×

우리는 LingQ를 개선하기 위해서 쿠키를 사용합니다. 사이트를 방문함으로써 당신은 동의합니다 쿠키 정책.

image

Sin noticias de Burb - Eduardo Mendoza, Día 11 (parte 2)

Día 11 (parte 2) 11.00 Llego a una plaza con un árbol inmenso en el centro.

Numerosos ancianitos desecándose al sol, a la espera de que sus familiares vengan a buscarlos. Los pobres no saben que muchos de ellos nunca serán recogidos, pues sus familiares han partido de crucero a los fiordos noruegos. En algunos bandos todavía pueden verse los ancianitos abandonados el verano pasado, en avanzado estado de momificación, y los ancianitos abandonados hace quince días, en una fase de acomodación al medio. Me siento junto a uno de estos últimos y leo el suplemento literario de un periódico que alguien, con idéntico criterio, ha dejado abandonado en el banco. 12.00 Invaden la plaza bandadas de niños recién salidos de los colegios.

Juegan al aro, al diábolo y a la gallinita ciega. Verlos me entristece aún más. En mi planeta no existe lo que aquí se denomina la infancia. Al nacer, nos introducen en nuestros órganos cogitativos la dosis necesaria (y autorizada) de sabiduría, inteligencia y experiencia; pagando un suplemento, nos introducen también una enciclopedia, un atlas, un calendario perpetuo, un número indefinido de recetas de cocina de Simona Ortega y la guía Michelin (verde y roja) de nuestro amado planeta. Cuando alcanzamos la mayoría de edad, y previo examen, nos introducen el código de la circulación, las ordenanzas municipales y una selección de las mejores sentencias del tribunal constitucional. Pero infancia, lo que se dice infancia, no tenemos. Allí cada uno vive la vida que le corresponde (y punto) sin complicarse la suya ni complicar la de los demás. Los seres humanos, en cambio, a semejanza de los insectos, atraviesan por tres fases o etapas de desarrollo, si el tiempo se lo permite. A los que están en la primera etapa se les denomina niños; a los de la segunda, currantes, y a los de la tercera, jubilados. Los niños hacen lo que se les manda; los currantes, también, pero reciben dinero por ello; los jubilados también perciben un sueldo, pero no se les deja hacer nada, porque su pulso no es firme y suelen dejar caer las cosas de las manos, salvo el bastón y el periódico. Los niños sirven para muy poca cosa. Antiguamente se los utilizaba para sacar carbón de las minas, pero el progreso ha terminado con esta función. Ahora salen por la televisión, a media tarde, saltando, chillando y diciendo tonterías. Entre los seres humanos, como entre nosotros, se da también una cuarta etapa o condición, no retribuida, que es la de fiambre, y de la que más vale no hablar. 14.00 La contemplación de los niños y los viejos y la reflexión sobre mi propia existencia me han acongojado.

Vierto copiosas lágrimas. Como mi naturaleza humana, según he dicho antes, es de quita y pon, no dispongo de glándulas que reemplacen lo que gasto o lo que expulso, de modo que el llanto y la transpiración han reducido considerablemente mi complexión. Ahora mi estatura apenas rebasa los 40 centímetros. Salto del banco al suelo y corro entre las piernas de los transeúntes hasta encontrar un portal seguro y discreto donde recomponerme. 14.30 Decido adoptar la apariencia de Manuel Vázquez Montalbán y me voy a comer al primer restaurante que encuentro.

Learn languages from TV shows, movies, news, articles and more! Try LingQ for FREE