El Mago (1)
Hola, ambulantes. Qué semanita, ¿no? Bueno, ya saben que nosotros no cubrimos las noticias diarias, pero estamos siguiendo las noticias del coronavirus muy de cerca. Próximamente lanzaremos El hilo, un podcast que va a explicar y contextualizar las noticias más importantes y esta, sin duda, será una de ellas.
Mientras tanto, queremos aportar para que la situación mejore. Por favor cuídense y cuiden a los demás tomando las medidas de precaución necesarias. En Radio Ambulante estamos trabajando desde casa para acompañarlos con nuevos episodios en estos días complicados.
Gracias por escuchar y cuenten con nosotros. Es un momento difícil, pero entre todos podemos apoyarnos y recordar que, a pesar de la distancia, seguimos juntos.
Si quieren compartir ideas de lo que les ha dado bienestar y calma entre tanta incertidumbre, por favor háganlo escribiéndonos a nuestras redes sociales. Nosotros las compartiremos con los demás.
Bueno, gracias, por favor cuídense, y aquí el episodio.
OLMEDO RENTERÍA: Good evening ladies and gentlemen. I am going to perform. Perform magic. Magic for you. I hope that you enjoy my performance.
ALARCÓN: Bienvenidos a Radio Ambulante, desde NPR. Soy Daniel Alarcón.
RENTERÍA: Mi nombre es Olmedo Rentería.
ALARCÓN: Olmedo es un mago como esos que seguramente han visto en fiestas infantiles o en shows de televisión, sacando conejos de un sombrero o haciendo aparecer palomas con un soplo. Es un señor mayor, con casi 80 años, el cabello muy corto y canoso, pero sus manos y sus gestos son de un hombre joven, con destreza y agilidad.
Entonces, hoy comenzamos con él y con una de sus presentaciones en Nueva York, en noviembre del año pasado.
RENTERÍA: I pick up on the floor ladies and gentlemen. And one, two, three, the handkerchief appeared ladies and gentlemen. Magical show.
AUDIENCIA: Bravo, bravo, bravo (aplausos).
ALARCÓN: Olmedo comenzó su show con un truco en el que hizo desaparecer un pañuelo negro que tenía en sus manos. Y después de fingir sorpresa por esta desaparición, lo hizo aparecer otra vez de la nada. Un truco que, aunque pareciera simple, no dejó de asombrar a los que lo estaban viendo.
Todo era muy emocionante.
MÚJER 1: Me encantó. El señor es super dulce. Muy padre.
MÚJER 2: It's a wonderful thing to see someone with so much talent. MÚJER 3: The bird out of his mouth was really like unexpected. I think it got everyone in the crowd.
HOMBRE: Increíble, desde que yo tenía 10 años yo he visto a este señor.
ALARCÓN: La historia de cómo llegó Olmedo desde Guayaquil a Nueva York es cinemática y sorprendente. Siempre soñó con ser un mago reconocido, pero nunca se imaginó lo que lo llevaría a la fama.
Nuestra productora, Lisette Arévalo, nos cuenta su historia.
LISETTE ARÉVALO: Olmedo quedó huérfano a los nueve años. No le gusta entrar en detalles sobre qué pasó con su familia, pero desde esa edad tuvo que vivir solo, dejar sus estudios y dedicarse a trabajar. Vivía en Ecuador e iba de ciudad en ciudad buscando distintos trabajos, como cobrar los pasajes en los buses o entregar volantes de políticos durante campañas electorales. Hasta que cumplió 17 años y decidió quedarse en Guayaquil.
RENTERÍA: Llegó un pequeño circo al barrio en donde yo vivía y me dio la curiosidad de ir cuando estaban en el montaje de la carpa y del circo.
ARÉVALO: Ahí conoció al dueño y le preguntó si había algún trabajo disponible. El dueño le dijo que sí, y lo contrató para que Olmedo ayudara a montar la carpa, preparar el escenario y vender golosinas. Para Olmedo este era solo un trabajo más: el circo no era grande ni con artistas importantes. En realidad era bastante modesto y se presentaba solo en barrios y ciudades pequeñas.
Allí estuvo trabajando por unos tres años más o menos, hasta que en octubre de 1960 llegó un circo chileno a Guayaquil. Apenas se enteraron, Olmedo y sus amigos fueron a verlo. Y era exactamente lo que se están imaginando.
