Disparos al cielo (1)
DANIEL ALARCÓN, HOST:
Hola, ambulantes. Antes de comenzar quiero recordarles de nuestro nuevo podcast: El hilo. Es un poco diferente a Radio Ambulante, cada viernes revisamos una noticia importante de Latinoamérica y contamos la historia detrás de esa noticia. Y, claro, en estos días ese tema es coronavirus. El episodio del viernes pasado, por ejemplo, reportamos desde Guayaquil, Ecuador, una de las ciudades más golpeadas de la región. No se lo pierdan.
Además quiero recordarles que cada viernes por las próximas cinco semanas vamos a poner el episodio de El hilo en este feed. O sea, Radio Ambulante los martes, episodio extra de El hilo los viernes. La idea es servirles mejor durante este periodo tan complejo. Más información en elhilo.audio. OK, entonces aquí va el episodio.
Bienvenidos a Radio Ambulante, desde NPR. Soy Daniel Alarcón.
(SOUNDBITE DE EXPLOSIONES)
ALARCÓN: Eso que escuchan se grabó en San Lorenzo Almecatla, un pueblo en el centro de México, y apareció en un medio regional en 2018. La gente de San Lorenzo empezó a escuchar ese sonido en mayo de ese mismo año.
(SOUNDBITE DE EXPLOSIONES)
ALARCÓN: Y no tenían ni idea qué era. Así lo explica Nazario Cuautencos, que vive en San Lorenzo.
NAZARIO CUAUTENCOS: Yo pensé que eran cuetes de los pueblos aledaños, ¿no?
ALARCÓN: Cuetes, o sea, fuegos artificiales. En México, como en muchas otras partes de Latinoamérica, son comunes en ciertas celebraciones, como el día de algún santo patrono. Pero estas explosiones se escuchaban mucho, mucho más fuerte.
CUAUTENCOS: Cómo que se movía la… la tierra. Hacía: ¡zaz!
ALARCÓN: Así que la explicación de los fuegos artificiales era poco probable.
San Lorenzo es una comunidad pequeña a las afueras de la ciudad de Puebla. Tomas la carretera que te lleva hacia la salida al noroeste de la ciudad, pasas algunas zonas industriales y en pocos minutos te encuentras en un lugar más rural: planicies verdes, con mucho sol, atravesadas por más carreteras que conectan los varios pueblos de la región.
Nazario, como muchos de los pobladores de San Lorenzo, se dedica a la agricultura.
CUAUTENCOS: La mayoría cultivamos, este, lo que es maíz y calabaza, nada más. Y haba.
ALARCÓN: Y fue desde las tierras que tiene a las afueras del pueblo, donde también está su casa, que Nazario empezó a escuchar esas explosiones. Y le llamó la atención cuánto duraban.
CUAUTENCOS: A veces se hacían dos o tres horas porque echaban... y luego como cada cinco minutos echaban uno y otro, y otro, y otro.
ALARCÓN: Pero empezaron a darse cuenta que parecía haber un patrón.
CUAUTENCOS: Las nubes estaban bien negras, negras, así ya pa' llover y empezaban a tronar: ¡zas! ¡zas! Y cuando veíamos, las nubes se empezaban a abrir. Y cuando vimos ya... ya no llovió. Ya se fue… se fueron las nubes.
ALARCÓN: O sea, los ruidos sonaban cuando parecía que iba a llover. Y es que fue justo en los meses cuando comienza la temporada de lluvia que se empezaron a escuchar esas explosiones. Es una época muy importante para los campesinos como Nazario que practican agricultura de temporal, que depende de la lluvia para que crezcan los cultivos.
Estela Ramírez vive en San Francisco Ocotlán, un pueblo muy cerca de San Lorenzo, y ella también empezó a notar más o menos al mismo tiempo la conexión entre las explosiones y la lluvia.
ESTELA RAMÍREZ: Porque ya las aguas, este, ya anunciaban. Y incluso hasta metíamos la ropa, juntábamos, este, nuestros pollitos y todo ya, porque va a llover.
ALARCÓN: Y lo mismo. Si las nubes aparecían, las explosiones sonaban. Además de la conexión con la lluvia, Estela un día se topó con otra cosa igual de preocupante.
