza angustiar que no llegan. Porque obviamente un cambio en esas circunstancias puede significar que ya decidieron que te van a matar y que ya en algún momento te van a ir a sacar y te van a pegar un tiro y te van a matar. O te van a llevar a otro lugar donde te van a torturar más. Entonces cualquier cambio tenía que ser peor.

VARGAS: Lo que más le daba miedo es que la enviaran a Ciudad de Guatemala. Pensaba que ahí la tortura iba a ser más cruel, que ahí sufriría mucho más antes de que la mataran. Porque en la capital estaba el centro de operaciones del ejército, con los verdaderos interrogadores y torturadores. Y ante esa posibilidad, al noveno día….

EMMA MOLINA THEISSEN: Entré en un estado como de locura. Y en ese estado de locura, es que yo logro zafarme los grilletes.

VARGAS: Trató de salir por la puerta, pero todavía tenía el candado. Entonces quitó el papel periódico que cubría la ventana y vio que no tenía barrotes. La podía abrir.

Salió por la ventana a un corredor. No había comido ni tomado agua desde que la capturaron. Estaba muy débil. Caminó hasta un salón y unos guardas la vieron. Pero extrañamente no le dijeron nada. Tal vez porque iba bien vestida. Recordemos que los militares le habían dado ropa y permiso de bañarse tan solo dos días antes.

Logró llegar hasta el portón de la entrada. Solo un guarda la separaba de la calle. Respiró profundo y caminó, tratando de disimular el dolor y el miedo. El guarda la detuvo y le dijo:

EMMA MOLINA THEISSEN: “¿Usted para dónde va?”. Yo le dije: “Para afuera. Para la calle”. “¿Y… Y quién le dijo que… quién le dio permiso para salir?” “El canche pelón de ahí adentro”, dije.

VARGAS: Canche, o sea, rubio. Uno de los hombres que interrogaba a Emma era rubio.

EMMA MOLINA THEISSEN: El tipo seguramente tenía algún cargo, algún puesto alto. Yo supongo, siempre he supuesto, que el tipo pensó que yo era alguna putilla que el tipo había entrado ahí o… Y me dejó pasar.

VARGAS: Sus piernas apenas le respondían. A como pudo, caminó hasta un parque cercano y tomó un taxi a la casa de la hermana de su novio.

EMMA MOLINA THEISSEN: Me dijo: “Quítate esa ropa”, me dijo. Me dio otra ropa. Me cortó el pelo. Me metí a bañarme y cuando salí y me vi en el espejo, yo dije: “Estoy viva. Logré escaparme. Logré salir de ahí”.

VARGAS: Después de nueve días encerrada. Fue un volver a respirar, un triunfo.

Para esconderla, la hermana de su novio la llevó a la casa de otro miembro del partido. Y a la mañana siguiente llamaron a la hermana de Emma, Ana Lucrecia.

ANA LUCRECIA MOLINA THEISSEN: Me pareció increíble. Me pareció... como tocar el cielo con las manos.

VARGAS: Ana Lucrecia había empezado a buscar a su hermana en hospitales y morgues apenas fue capturada, porque el novio de Emma la había llamado cuando no llegó a su casa nueve días antes. Fue una reacción casi instintiva darla por muerta. Por eso esta fue una noticia completamente inesperada, casi imposible: Emma estaba viva y a salvo.

ANA LUCRECIA MOLINA THEISSEN: Regresaba de una muerte segura. Entonces era prácticamente como vencer a la propia muerte.

VARGAS: Justo después de recibir la noticia, Ana Lucrecia fue a la casa de sus papás para contarles que Emma estaba bien. Cuando llegó a la casa no estaba su papá, solo estaban su mamá y Marco Antonio. La primera reacción de ellos fue como la de Lucrecia: alivio, y también asombro de que hubiera logrado escaparse.

ANA LUCRECIA MOLINA THEISSEN: Marco Antonio se puso muy contento y dijo que: “Qué buza Emma”.

VARGAS: Buza, o sea, inteligente, astuta.

ANA LUCRECIA MOLINA THEISSEN: Por haber logrado escaparse de… de donde fuera. No sabíamos exactamente en ese momento de donde... dónde la habían tenido.

Pero nos duró muy poco la satisfacción y la alegría de que la familia estuviera completa otra vez.

VARGAS: Menos de una hora después de que Ana Lucrecia salió de la casa, después de dar la buena noticia, tocaron la puerta. Fue ahí cuando secuestraron a Marco Antonio.

La familia unió las piezas del rompecabezas bastante rápido. Los hombres tenían que ser del ejército de Guatemala y estaban buscando a Emma. Y como no la encontraron, se llevaron a su hermano.

Marco Antonio Molina Theissen, el menor de cuatro hijos. Su familia lo recuerda como un adolescente normal, noble, como cualquier otro.

