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NPR Radio Ambulante, Hasta encontrarlo (1)

Hasta encontrarlo (1)

Ambulantes que hablan inglés y viven en Estados Unidos, el equipo de investigaciones de NPR necesita su voz. Quieren probar qué tan precisos son los algoritmos que convierten voz en texto cuando son usados por personas de diferentes acentos y procedencias. Me refiero a asistentes de voz como Siri o Alexa. Para el experimento les van a pedir grabar cosas divertidas y traten de no reírse. Si quieren sumarse visiten el enlace que dejamos en la descripción de este episodio. ¡Gracias!

Bienvenidos a Radio Ambulante, desde NPR. Soy Daniel Alarcón.

Empecemos por aquí: el 6 de octubre de 1981, en la colonia La Florida, Ciudad de Guatemala. Ahí vivía Marco Antonio Molina Theissen, un estudiante de 14 años. Estaba en casa con su mamá, doña Emma. Y pasado el mediodía…

DOÑA EMMA MOLINA THEISSEN: Tocaron la puerta y mi hijo salió a abrir.

ALARCÓN: Eran dos hombres vestidos de civil. Entraron violentamente a la casa. Ambos tenían pistolas. Uno de ellos atrapó a Marco Antonio.

DOÑA EMMA MOLINA THEISSEN: Y a mí me agarraron del brazo y ahí ya no me soltaron.

ALARCÓN: Le gritaron a Marco Antonio que fuera a buscar un rollo de cinta pegante. Y al regresar…

DOÑA EMMA MOLINA THEISSEN: Lo pusieron engrietado a un sillón de la sala.

ALARCÓN: Y le taparon la boca con esta cinta. Marco Antonio estaba pálido, en shock.

DOÑA EMMA MOLINA THEISSEN: Y a mí me agarraron y me llevaban de cuarto en cuarto, de habitación a habitación de la casa.

ALARCÓN: Estaban buscando algo o a alguien.

DOÑA EMMA MOLINA THEISSEN: Tiraron todo lo que pudieron. Registraron roperos. De ahí se llevaron una cámara y hallaron un álbum y se llevaron fotos de Emma.

ALARCÓN: Emma era una de las tres hermanas de Marco Antonio. Y después de coger las fotos...

DOÑA EMMA MOLINA THEISSEN: Me golpearon y me empujaron. Me metieron a mí en la primera habitación después de la sala donde tenían a Marco Antonio. Sacaron a Marco Antonio. Y entonces yo logré jalar y salí corriendo. Ya lo tenían metido en el pick up, metida la cabeza en un saco.

ALARCÓN: Uno de los hombres estaba sentado sobre Marco Antonio y el otro estaba en la calle.

DOÑA EMMA MOLINA THEISSEN: Y él solo se metió a la cabina y arrancó. Ya tenía el carro encendido. Y por más que yo grité, ya no...

ALARCÓN: Nadie en la calle hizo nada ante sus gritos de auxilio.

DOÑA EMMA MOLINA THEISSEN: Se queda uno que no sabe ni qué pensar. No sabe qué hacer. Nunca me imaginé, jamás, jamás supuse yo una barbaridad así.

ALARCÓN: Esa fue la última vez que doña Emma vio a su hijo. Durante casi cuatro décadas, la familia Molina Theissen ha intentado dar con el paradero de Marco Antonio. Una búsqueda dolorosa, extenuante. Una búsqueda representativa de una guerra violenta, sucia, que destruyó las vidas de miles de familias en Guatemala.

Nuestro editor Luis Fernando Vargas nos cuenta la historia.

LUIS FERNANDO VARGAS: Volveremos a la búsqueda de Marco Antonio un poco más tarde. Por ahora, quiero que entiendan por qué lo secuestraron. Y la clave está en las fotos de Emma que se llevaron los hombres. Estaban buscándola. Más tarde la familia se daría cuenta que eran agentes del ejército guatemalteco.

En 1981, el año en que secuestraron a Marco Antonio, Emma tenía apenas 21 años y era militante del área juvenil del Partido Guatemalteco del Trabajo —o el PGT— en Quetzaltenango, una ciudad a unas tres horas y media de la capital. Se encargaba de organizar los encuentros entre los militantes y de ser la representante de la ciudad en las reuniones importantes de la juventud del partido.