RAMÍREZ: Tenemos unos doce árboles y amanecen ya tiraditos ahí los pajaritos muertos: seis, ocho. Una vez contamos hasta 16.
ALARCÓN: Cuando descubrieron lo que provocaba ese ruido, Nazario y muchos de los vecinos de los alrededores se indignaron, y la noticia llegó a medios nacionales e internacionales. ¿Qué estaba provocando esas explosiones?
Nuestra editora Victoria Estrada nos cuenta.
VICTORIA ESTRADA: La zona donde están San Lorenzo y Ocotlán, al noroeste de Puebla, es muy conocida además por otra cosa: ahí está una de las plantas de ensamblaje más grandes de la Volkswagen fuera de Europa. Es un terreno de 300 hectáreas y queda muy cerca de donde viven personas como Nazario.
CUAUTENCOS: Usted puede ver que yo estoy cerca de aquí de Volkswagen. Estoy atrasito de Volkswagen.
ESTRADA: La planta se construyó hace más de 50 años.
CUAUTENCOS: Anteriormente, cuando yo, este, llegué a esta zona solamente estaba Volkswagen y yo. No había nada. Casas arriba solamente habían tres.
ESTRADA: Ahora ya se ve un parque industrial y un periférico que conecta con la ciudad. Ha pasado lo que en muchos lados: las ciudades crecen y empiezan a anexar las zonas que antes eran rurales.
Pronto se empezaron a correr rumores que explicaban de dónde venían esas explosiones. Él es Gerardo Pérez. Es ingeniero civil y vive en Ocotlán.
GERARDO PÉREZ: Me dijeron: “Oye, Gerardo, la Volkswagen echa cuetes para que no llueva”. Así, me lo comentaron.
ESTRADA: La información de que las explosiones parecían venir de la Volkswagen empezó a correr de voz en voz y por grupos de chats. Y con esos rumores llegó algo más: que no eran cohetes ni bombas lo que estaban tirando, sino algo llamado “cañones antigranizo”.
PÉREZ: Entonces yo no sabía nada de los cañones antigranizo. O sea, no sabía nada del tema. Entonces, nos dimos a la tarea de investigar.
CUAUTENCOS: Gracias a Dios, pues, tenemos el internet y pues las personas a veces nos... nos... nos tenemos que meter a eso para, pues, documentarnos, ¿no?
ESTRADA: No era mucha la información que había, pero básicamente se enteraron que esos cañones ya habían causado conflictos en otras partes donde se usaban, pues se decía que detenían el granizo y la lluvia. Los vecinos de la Volkswagen no sabían por qué la empresa quería que no granizara, ni menos por qué querían detener la lluvia, que era lo que parecía que estaba pasando.
Y aunque se llaman “cañones”, no son lo que uno se imaginaría: esos cañones negros de guerra que podrían aparecer en una película o serie ambientada en el siglo XVIII. Lo que ellos alcanzaban a ver a lo lejos eran unas estructuras más parecidas a una corneta metálica de unos seis metros de alto que apuntaba hacia el cielo.
La falta de lluvia se fue prolongando por varias semanas y eso estaba afectando sus cultivos, pero nadie de la empresa se había pronunciado. Así que entre varios vecinos se reunieron y decidieron hablar con las autoridades municipales para discutir el uso de los cañones. Formaron una comisión, reunieron la información que habían sacado de internet y se la entregaron al presidente auxiliar del municipio y a los representantes de la Comisión Nacional del Agua. Pero les daban largas, los ignoraban y las respuestas no llegaban.
CUAUTENCOS: Entonces, este, pues nosotros nos… nos indignamos. Lo... por, le digo, por lo que nos estaba haciendo Volkswagen y tuvimos que, pues, tomar cartas en el asunto porque las autoridades se hacen de la vista gorda y no quieren hacer nada por… porque se nos haga justicia.
ESTRADA: Así que los vecinos decidieron hacer algo para que tanto la empresa como las autoridades les prestaran atención.
(SOUNDBITE DE ARCHIVO)
PERIODISTA: Pobladores de los alrededores del parque industrial FINSA cerraron el camino a San Lorenzo Almecatla. Están en contra de los cañones antigranizo que compró y que está utilizando la empresa Volkswagen. Argumenta que su uso ha provocado que ya no llueva en la zona, situación que está dañando los cultivos.
