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Radialistas, 061 - La reina de corazones (capitulo 5/5)

061 - La reina de corazones (capitulo 5/5)

La reina de corazones

DOCTORA

Un paro cardiaco…Es tan fácil… un paro cardiaco…

NARRADORA

La doctora Roberta Jones quedó horrorizada cuando supo que John Brown, el hombre a quien acababa de salvar la vida, había participado en el asesinato de Martin Luther King.

Ahora lo tenía ahí, indefenso, en sus manos. Y ella era dueña de su vida…

DOCTORA

Bastaría con quitarle el tubo del oxígeno y taparle mínimamente el rostro con la almohada… No habría agonía ni lucha… está tan débil.

NARRADORA

La doctora Jones se sentía mareada, asfixiada.

Tenía una almohada entre las manos y estaba sola con John Brown. Sus espaldas bastarían para cubrir la escena y disimularla, aun en el caso de que alguien entrara de repente.

DOCTORA

Es muy fácil…muy fácil…

NARRADORA

La doctora negra midió la violencia de su deseo.

La profundidad de su odio vengativo hacia los blancos. Dio unos pasos… y se detuvo.

DOCTORA

Es el momento.

Se lo merece este maldito asesino.

NARRADORA

Decidida, estrujó la almohada y se acercó lentamente a la cama…

DOCTORA

¡Oh, Dios!...

Se está despertando.

NARRADORA

John Brown abrió los ojos.

Unos ojos pequeños y lacrimosos, asustados. Un cuerpo herido, un guiñapo. Un hombre vulnerable como cualquiera, como todos.

DOCTORA

Miserable racista.

Tienes miedo, ¿verdad? ¡También yo tengo miedo de mi odio!

NARRADORA

De pronto….

DOCTORA

¡Ya lo sé!...

¡Eso mismo!

NARRADORA

La doctora Roberta Jones se sintió increíblemente ligera, feliz.

Dejó la almohada al pie de la cama y tomó el pulso al paciente.

DOCTORA

Lo veo mejor, señor Brown.

¿Sabe dónde está? Respóndame. ¿Tiene frío, hambre?... Es un lindo día. ¿Quiere que abra la ventana?

NARRADORA

Lo forzó a mantener una conversación liviana hasta que el paciente se espabiló.

Pronto, una vez verificado el buen estado del enfermo, podría marcharse a casa. Pero antes se acercó y le sonrió…

DOCTORA

Todo ha salido muy bien, señor Brown.

Le hemos trasplantado un corazón buenísimo.

DOCTORA

No debería decírselo, porque ya sabe que estos datos son secretos.

Pero ha tenido usted la suerte de contar con un donante joven y sano.

JOHN

El corazón… ¿de quién era… ese corazón?

DOCTORA

Escúcheme bien.

Usted lleva el corazón de un chico joven y fuerte que ha muerto en un accidente de moto.

JOHN

¿Quién era?...

¡Dígame!

DOCTORA

¡Claro que le digo!

Un chico negro. El negro más negro que he visto en mi vida. Un negro color carbón. ¿Me entiende usted, señor Brown?

NARRADORA

La doctora sonrió triunfante, mientras a John Brown se le desencajaban sus ojillos azules.

DOCTORA

Le deseo que viva muchos años con ese corazoncito negro dentro del pecho.

Y ahora, descanse. ¡Hasta mañana, señor Brown!

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