A Ezequiel le dieron una oportunidad que nadie había tenido nunca: volver una sola vez al pasado y cambiar una sola cosa. No lo dudó. Volvió a la noche de San Juan de 1999, en la playa, cuando no se atrevió a besar a Aitana. Esta vez lo hizo.
Cuando volvió al presente, todo había cambiado. Se había casado con Aitana. Tenían una casa en la costa y dos hijos rubios. Aitana era encantadora, divertida, guapa.
Pero por las noches, Ezequiel no podía dormir. Echaba de menos a alguien que ya no existía en su vida. Celia, su mujer anterior, que roncaba, que discutía con él por todo y que le hacía reír como nadie. Ezequiel descubrió que no se puede echar de menos una vida que no has vivido.
Pero él podía y no podía contárselo a nadie.