ANA LUCRECIA MOLINA THEISSEN: Era un muchacho inquieto, inteligente, que le gustaba andar en bicicleta con sus amigos, le gustaba estudiar, le gustaba dibujar.

EMMA MOLINA THEISSEN: Dibujaba monstruos y superhéroes y personajes históricos, pero los dibujaba en caricaturas.

VARGAS: Soñaba con ser arquitecto o ingeniero. Era fan de Star Wars y los cómics.

EMMA MOLINA THEISSEN: Él no había despertado a la pubertad, a todas las cuestiones, que las muchachitas… él todavía no, no estaba en eso. Y muy risueño, callado, no discutía, no… no era un carácter impositivo, ni contestatario, ni... ni respondón.

VARGAS: Era el consentido.

ANA LUCRECIA MOLINA THEISSEN: Una familia de niñas y de pronto llega un bebé y es un varón y era la felicidad para mi papá, para mi mamá, para nosotras. Yo tenía 11 años cuando él nació, entonces, era una niña que tenía un muñeco de carne y hueso. Ayudé a cuidarlo, a protegerlo. Le daba absolutamente todo lo que me pedía. Era el símbolo del amor en mi vida.

VARGAS: Ana Lucrecia recibió la noticia sobre el secuestro de Marco Antonio unas horas después, cuando se juntó con su prima, que le había estado ayudando a buscar a Emma. El papá de Ana Lucrecia había llamado a la prima para que le diera la noticia, porque su hija no tenía teléfono. Ana Lucrecia no lo podía creer. Los secuestros pasaban en las noches, en las madrugadas, no en plena luz del día.

ANA LUCRECIA MOLINA THEISSEN: Lo que sentí fue... que me moría. Siempre pienso que ese fue el momento de mi primera muerte. O sea, sencillamente me destruyeron como ser humano.

VARGAS: Lo primero que pensó es que Marco Antonio estaba muerto.

ANA LUCRECIA MOLINA THEISSEN: Él no les servía absolutamente nada. No podía darles ninguna información. Eh... ellos no estaban negociando. No estaban haciendo ninguna propuesta. Lo sentí como una represalia, como un castigo.

VARGAS: En ese momento, el mundo de la familia Molina Theissen se redujo a dos opciones, dos posibilidades opuestas. O quedarse callados, sin hacer nada y dejar que la pérdida de Marco Antonio los aplastara. O buscarlo, a pesar de todo, a pesar de lo que pudiera pasar, a pesar de lo que pudieran encontrar.

Los Molina Theissen decidieron continuar. Buscar a Marco Antonio. Pero tomaron una decisión difícil, tal vez una de las más difíciles de sus vidas: no le dijeron nada de lo que pasó a Emma. Ella estaba escondida en Quetzaltenango, mientras el partido planeaba su salida del país hacia México. Estaba completamente desconectada de su familia para protección de todos. No tenía manera de saber. Entonces, el razonamiento fue…

ANA LUCRECIA MOLINA THEISSEN: Si Emma se entera de que detuvieron y desaparecieron a Marco Antonio, ella va a ir y se va a entregar para que nos lo devuelvan.

VARGAS: ¿Y quién les garantizaba que de verdad eso iba a pasar, que sí lo iban a devolver?

ANA LUCRECIA MOLINA THEISSEN: O sea, no estabas frente a un enemigo honorable, en ningún sentido. No cabía absolutamente ningún trato de ninguna especie y la decisión fue: “Hay que protegerla”.

VARGAS: Inmediatamente después de que secuestraron a Marco Antonio, doña Emma y su esposo fueron a la a la Corte Suprema de Justicia.

MARÍA EUGENIA MOLINA THEISSEN: Pusieron dos recursos de amparo, pero por supuesto infructuosos.

VARGAS: Ella es María Eugenia, la otra hermana de Marco Antonio. María Eugenia no se involucró nunca en política, pero su esposo sí pertenecía al Partido Guatemalteco del Trabajo, el partido en que militaban sus hermanas, Ana Lucrecia y Emma, y era cercano a ellas. Ella recuerda que sus papás…

MARÍA EUGENIA MOLINA THEISSEN: Fueron a donde les dijeran que podía haber alguien que les pudiera ayudar.

DOÑA EMMA MOLINA THEISSEN: Siempre tratando de buscar a alguien que fuera autoridad directa de cuestiones militares y policiales. Pensando que… que ellos habían hecho eso y que ellos tenían que responder.

VARGAS: Fueron con el director de la Policía Nacional y él…

MARÍA EUGENIA MOLINA THEISSEN: Les dijo así con toda la desfachatez que la guerrilla seguramente se lo había llevado, que eran las respuestas que ellos daban.

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