El vacío bajo mis pies (parte 2) Historia en presente .
Es domingo por la mañana, me he levantado temprano puesto que los niños no perdonan.
No he dormido demasiado bien, como los últimos días y siento una cierta sensación de fatiga. No sé si es por eso o simplemente es mala suerte, pero justo al salir a la calle para ir a comprar el periódico al quiosco de la esquina, noto que el suelo desaparece inesperadamente bajo mis pies. No es que el suelo desaparezca ante mí, sino detrás. Me doy cuenta de casualidad, porque mientras ando hacia el quiosco todo parece normal, pero de golpe veo que llevo un zapato desatado y me agacho para atarme los cordones. Al apoyar la mano en el suelo, ya me parece encontrarlo algo extraño, ligeramente blando, pero no le doy más importancia y sigo andando hasta el quiosco. Cojo el periódico, lo pago, doy media vuelta y me dispongo a deshacer el camino hasta casa. Y aquí viene la sorpresa, justo por donde acabo de pasar no hay nada. Miro a mi alrededor y todo parece normal. Es temprano y no hay nadie más en la calle, pero todo está donde tiene que estar, excepto el suelo por donde acabo de pasar. El resto de la acera está bien, pero hay un surco vacío en el medio. Me agacho, me pongo de rodillas y, lentamente, acerco la mano al vacío... ¡no hay nada! Extiendo el brazo entero, hasta donde me deja el hombro, y no hay nada. Vuelvo a mirar a mi alrededor en busca de alguien a quien contárselo, alguien que pueda ver lo que yo veo, pero no hay nadie. Me levanto medio aturdido y me pongo a andar hacia casa por la parte de la acera que está intacta, sin dejar de mirar el surco vacío que tengo a mi lado. A medio camino miro hacia atrás y, como temía, el suelo sigue desapareciendo a mi paso. En un ataque de incredulidad o desesperación, empiezo a correr en zigzag en medio de la calle y, efectivamente, al girarme, veo un trazo de curvas vacío. Llego a la puerta de mi edificio y allí todo parece normal. Subo las escaleras hasta mi piso, entro en casa, me voy directamente a la habitación y me dejo caer en la cama. No se cuánto tiempo he dormido, pero me despierto sobresaltado recordando el incidente.
Me levanto despacio de la cama y me acerco a la ventana. Levanto la persiana, abro la ventana y, lentamente, temeroso, saco la cabeza a fuera y miro hacia abajo.