Un lunes, Beltrán entró en el despacho de Vidal sin llamar. Llevaba una carpeta vieja en la mano. Vidal la reconoció enseguida. Laura Prat, 2011.
—Estoy revisando los casos antiguos del sótano —dijo—. Este me ha llamado la atención. Hace un año usted investigó una postal anónima. Viajó al Pirineo. Y escribió un informe de una sola página.
—No encontré nada.
—Usted escribe informes de diez páginas sobre un robo de churros, inspectora. Y aquí, una sola.
Vidal no contestó.
Beltrán dejó la carpeta sobre la mesa.
—No le estoy acusando de nada. Solo me parece raro. Y no me gustan las cosas raras.
Cuando salió, Vidal se dio cuenta de que tenía las manos frías. Tenía miedo. No por ella. Por Laura.