El PGT era uno de los varios grupos de izquierda que estaban activos en Guatemala durante los años setenta. Estaban animados por la Revolución Cubana, que había sucedido poco más de una década atrás. Sentían que el comunismo era la opción más justa, una opción tangible, en especial por los movimientos de izquierda que estaban sucediendo en El Salvador y Nicaragua.

Y, claro, este clima atrajo a una juventud guatemalteca desencantada por los gobiernos militares de derecha, los golpes de estado y la gran desigualdad que había —que todavía hay— en el país.

Emma quiso unirse a uno de estos grupos desde muy joven. En su casa, las injusticias sociales eran un tema de conversación recurrente. Esta es Emma.

EMMA MOLINA THEISSEN: Nosotras —mis hermanas y Marco Antonio y mi mamá misma— oíamos prácticamente todos los días a mi padre hablar de eso. Él vivía siempre muy preocupado por la gente pobre, la más pobre de los lugares donde él trabajaba.

VARGAS: El papá de Emma, que murió en 1994, era contador y fue despedido de varias empresas por sus luchas para mejorar las condiciones de trabajo de los empleados.

EMMA MOLINA THEISSEN: De verdad, él sufría pensando... y hasta de insomnio le daba pensar en qué va a hacer tal familia, qué va a hacer fulano, qué va a hacer la fulana con los problemas económicos que… que tenían. Entonces, bueno, eso por un lado, pues, nos hizo bastante sensibles a… a las necesidades de la gente más necesitada.

VARGAS: La hermana mayor de Emma, Ana Lucrecia, se había unido a la guerrilla las Fuerzas Armadas Rebeldes, uno de estos grupos de izquierda que había en el país en 1974, y Emma hizo lo mismo estando apenas en el colegio.

Ambas me dijeron que mientras estuvieron en la guerrilla nunca participaron en actos violentos o de terrorismo. Sus militancias consistían en ir a reuniones, discutir la realidad nacional, plantear posibles soluciones a los problemas que enfrentaba el país y discutir qué acciones podía tomar el grupo para crecer.

Pero Emma sí me confesó que una vez tuvo una pistola en su poder. Fue durante una repartidera de volantes en una comunidad y que terminó en su arresto por el cargo de “subversión”. Me dijo que se la dieron personas de las Fuerzas Armadas Rebeldes por su seguridad, aunque nunca la usó.

De todas formas, Emma y Ana Lucrecia no duraron mucho en las Fuerzas Armadas Rebeldes. Para 1977 —cuatro años antes del secuestro de Marco Antonio— ya se habían salido de la organización y se habían inscrito en el Partido Guatemalteco del Trabajo, que tenía los mismos ideales de justicia social.

En ese momento, Fernando Romeo Lucas García era el presidente de Guatemala. Era un militar de derecha.

EMMA MOLINA THEISSEN: A las órdenes de un grupo empresarial avorazado, injusto, discriminador, racista, terriblemente clasista.

VARGAS: Este es el entonces jefe del Estado Mayor del Ejército, Benedicto Lucas García, hermano del presidente, en una entrevista que dio en 1982.

(SOUNDBITE DE ARCHIVO)

BENEDICTO LUCAS GARCÍA: Usted sabe que aquí la clase… la extrema derecha es muy fuerte, es demasiado fuerte. Y es difícil competir con ella para poner un gobierno que tenga una línea de centro izquierda o… o sea centrista, ¿verdad?

VARGAS: Para ellos, la izquierda buscaba desestabilizar el país.

(SOUNDBITE DE ARCHIVO)

LUCAS GARCÍA: Necesitamos mejorar nuestra economía, mejorar nuestra agricultura. Pero eso es justamente el objetivo primordial que han estado atacando los subversivos para, eh... botar la economía y aparentar en el extranjero de que nosotros estamos en una situación caótica.

VARGAS: Y con esa justificación, habían estado ejerciendo una represión fuertísima. Por ejemplo, dos años antes, el 14 de julio de 1980…

EMMA MOLINA THEISSEN: Hay un ataque brutal hacia la universidad del país, la única universidad pública que tiene el país.

VARGAS: La Universidad San Carlos. Fuerzas de seguridad del gobierno ingresaron al campus y dispararon contra estudiantes y funcionarios que estaban dentro de la universidad…

EMMA MOLINA THEISSEN: Mueren muchísimos profesores. Los líderes estudiantiles o son asesinados o desaparecidos.

VARGAS: Ese mismo año también fue asesinado el novio de Emma, Julio César del Valle. Era un líder del movimiento estudiantil de izquierda. Y bueno, esto cambió todo. Además de dolerle muchísimo, la asustó bastante. Antes no creía que la muerte pudiera llegar. Era muy joven. Pero ahora la sentía muy cercana.