Tenía una carpa grande de colores verde, blanco y rojo, con payasos, malabaristas y acróbatas haciendo piruetas, con el olor a palomitas de maíz recién hechas y manzanas caramelizadas de un color rojo brillante.
Olmedo y sus amigos se quedaron tan impresionados que le pidieron al dueño que los contratara para hacer lo que hacían en el circo más pequeño.
RENTERÍA: Y a todos inmediatamente, pues, nos dieron trabajo. Y allí nos enrollamos, algunos, aproximadamente unos ocho o diez.
Yo ayudaba en el circo: a armar el circo, a desarmarlo. Se hacía ventas de comestibles, golosinas, dentro del circo.
ARÉVALO: Pero lo que más le gustaba de su nuevo trabajo era ver el espectáculo, las luces, los trajes coloridos, los aplausos y el asombro del público con las acrobacias de los trapecistas.
Olmedo se moría de ganas de formar parte de ese mundo, así que en su tiempo libre entrenaba con un grupo de amigos.
RENTERÍA: Yo ensayé mucho el trapecio haciendo de fuerte.
ARÉVALO: El fuerte es el que recibe a los dos o tres volantes cuando aterrizan después de hacer las piruetas. A Olmedo le encantaba la adrenalina que le producía hacerlo.
Por eso, cuando el dueño del circo le propuso ir de gira por Perú y Chile, él aceptó de inmediato. No tenía ningún otro trabajo en Guayaquil. Era una excelente oportunidad para hacer una carrera.
Y ese viaje fue definitivo, porque en Lima decidió ir a otro circo y allá vio actuar al mago Memper.
RENTERÍA: Y me agradó muchísimo. Me llamó mucho la atención. Yo no sabía qué cosa era magia.
ARÉVALO: Vio los trucos: palomas que aparecían, bastones que desaparecían y pañuelos que cambiaban de color. Pero el que más le impresionó a Olmedo fue uno en el que el mago tomó un huevo falso con un hueco, metió un pañuelo por ese hueco, y al golpearlo en un vaso, apareció un huevo de verdad.
RENTERÍA: Eso me asombró.
ARÉVALO: Olmedo quedó encantado con el mago, pero no se le acercó al final de la función para hablar con él, porque alguien le dijo que no le gustaba que lo molestaran. Unas noches después se sorprendió al ver que el mago Memper llegó a su circo.
RENTERÍA: Porque había una fiesta de cumpleaños de alguien, un artista del circo.
ARÉVALO: Olmedo estaba practicando el trapecio.
RENTERÍA: Cuando bajé, él me llama la atención y me dice: “No ensayes el trapecio. Aprenda magia, que con eso usted puede trabajar hasta cuando usted tenga 80 o más años”. Eh, le dije: “Bueno, pero ¿cómo hago para ensayar magia si no sé?”. Entonces él me dice: “Ven mañana al circo. Yo voy a hacer la función”. OK, así quedamos.
ARÉVALO: Olmedo volvió al circo donde se presentaba Memper y vio otra vez el espectáculo. Esta vez puso mucha atención al truco del huevo y al llegar esa noche a su casa lo primero que hizo fue buscar un huevo.
RENTERÍA: Busqué todo lo concerniente e hice un huevo igual, y le puse un trapito allí e hice todos los movimientos.
ARÉVALO: Todos los movimientos para reproducir el truco que había hecho Memper.
RENTERÍA: Cuando yo estuve los movimientos listos, fui al circo, temprano, donde él, y lo busqué. Y le dije que yo le quería mostrar cómo yo me inventé el juego del huevo. Entonces él se rió y… y se lo hice. Entonces él me dijo: “¿Tienes ideas? ¿Muchas? Yo te voy a enseñar.”
ARÉVALO: Desde ese momento Olmedo dejó el trapecio y comenzó a ensayar con el mago. Después de cada lección, regresaba a su circo y practicaba delante de la gente que trabajaba con él. Así pasó algunos días hasta que dominó cuatro trucos de magia y decidió hacer algo arriesgado: le pidió al dueño del circo que lo dejara presentarse en el escenario. Para su sorpresa, su jefe le dijo que sí, pero que no podía pagarle. A Olmedo no le importó, y de inmediato empezó a prepararse para presentarse esa noche.
