El cliente siempre tiene la razón (parte 1) Versión original de la historia en pasado, que combina varios tiempos verbales Era de noche y circulaba con mi taxi por la ciudad como de costumbre, pero ese día había poco movimiento o, al parecer, menos de lo habitual.
Paré en un bar para tomar un café y me encontré con un compañero que acababa de terminar la jornada y ya se iba para casa. Cuando le comenté lo tranquila que estaba siendo esa noche me dijo que había una gran fiesta en el Hotel Sheriton y que no paraba de salir gente pidiendo taxis. Me dirigí hacia allí enseguida y, efectivamente, nada más aproximarme al hotel, vi a un hombre en la puerta que me hacía gestos con el brazo.
Estacioné justo delante del hotel. El hombre, que iba “bastante alegre” se me acercó y me pidió que lo llevara al Hotel Sheriton, en la calle Londres. Me lo quedé mirando extrañado ya que, efectivamente, estábamos en el hotel Sheriton de la calle Londres. Pero él insistía en que quería ir a ese hotel. Yo le hice ver que ya estábamos donde él quería ir, pero que tal vez no lo recordaba debido al alcohol. Él, muy indignado, me dijo: “¡Este no es el hotel donde estoy hospedado, lléveme a mi hotel!”. Entonces le dije: “Ok. Súbase, lo llevo a su hotel”. El hombre se subió, me puse en marcha, di un par de vueltas a la manzana y a los cinco minutos estacioné en la puerta del hotel, en el mismo lugar donde habíamos iniciado el viaje. El hombre miró hacia afuera, sonrió, me pagó el viaje y entró feliz a su hotel.