A la mañana siguiente, Lacasa no llamó. En cambio, la comisaría recibió una denuncia muy extraña: alguien había robado a Duque, un perro de exposición que acababa de ganar el primer premio de un concurso canino.
La dueña lloraba. Decía que Duque valía más que su coche. Sospechaba de otro participante, un hombre que había quedado segundo y que la había insultado durante la entrega de premios.
Vidal y Castillo pasaron el día interrogando a dueños de perros. Fue una experiencia que Castillo no quería repetir.
—Prefiero un atraco —dijo—. Al menos los atracadores no te enseñan fotos de sus mascotas.
A las ocho de la tarde llamó la dueña, muy avergonzada. Duque estaba sentado en la puerta de su casa. Se había escapado del pabellón y había vuelto solo, cruzando media ciudad.
Nadie lo había robado. Simplemente, se había aburrido.