ESTRADA: El 1 de junio de 2018 un grupo de unos 200 vecinos bloqueó la carretera y uno de los accesos a la planta de Volkswagen. Formaron una barrera para impedir el paso de los vehículos y llevaban carteles que decían “Por el agua” y “No cañones antigranizo”.
(SOUNDBITE DE ARCHIVO)
MUJER: Nuestras peticiones son que quiten los cañones antigranizo definitivamente y que si los vuelven a utilizar vamos a volver a cerrar, que hagan el pa… el pago económico por pérdida de cosechas en general.
ESTRADA: Ese día el bloqueo de la carretera y del acceso a la planta de Volkswagen duró cinco horas. Un representante de la empresa salió a dar una declaración donde admitía que sí estaban usando esos “cañones antigranizo”, pero pidió que se creara una mesa de diálogo entre los vecinos, las autoridades y Volkswagen para explicar cómo funcionaban.
Este es Nazario otra vez.
CUAUTENCOS: Sí, ellos nos decían que.. que los anti... los cañones antigranizo no le hacían daño al campesino, que era, este, pura superstición de nosotros y que no... que ignorábamos cuál eran la... el efecto que… que producían.
ESTRADA: Y además decían que tenían los permisos necesarios para usar los cañones. Así que no dejarían de dispararlos.
Aquí hagamos una pausa para explicar cómo funcionan estos cañones. Es un tema complejo así que vamos por partes. Los cañones que estaba usando la Volkswagen los habían comprado de una empresa española llamada Sociedad Protección Anti Granizo, o SPAG por sus siglas.
Este es David Ollivier, el director general de SPAG, describiendo para un canal de televisión cómo es que, según ellos, funcionan estos cañones.
(SOUNDBITE DE ARCHIVO)
DAVID OLLIVIER: Lo que hacemos es una inyección de gas acetileno dentro de esa cámara de combustión creamos una chispa, esa chispa genera una... una explosión y esa explosión pro… produce una onda expansiva que es la que se… que es la que se expande hacia… hacia a la atmósfera
ESTRADA: Según la SPAG la explosión produce ondas de choque, o sea, que van más rápido que la velocidad del sonido local. En su página web tienen un video promocional donde se supone que explican cómo funciona. Es puro dibujito, en realidad.
Se ve que de un cañón disparan una onda blanca que se va expandiendo y va creando como una especie de domo. En la animación se ve cómo, apenas unos copos de nieve —que simbolizan el granizo— cruzan el borde del domo, se transforman en gotas de lluvia.
Lo importante es que, según esta explicación, las ondas no afectan la caída de lluvia.
La SPAG lleva ya 40 años en el mercado y dicen que han vendido estos cañones a más de 20 países, entre ellos Argentina, Nueva Zelanda, Australia, y ahora México. La mayoría de sus clientes son agricultores que tienen cultivos vulnerables al granizo, como la pera o el durazno. Pero, claro, Volkswagen no estaba cultivando frutas, sino armando autos, que se quedan al aire libre y también pueden ser dañados por el granizo.
Ni Volkswagen ni la SPAG han revelado cuál es el precio de los cañones que se instalaron en la armadora, pero se ha reportado que les pudo haber costado más de 1 millón de pesos —unos 64 mil dólares, al cambio de la época—. Es bastante menos de lo que cuestan otras alternativas, como los seguros por las pérdidas que pueda causar el granizo o las mallas antigranizo. Por ejemplo, para instalar la malla, se reportó que Volkswagen necesitaría pagar una licencia al municipio de más de 4 millones de pesos —más de 200 mil dólares, en ese entonces— y a eso añadir el costo de la malla y su instalación.
Comparado con eso, los cañones son una ganga.
Esa primera protesta no tuvo mucho eco. Los campesinos reportaron que la Volkswagen siguió usando los cañones durante junio y julio del 2018. Pero a los vecinos de San Lorenzo y Ocotlán, se le unieron productores de otros pueblos vecinos, como Canoa, San Miguel Espejo, Xonacatepec, Aparicio, Acajete,Tepatlaxco y la Junta Auxiliar de la Resurrección.
En una rueda de prensa a principios de agosto, los campesinos anunciaron que según sus estimaciones ya se habían perdido casi 2 mil hectáreas de maíz, y, según declararon, eso había afectado a unas 100 mil personas en la región.