Y para empeorar las cosas, después de la muerte del novio de Emma, las desapariciones y los asesinatos se volvieron cosa de todos los días. En el PGT estaban conscientes de esto y para proteger a Emma, la sacaron de Ciudad de Guatemala y la enviaron a vivir a Quetzaltenango. Ahí se encargó de coordinar a los miembros del área juvenil del partido de la ciudad. El partido también impuso medidas de seguridad, cosas como….

EMMA MOLINA THEISSEN: Hacerse colochos.

VARGAS: Colochos, es decir, rizos. Para cambiar su apariencia.

EMMA MOLINA THEISSEN: No caminar por las mismas calles.

VARGAS: Emma incluso tenía una identificación falsa, pero...

EMMA MOLINA THEISSEN: Uno seguía viviendo en el mismo lugar, seguía haciendo básicamente lo mismo. Entonces eran como medidas muy... muy infantiles de seguridad.

VARGAS: Que claro, no protegían mucho. Varias personas decidieron salir del país y el PGT empezó a perder miembros.

EMMA MOLINA THEISSEN: O sea, la gente empezó a decir: “Bueno, nos van a matar y nosotros no estamos preparados. Además, solo reuniéndonos y hablando y pensando, no estamos haciendo nada. Y nos van a matar entonces por hacer nada”.

VARGAS: El PGT se debilitó bastante. Emma estaba tratando de mantener a flote la presencia del partido en Quetzaltenango —reuniendo gente, coordinando encuentros, reclutando nuevos miembros— cuando la capturaron.

Fue el 27 de septiembre de 1981, Emma iba en bus de Ciudad de Guatemala a Quetzaltenango. Hacía ese viaje regularmente por reuniones del partido. Siempre salía muy temprano en la mañana para evitar los ya comunes retenes militares. Pero se quedó dormida. Y, claro, se topó con un retén.

Y ese día, Emma…

EMMA MOLINA THEISSEN: Llevaba un documento muy importante que era el documento base para la discusión de si el partido se iba o no a sumar a la lucha armada.

VARGAS: Algo muy comprometedor. Al llegar al retén, los militares pararon el autobús.

EMMA MOLINA THEISSEN: Yo andaba con un... como... como una especie de sudadera, pero de lana, y un pantalón de mezclilla y una blusa. Entonces me metí los documentos entre el suéter, que me quedaba un poquito holgado. Entonces bajé y nos pusieron en fila. Y como cosa muy extraña, porque nunca lo hacían, revisaron la ropa también de las mujeres. Y cuando yo veo eso me… me al... me alarmé, porque yo dije: "Me van a encontrar esto". VARGAS: La requisaron, encontraron los documentos y la detuvieron. El autobús se fue con los demás pasajeros.

EMMA MOLINA THEISSEN: Cuando la camioneta se fue yo sentí como que el alma se me... así se me escurría y se salía de mi cuerpo. O sea, dije yo: "Ahora sí es cierto". VARGAS: En esos tiempos, como podrán imaginarse, si militabas con la izquierda, ser detenido por los militares significaba la muerte.

Los soldados llevaron a Emma a una base militar. No supo dónde quedaba, porque tuvo los ojos vendados todo el camino. Apenas llegaron la metieron a un cuarto oscuro.

EMMA MOLINA THEISSEN: Era una habitación como de tres por cuatro metros cuadrados, como de doce metros cuadrados. Había dos literas, las dos literas no tenían ropa. La habitación había estado desocupada. O sea, no... nadie… nadie dormía ahí. Y la habitación tenía una puerta con candado y tenía una ventana que tenía papel del lado de adentro, papel periódico, pegado.

VARGAS: Los militares interrogaron a Emma. Querían que diera los nombres de otros militantes del partido. Pero ella mantuvo una historia ficticia…

EMMA MOLINA THEISSEN: De que yo era un correo, de que yo no tenía ninguna militancia realmente, sino que era un correo. Que yo llevaba documentos, que me pagaban por eso, que venía de una familia pobre con un papá alcohólico que nos desprotegida y que entonces yo tenía que hacer esas cosas para que me pagaran. Traté de darme el menor nivel posible y además el motivo menos político que era: “Di, me pagan por llevar y traer dinero. Y me tra… me pagan por llevar y traer mensajes”.

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