Ingrid iba al trabajo en autobús todos los días. Pagaba cada viaje y se gastaba mucho dinero. Un compañero le explicó que en muchas ciudades de España hay tarjetas de transporte con descuento. En Málaga se podía usar una tarjeta recargable.
Con ella, cada viaje era más barato y se podía cambiar de autobús sin pagar otra vez. Ingrid compró la tarjeta en un quiosco. La recargó con veinte euros. Al mes siguiente hizo cuentas.
Se ahorraba casi la mitad. Desde entonces, Ingrid recomendaba la tarjeta a todos los recién llegados con el entusiasmo de una conversa.