Era el último día de prácticas de Nora. Esa mañana llegó una denuncia muy pequeña: a un músico callejero le habían robado su acordeón en el Tubo, la zona de bares del centro.
Vidal le dio el caso a Nora.
—Todo tuyo. Sin ayuda.
Nora se pasó la mañana hablando con camareros, con otros músicos y con un vendedor de lotería. Por la tarde volvió con el acordeón.
Lo tenía otro músico callejero. Una pelea por el mejor sitio de la calle.
Nora no lo detuvo. Los sentó a los dos en un bar y les hizo un horario: uno tocaba por la mañana y otro por la tarde.
Beltrán leyó el informe. Era de dos páginas, perfecto.
—Su hija tiene futuro, Vidal.
—Ya lo sé —dijo Vidal.
Era la primera vez que lo decía en voz alta.