Lo primero que hizo fue buscar un atuendo para su presentación. Y encontró uno. Era morado.
RENTERÍA: Me lo regaló un hombre árabe en el circo. Los zapatos eran unos zapatos largo, torcido hacia arriba, como los zapatos de Aladino.
ARÉVALO: El atuendo estaba lleno de réplicas de piedras preciosas que brillaban con la luz. Llevaba puesto un pantalón y una camisa bombacha, un turbante y un chaleco largo.
Esa noche el circo estaba completamente lleno. Olmedo estaba emocionado, pero nervioso. Dos compañeros artistas le propusieron salir con él y presentarlo al público. Olmedo asintió, tomó a los artistas de los brazos y salieron al escenario. Cuando se quedó solo frente a la audiencia…
RENTERÍA: El dueño del circo mandó dos muchachas del circo vestidas con atuendo árabe.
ARÉVALO: De pantalones anchos, ombliguera, un gorrito y perlas en la frente. Se pararon al lado de Olmedo y cuando sonó la música…
RENTERÍA: Y las muchachas empezaron a danzar al lado mío.
ARÉVALO: Olmedo empezó su show con el truco del huevo —que salió bien— y la gente lo aplaudió. Pero también se estrenó con uno más difícil, el que hacía aparecer una paloma. El mago Memper se lo había enseñado y necesitaba la ayuda de una asistente para que le pasara la paloma. Pero a la hora del truco.
RENTERÍA: Y la muchacha, a la hora de entregarme la pequeña casa en donde estaba la paloma, se le salió la paloma de la caja y la paloma voló.
Entonces, yo miré para donde iba la paloma. Y yo pues después pensé: “Ya se fue, ¿qué hago?”.
ARÉVALO: Olmedo se quedó frío. Lo que fueron un par de segundos, para él se sintieron como minutos. Y además a una de las ayudantes se le olvidó que el micrófono estaba ahí, prendido, y dijo:
RENTERÍA: “Mago, se le fue la paloma”. Y no hubo una persona que no se riera en el circo en ese momento. Todos pensaron que era así el truco. Entonces lo que hice fue hacer la venia que terminé y salimos y nos fuimos para adentro.
ARÉVALO: Al público le encantó. Su espectáculo fue un éxito. Y ya adentro, detrás del escenario…
RENTERÍA: El dueño del circo me abrazó. Y así empezó mi vida en el circo, trabajando como mago.
Yo dije: “Me dedicaré a esto, y con esto tengo que salir adelante. Tengo que volverme un mago, y voy a ser un mago”.
ARÉVALO: A partir de ese día, Olmedo formó parte del elenco permanente de artistas del circo.
RENTERÍA: En el circo me enseñaron a caminar, cómo yo debería de mirar al público. En el circo me enseñaron movimientos de mano.
ARÉVALO: Cada vez era mejor en un tour de seis meses por diferentes ciudades de Perú y Chile.
Cuando regresó a Guayaquil a inicios de los años sesenta comenzó a hacer su show en diferentes lugares, como escuelas y pequeños teatros. Se acuerda bien de una de sus primeras presentaciones. Fue en la ciudad de Latacunga, a seis horas de Guayaquil. Las personas de ese lugar…
RENTERÍA: No habían visto magos. No habían visto aparecer palomas. Entonces, cuando yo hice la presentación, la gente se puso de pie a aplaudirme.
ARÉVALO: Su show generaba mucho asombro, sobre todo porque en esos años, en Ecuador, no había muchos magos, y menos realmente buenos. Es más, las presentaciones mágicas de Olmedo están entre las más antiguas que se registran en el país.
Fue después de una de estas presentaciones que una señora se le acercó y le dijo:
RENTERÍA: “Olmedo Rentería no es nada. Tú debes de llamarte como se llamaba Houdini ¿Tú sabes quién fue Houdini?”
ARÉVALO: Houdini. Seguramente todos ustedes han oído el nombre. El gran Houdini, ilusionista húngaro-americano de finales de 1800. Famosísimo por sus tiempos récords en escapar de baúles cerrados con cadenas y candados, por desaparecer elefantes del escenario y por su truco de ser enterrado vivo.