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Radio Ambulante, J vs. Estados Unidos (1)

J vs. Estados Unidos (1)

[Daniel Alarcón, host]: Este episodio de Radio Ambulante incluye descripciones de situaciones sexuales que pueden ser impactantes y es apto solo para adultos.

Bienvenidos a Radio Ambulante desde NPR, soy Daniel Alarcón.

[Silvia Viñas]: Eh, preséntese. Mi nombre es…

[Gloria]: OK. Mi nombre es Gloria y soy la mamá de las chicas afectadas.

[Daniel]: Ese no es su nombre, pero así la vamos a llamar para proteger su identidad. Más adelante entenderán por qué.

[Silvia]: ¿De dónde es?

[Gloria]: Pues soy de un pueblo de Guatemala.

[Silvia]: ¿Cómo es ese pueblo?

[Gloria]: Es pequeño. Se dedica la mayor parte a la agricultura.

[Silvia]: Gloria llegó a Estados Unidos hace unos 13 años.

[Daniel]: En marzo del 2018, nuestra editora Silvia Viñas viajó al centro del estado de California —al área de Fresno— para conocer a Gloria.

[Silvia]: Tiene dos hijas y cuando se fue de Guatemala eran niñas pequeñas, de unos siete años la mayor, y unos cuatro la menor.

[Daniel]: Las vamos a llamar Clarita y J —también para proteger sus identidades.

[Silvia]: ¿Cómo fue para usted llegar acá? O sea, ¿fue fácil adaptarse o…?

[Gloria]: Al principio, no. Porque, número uno soy madre, extrañaba mucho a mis hijas. Iba a donde iba, pues siempre estaban ellas en mi mente. Pero cuando ya empecé a sacar mis primeras quincenas y veía cómo yo les daba una vida diferente a la que yo les daba allá, yo misma me fui como… echando porras a mí misma y decir: “No, entre más… más trabaje, mejores cosas van a tener mis hijas”.

[Daniel]: Gloria, como muchos padres en su situación, les mandaba dinero a sus hijas.

[Silvia]: Y con eso estaba cumpliendo, más o menos, con el plan que tenía al irse: trabajar en Estados Unidos por unos años, mandarle dinero a sus hijas, ahorrar y después volver. Y digo más o menos porque un año se convirtió en dos, en tres, en cuatro, en diez, y Gloria se terminó quedando. Clarita y J en Guatemala crecieron con familiares, con una tía mayormente. Pero hablaban muy seguido con Gloria.

[Gloria]: A veces hablaba como 15 veces al día: “¿Qué están haciendo? ¿Qué van a comer? ¿A dónde van?”. Y les decía: “El día que ustedes se sientan así como a… muy atrapadas por mí, díganme. Yo las voy a entender”. Y ellas me dijeron: “No, mamá, nos gusta que nos pregunte, porque sabemos que hay alguien que está por nosotras”. Ya ahorita que ya el tiempecito ahorita se modernizó, ya podíamos videochatear. Ya las cosas cambiaron, pues.

[Silvia]: O sea, tenían una relación cercana a pesar de estar lejos.

[Gloria]: Muy cercana.

[Silvia]: En el 2016, en una de esas llamadas, Clarita y J —ya de 19 y 17 años— le dijeron a Gloria que querían irse a Estados Unidos.

[Gloria]: Y no yo no quise. Yo dije no.

[Silvia]: No es que no quisiera verlas, es que le daba miedo el trayecto que tendrían que hacer para llegar.

[Daniel]: Lo cual es comprensible, ¿no? Gloria ya había hecho el viaje, sabía cómo era. Y también sabía que se había vuelto cada vez más peligroso, especialmente para dos jovencitas viajando solas. Hay secuestros, extorsiones, violaciones.

[Gloria]: Pasan muchas cosas ahí y hasta muchos pierden la vida. Y yo no hubiera querido sacrificarme cuánto tiempo y para que lo que más amo en esta vida les pase algo, no.

[Silvia]: Pero ellas querían irse porque Gloria tenía que operarse pronto. Querían estar con ella para cuidarla. Además, no hacía mucho que en su pueblo habían secuestrado a una jovencita de 15 años que vivía en su misma cuadra. Los secuestradores pidieron dinero, pero la familia de la chica no tenía. Gloria dice que al final la regresaron a los cuatro o cinco días: viva, pero traumatizada, claro. Clarita y J tenían miedo de que les pasara lo mismo.

