Día 4 (parte 3) 16.00 Entro en una boutique.
Elijo una corbata. Me la pruebo. Considero que me favorece y me compro ochenta y tres corbatas iguales. 16.30 Entro en una tienda de artículos deportivos.
Me compro una linterna, una cantimplora, una camiseta del Barça, una raqueta de tenis, un equipo completo de wind-surf y veinte pares de zapatillas deportivas. 17.00 Entro en una charcutería y me compro seiscientos jamones de Pata Negra . 17.10 Entro en una frutería y me compro tres kilos de zanahorias.
17.20 Entro en una tienda de automóviles y me compro un Maseratti.
17.45 Entro en una tienda de electrodomésticos y lo compro todo.
18.30 Entro en una bodega y me compro cinco botellas de un reserva del 52 y una garrafa de ocho litros de vino de mesa.
19.00 Entro en una joyería, me compro un Rolex de oro automático, sumergible, antimagnético y antichoque y lo rompo allí mismo.
19.30 Entro en una perfumería y me compro quince frascos del mejor perfume que acaba de salir.
20.00 Decido que el dinero no da la felicidad, desintegro todo lo que he comprado y continúo caminando con las manos en los bolsillos y el ánimo ligero.
20.40 Mientras paseo por las Ramblas , el cielo se cubre de nubarrones y retumban unos truenos: es evidente que se aproxima una perturbación acompañada de tormenta eléctrica. 20.42 Por culpa de mi puñetera radiactividad, me caen tres rayos encima.
Se me funde la hebilla del cinturón y la cremallera de la bragueta. Se me ponen todos los pelos de punta y no puedo bajarlos: parezco un puerco espín. 20.50 Todavía cargado de electricidad estática, al tratar de comprar la Guía del ocio pego fuego al quiosco.
21.03 Caen cuatro gotas y cuando parece que la cosa no va a ir a más, descarga una tromba de agua tan salvaje que las ratas salen de las alcantarillas.
Corro a refugiarme a una tasca.