Yo conozco esa madera
NARRADORA: Érase una vez un campesino que tenía una plantación de ciruelos.
Todos los árboles daban sabrosas frutas, menos uno.
HOMBRE: ¡Qué raro!
Este árbol lo he regado y cuidado igual que los otros pero no da ciruelas.
NARRADORA: El campesino decidió darle otra oportunidad para que el árbol demostrara su fertilidad.
HOMBRE: Este ciruelo tiene que dar frutos, pues en todos mis años de agricultor ninguno me ha fallado.
NARRADORA: Después de un buen tiempo y viendo que todo era inútil, el campesino decidió cortar el ciruelo sin frutos.
EFECTO HACHA
HOMBRE: Se acabó .. este árbol está más seco que un hueso seco... Lo cortaré…Pero, ¿qué hago con el tronco?
Ya sé. Lo regalaré a la carpintería de la comunidad. Para algo les servirá, digo yo.
NARRADORA: Después de cortar el ciruelo que no daba frutos, el campesino llevó el tronco seco a la carpintería.
EFECTO TALLANDO MADERA
NARRADORA: Con la madera, el carpintero talló una estatua de San José y la donó a la iglesia del pueblo.
CARPINTERO: ¡La estatua ha quedado preciosa!
¡Los devotos de San José estarán felices!
NARRADORA: El campesino, antiguo propietario del ciruelo, fue un domingo a la iglesia y vio que todos estaban rezándole a la estatua de San José.
SACERDOTE: Y usted, hijo mío.
HOMBRE: ¿Yo?
SACERDOTE: Sí, Usted ¿no quiere rezarle también al santo?
HOMBRE: ¿Yo? ¿Rezarle yo?¿Y para qué? SACERDOTE: ¿Cómo que para qué?
Para pedirle un milagro, hijo mío.
HOMBRE: (SE RÍE) ¿Un milagro?
Perdone, padrecito es que yo conozco esa madera. Si no pudo producir una sola ciruela ¿cómo va a hacer un milagro, dígame?
LOCUTORA:
Moraleja: No es oro todo lo que brilla, ni es santo todo lo que está en la iglesia.