Un día —en julio del 2016— Gloria llamó a la casa de su hermana, donde vivían las chicas, y preguntó por ellas.

[Gloria]: “Fueron a Mazate”, me dijo mi hermana.

[Daniel]: A Mazate. O sea, Mazatenango, una ciudad al suroeste de Guatemala.

[Silvia]: A Gloria esto le pareció normal. Allá vivían unos familiares así que era común que fueran a visitarlos. Entonces siguieron conversando.

[Gloria]: Pero ya después me dijo: “No, yo no te puedo mentir. ¿Qué crees?”. “¿Qué?”. “Tus hijas salieron”.

[Daniel]: “Tus hijas salieron”, le dijo.

[Silvia]: Gloria sabía a qué se refería su hermana con eso: a que Clarita y J habían salido rumbo a Estados Unidos.

[Gloria]: Le dije a mi hermana: “¿Estás segura?¿No… no fueron con… con una familiar a la capital?”. “No”, me dijo ella. “Ellas no me esconden nada a mí, pero solo me dijeron que no te… te lo dijera tan pronto”.

[Silvia]: Gloria estuvo cuatro días sin saber nada de sus hijas. Cuatro días que fueron un infierno. Iba a trabajar a los campos, a recoger fruta, y solo podía pensar en ellas. En dónde estarían, cómo estarían. Hasta que por fin la llamaron. Estaban en México.

[Gloria]: Ya cuando ellas me llamaron, me dijeron: “Perdónenos, pero es por usted”. No podía decir yo: “¡No! ¡Regrésense!”. Dije yo: “Es su decisión”. Y yo dije: “Bueno, le deseo lo… la suer… la mejor suerte del mundo”. Y pues a esperar qué… qué pasa.

[Silvia]: Tres días después la llamó un agente de la oficina de Aduanas y Protección Fronteriza.

[Daniel]: U.S. Customs and Border Protection, en inglés, o CBP por sus siglas. Es la agencia de la patrulla fronteriza —los agentes que detienen a personas que están tratando de entrar al país sin papeles.

[Silvia]: Entonces, este agente que llamó a Gloria….

[Gloria]: Me habló. Me dijo que: “Ya tengo a sus hijas acá”.

[Silvia]: Estaban en una estación de la patrulla fronteriza en un pueblo pequeño que se llama Presidio. Queda en el oeste del estado de Texas y tiene poco más de cuatro mil habitantes. La estación de CBP en Presidio sirve como un centro de detención temporal —con tres celdas— donde tienen a inmigrantes indocumentados por unas 12 o 24 horas, un par de días como mucho.

[Daniel]: En este tipo de estaciones “procesan” a los inmigrantes, es decir, registran su información, les toman las huellas.

[Silvia]: Cuando Gloria escuchó que sus hijas estaban ahí, que estaban bien…

[Gloria]: Yo quería llorar de alegría, pero yo dije: “No, tampoco él no va a tener tiempo para escuchar a… llorar, ¿verdad?”. “Este… y ya tendré mi rato”, dije yo. Y siempre digo yo: “Tengo que ser fuerte”. Y le digo yo: “Oh, que bien”, y todo. Yo… yo contenta. Y dice: “Aquí le pasó a… a una de ellas, pero rápidamente”. Y ya pues escuché que estaban llorando pero yo confundí eso: estaban llorando de emoción.

[Silvia]: Por estar a salvo, por estar hablando con ella, porque había una posibilidad de que se vieran pronto. Gloria dice que la llamada duró muy poco, un minuto. Pero ya estaba mucho más tranquila. Sus hijas estaban bien.

A los pocos días la llamó otro agente.

[Gloria]: Se presentó como un… un investigador y me dijo, este… con calma, si yo sabía lo que estaba pasando. Si mis hijas me habían comentado. Y yo le dije: “No, mis hijas no… no han tenido la oportunidad de hablar mucho conmigo”. Y ya me empezó él: “Señora, espero que tenga calma. Yo le voy a comentar lo que está pasando”.

[Silvia]: Pero primero le preguntó:

[Gloria]: “¿Qué tanto conoce usted a sus hijas?”. “Mire”, le digo yo. “Número uno, una madre creo que nunca va a hablar mal de sus hijas y una madre en el fondo de su corazón —sea lo que sea— uno sabe qué clase de hijos tiene, aunque uno no lo diga. ¿Por qué me hace esa pregunta?”, le dije yo. “Fíjese que ellas están pasando esto: fueron acosadas y estamos en la investigación”.

[Silvia]: Clarita y J habían denunciado que un agente había abusado sexualmente de ellas. El mismo agente que había llamado a Gloria unos días atrás. El investigador le dijo…

[Gloria]: “Pero sea fuerte que nosotros la vamos a ayudar”. Y yo solté el llanto. Ahí yo me puse a llorar. Y le dije yo: “¿Pero por qué me lo han… me lo han…?”. Y ya se… ya me vino a la mente cuando… cuando las escuché llorando, pero yo confundí ese llanto.

[Daniel]: Silvia ha estado siguiendo este caso por más de un año, tratando de entender qué pasó en esa estación de la patrulla fronteriza en Texas y qué nos dice este incidente sobre la agencia de seguridad más grande de Estados Unidos.

Aquí, Silvia…

[Silvia]: Antes de viajar a California yo había estado en contacto con Gloria, Clarita y J por WhatsApp.

[Gloria]: Aló

[Silvia]: Hola, ¿qué tal? Soy Silvia Viñas.

[Gloria]: Oh, sí. Bien, gracias a Dios, ¿y usted?

[Silvia]: Bien, gracias. La llamo desde…

Había hablado por teléfono con Gloria mientras las hermanas escuchaban por altavoz. Les había explicado que quería pasar tiempo con ellas, conocerlas. Más allá de que me relataran lo que había pasado en Presidio —los detalles del abuso que habían denunciado— quería saber sobre ellas: qué les gustaba hacer, cómo se estaban acostumbrando a su nueva vida en Estados Unidos, a vivir con su mamá después de crecer con ella a la distancia.

Aceptaron y yo preparé mi viaje. Pero unos días antes de viajar, Gloria me avisó que Clarita y J ya no querían que las entrevistara.

Pueden imaginar el pánico que sentí. Pero decidí ir igual, pensando que tal vez cambiarían de opinión, que de alguna forma se daría la oportunidad.

Gloria sí quería hablar. Me dijo que sentía que lo necesitaba para contar su experiencia: cómo había vivido todo desde su perspectiva como madre. Un tipo de desahogo. La entrevisté y también pude hablar con la abogada de las hermanas.

[Angélica Salceda]: Angélica Salceda, abogada con ACLU.

[Silvia]: “ACLU”, American Civil Liberties Union o ACLU, como dicen en inglés.

[Angélica]: ACLU es una organización sin fines de lucro que defiende a los derechos de… eh… todo el mundo aquí en los Estados Unidos.

[Silvia]: Sus abogados, como Angélica, se enfocan en casos de derechos de privacidad, acceso al voto, derechos de personas LGBT, o de inmigrantes.

Angélica se enteró sobre el abuso que estaban denunciando las dos hermanas por un correo electrónico. Alguien que había conocido a Gloria y su historia le escribió. A Angélica le interesó enseguida. La ACLU ya había estado investigando abusos de agentes de inmigración a menores, como J.

[Angélica]: Así que nosotros ya nos habíamos dado una idea, ¿no? De que el abuso existía y existe. Así que al ver dos muchachitas presentes con esa posible historia, obviamente me llegó rabia, ¿no? De saber que personas que solamente están buscando seguridad, tranquilidad, paz en sus vidas y están haciendo ese viaje a los Estados Unidos —que es muy difícil y requiere mucha fuerza— que haigan [sic] sido tratadas en esa manera.

[Silvia]: Entonces, tomó el caso. Conoció a Clarita y a J, a Gloria, y escuchó su historia.

Después de hablar con Angélica y con Gloria me quedó claro que no iba a poder entrevistar a las hermanas en ese viaje. Y yo tampoco lo quería forzar, claro. Es muy delicado. Yo no tenía nada que probara que habían sido abusadas sexualmente. Pero, ¿y si lo fueron? No quería que hablar conmigo les afectara, les hiciera revivir un evento traumático.

Entonces Gloria me contó un poquito sobre ellas.

[Gloria]: Pues Clarita es así como… reservada. Siempre ella ha sido así desde pequeña. Ella solo ve, piensa y ya después lo… lo dice. Sí plática pero tiene que agarrar como confianza con la persona

[Silvia]: Y su hermana, J.

[Gloria]: La pequeña es más directa y se pone a platicar. No gran plática, ¿verdad? Pero sí… sí son… son diferentes. En lo que sí comparten las dos juntitas es en el… en ir a la iglesia, eso sí.

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